Ni testimoniales, ni anecdóticos

24 Julio, 2017 - 9 minutos de lectura

Pablo Paredes / Consejero Político Nacional

 

No soy de quienes gusten de vivir en la sensación de derrota permanente o de quienes se tranquilicen con la inocua testimonialidad. No hemos levantado un partido simplemente para saludar. Lo hemos hecho para ofrecer una alternativa –con viabilidad electoral, incidencia y capacidad de gobierno- que permita que cientos de miles de chilenos y chilenas den el salto de la indignación, a la construcción. Por lo mismo, es que creo que hay razones para estar contentos: 1. Hemos ganado una primaria presidencial de manera contundente y lo hemos hecho de manera fraterna. 2. La votación de nuestros candidatos y candidatas de Revolución Democrática ha sido impresionante y, en muchos casos, fuera de lo que algunos han querido caricaturizar como la zona de confort de R.D. 3. Hemos logrado que el proceso de primarias reforzara la construcción del Frente Amplio.

Contentos, claro. Tranquilos, en ningún caso. Es evidente que queda mucho que avanzar, pero es evidente también que la apuesta de haber ido a primarias ha mejorado considerablemente nuestra posición como conglomerado, que se instala como factor gravitante en las distintas líneas de proyección. Ahora bien, la noticia no es simplemente que un conglomerado que no existía, hoy es una seria amenaza al statuo quo. También, y de manera más que preocupante, lo es la altísima votación de la Derecha, que mal haríamos en considerar que es sólo producto de un gasto de campaña brutal. El fenómeno al parecer se trata, por un lado, de un crecimiento electoral a la derecha de la Nueva Mayoría –mezcla de volumen histórico más una mordida más que importante a la N.M- y, por otro, de una irrupción a la izquierda de la N.M que si bien no es histórica en términos cuantitativos, pues aún no nos acercamos a porcentajes como los del meoismo, sí es posible hablar que hace historia en términos cualitativos, al representar la mayor articulación de partidos y movimientos de izquierda (más el Partido Liberal) desde el fin de la dictadura. Tal relevancia tiene este factor político-cualitativo que, de hacer las cosas bien, debiese asegurar un salto político-cuantitativo en las elecciones de noviembre.

Aquí es cuando es pertinente (re)hacerse las preguntas más elementales ¿Por qué R.D participa de estas elecciones? ¿Por qué para participar de ellas hemos empujado la construcción del F.A? R.D hace mucho tiempo que declaró su vocación de poder, por lo tanto, no hemos tenido pudor con buscar incidencia y proyectarnos con capacidad clara para un futuro gobierno, desde una perspectiva transformadora y en donde nuestro ingreso institucional va de la mano con un crecimiento en el mundo de las organizaciones sociales fundamentales para cualquier profundización democrática. Se trata entonces de construir esa capacidad transformadora y ahí la obtención de escaños con parlamentarios y parlamentarias R.D es clave.

En esta búsqueda por lograr parlamentarias y parlamentarios que legislen pro transformaciones reales, es donde más problemas hemos tenido y que urge corregir. Nos ha penado la ausencia de coordinaciones centrales eficientes capaz de terminar con la sensación de orfandad de los comandos, enfrentados a campañas titánicas con equipos heroicos aunque en avanzando en balsas amarradas sólo con convicción. Sumado a lo anterior es urgente la sincronización y calibración de la candidatura presidencial y las parlamentarias a modo de optimizar lo que, en mi opinión, debieran ser los grandes objetivos del 2017: Primero, lograr una bancada del F.A, con alta presencia de RD, paritaria y capacidad de romper la lógica binominal en el trámite legislativo. Segundo, intentar crecer y disputar, buscando pasar a segunda vuelta con nuestra candidata Beatriz Sánchez. Lo señalo en este orden no por casualidad, sino buscando instalar un primer piso que haga viable el segundo. Esto pues, efectivamente hay que pensar seriamente en la posibilidad de ser parte de la disputa por el próximo gobierno, pero también –y sobre todo- considerando que el trabajo de R.D y el F.A no se reduce a las próximas elecciones (aunque sí las necesita y mucho) sino que implica un proyecto país que requiere que seamos una alternativa seria y contundente, por lo menos, para esta y la próxima década.

Creo así que hay dos grandes riesgos en el horizonte. Uno, que una baja votación parlamentaria y presidencial nos reduzca a lo testimonial; o bien que una alta votación presidencial y baja votación parlamentaria nos transforme en un fenómeno anecdótico. Frente a ambos riesgos debemos prepararnos con ética, astucia y convicción. Es urgente entender -sin soberbia que ridiculice ni que rete- por qué millones de chilenos y chilenas estás dispuestos a votar por la derecha hoy. Entender por qué Ossandón obtiene tal volumen de votos en las comunas populares de la Región Metropolitana o por qué la N.M, muy probablemente e independiente de sus agudas y múltiples crisis internas, va a lograr un importante número de parlamentarios. Resuelto con claridad esto, me parece se debe avanzar en salir de la identidad como negación. Superar el no somos Chile Vamos y el no Somos la La Nueva Mayoría, para ofrecer el proyecto transformador, alternativo, concreto y capaz de interpelar a bastante más que a los convencidos.

No estamos inventando la rueda ni creemos que Chile empezó el 2011. Hemos optado por construir una camino con más organizaciones y, sin duda, en ese camino tendremos que equivocarnos y estar abiertos a dialogar así como a no tolerar lo intolerable. Hemos optado también que en ese camino no renunciaremos a nuestra identidad y que tenemos una mirada particular de lo que debe ser el F.A y que estamos a disponibles para debatir y construir con nuestros compañeros y compañeras de otras orgánicas, en torno a esto. Hemos estado mirando a Uruguay y a España desde hace varios años. Ellos nos han mirado a nosotros también. Hemos dialogado y construido porque en momentos feroces del neoliberalismo la construcción programática, democrática, generosa, amplia y decidida, parece ser la única posibilidad de dar un giro a nuestras sociedades, teniendo claro que no estamos para ser ni testimoniales ni anecdóticos, sino peligrosos para quienes quieren que nada cambie.

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