Medios de Comunicación: ¡A cambiar la historia!

14 Agosto, 2017 - 5 minutos de lectura

Carlos Fuentealba Varela. Periodista.
Ex presidente del sindicato de periodistas de Copesa.
miembro del frente trabajadores de RD. 

Beatriz Sánchez es periodista y este es el momento en que eso debe empezar a valer. Que nuestra candidata sea una digna exponente del que García Márquez llamó “el oficio más lindo del mundo” no sólo representa una fortaleza desde el punto de vista electoral- para el que la claridad, cercanía y empatía son activos ineludibles- sino también una oportunidad política que no debemos desaprovechar.

Porque en Chile los medios de comunicación no están en un “período” de decadencia. No. Difícilmente podríamos decir que episodios como el de Aquí está Chile con Pablo Oporto; Mucho Gusto con Nabila Riffo o Mentiras Verdaderas con Loreto Iturriaga, son excepcionales o ajenos a una forma de hacer. Por el contrario, la televisión nacional lleva décadas siendo controlada absolutamente por los grandes capitales y ya tiene una cultura consolidada de producción. Para trabajar en ella hay que naturalizar esa cultura y actuar en consecuencia, como si ella fuera la imagen y semejanza del resto del país.

El problema es grave y no debemos desestimar su urgencia, pero tampoco podemos marearnos: no cambiaremos las dinámicas de la televisión ni del resto de los medios desde una candidatura. Ni siquiera llegar al gobierno es garantía de algo en esta materia. La tarea es de largo plazo, está llena de obstáculos y no comienza con nosotros. El Colegio de Periodistas, por ejemplo, viene dando esta lucha desde lo gremial desde hace mucho y bajo la conducción de Javiera Olivares (PC) intentó ampliarla a nivel de movimiento social. Con este fin se creó, en 2014, la “Asamblea por la Democratización de las Comunicaciones”, que reunió a las principales federaciones de trabajadores del sector de la prensa, organizaciones comunitarias, de la sociedad civil, periodistas y académicos para diseñar una hoja de ruta.

Pese a la masividad y transversalidad de esta “asamblea”, la agenda de cada uno de los actores se desplazó en otro sentido y esta instancia se diluyó como la espuma. Faltó claridad y compromiso, pero sobre todo, faltó el impulso del ejecutivo. Se comprobó la tesis de Manuel Antonio Garretón respecto al entuerto mediático: es un nudo que sólo puede deshacer el Estado. Ninguno de los ministros secretarios de gobierno- Elizalde, Díaz ni Narváez- estuvo dispuesto a impulsar una agenda de modificaciones al sistema de medios de comunicación. Tras el caso Caval y la querella a Revista Qué Pasa, Bachelet firmó una tregua con los medios de comunicación, y el tema desapareció. Hasta ahora.

La descarada sobre-representación de Piñera en la agenda, de nuevo ha hecho evidente el secuestro mediático que sufre Chile. Frente a ello, nuestra candidata ha exigido una nueva ley de medios, sin especificar del todo a qué se refiere ¿Habría que empezar por desconcentrar los medios o por mejorar las condiciones laborales de los trabajadores de la comunicación? ¿Hasta qué punto esta agenda es negociable por espacios en los propios medios? ¿Qué rol debe cumplir TVN en esta transformación? ¿Hay lugar para el sector comunitario en este diseño?

La democratización de los medios de comunicación es una necesidad sentida por el pueblo chileno frente a la cual, hasta ahora, sólo hemos presentado la voluntad de crear una nueva ley de medios. No es mucho, pero es algo. Un significante vacío puede vehiculizar una multiplicidad de demandas, como en su momento lo fue el “No al lucro”, para luego jerarquizarlas, articularlas y darles viabilidad. Para ello, sin embargo, hace falta claridad, compromiso y, sobre todo, construcción política.

Más allá de la fiebre electoral, en la que necesariamente nos sumergimos (y nos sumergiremos más), es importante que empecemos con esa construcción. Porque llevamos 27 años sin alterar sustantivamente el diseño político-mediático de Eugenio Tironi- primer ministro Segegob de la democracia- y ya se nos empieza a volver evidente como partido político que si no cambiamos a los medios de comunicación, serán ellos los que nos cambien a nosotros.

 

 

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