Palabras de inauguración foro "A 40 años del golpe ¿es posible un nuevo trato?"

“No mataré, no mataré,
ni por la vida, ni por la muerte, ni por la patria,
no, no mataré”
“Invocación”, Sol y Lluvia
Este foro comienza a pensarse cuestionando las maneras en que hemos abordado y debemos abordar, no sólo los hechos y consecuencias del golpe militar de 1973, sino también cómo entendemos los derechos humanos y cómo creemos que debemos relacionarnos con ese otro, que aunque piense distinto, es mi vecino, es un ciudadano, es un compatriota… y en ningún caso es mi enemigo.
Probablemente la sola exposición a las historias más crudas no sea la adecuada y nunca sea suficiente, creo que muchos de nosotros si bien hemos reflexionado estos días, ante la explosión mediática que ha tenido la conmemoración y el recuerdo del fatídico 11, muchos también olvidarán pronto y con facilidad.
Por ello sostengo con empeño, que tiene que haber una manera “distinta” de aceptar y confrontar nuestra propia historia, de abordarla y comprenderla sin que ello sea un ejercicio efímero, pasajero; ¡todavía hay quienes creen que hubo guerra civil en nuestro país y más!, ¡quienes creen que la tortura y la muerte eran preferibles para evitar un mal mayor!; o peor aún, ¡hay quienes atenúan estos hechos al contrastarlos con la recuperación económica que tuvo el país en la dictadura!.
Quizás sea esperanzador saber que en el transcurso de 10 años, ha aumentado significativamente la cantidad de personas que declara que “nunca hay razón para dar un golpe”, como revela la última encuesta CERC.
Y entonces uno puede preguntarse ¿Cómo es que aún se puede justificar la atrocidad?… Mi reflexión más sincera es que la razón para esa desidia es el DESCONOCIMIENTO, la ignorancia de no saber en qué país vivimos ni antes ni ahora y eso es mucho peor que la indolencia y la apatía por sí solas.
Sólo conociendo los hechos y la historia podremos reconocer qué no queremos ser, ni hacer. El carácter del torturador, del genocida, según Hannah Arendt, está marcado por no saber, por no ser consciente de lo que se está haciendo, lo que ella habría de llamar “la banalidad del mal”.
¿Por qué sigue habiendo calles y homenajes a personas que probadamente e indudablemente hicieron tanto daño a nuestro país? ¿Tendremos alguna vez un monumento destacado y céntrico a los que nunca aparecieron, a vista y paciencia de los transeúntes como el Monumento del Holocausto ubicado en el centro de Berlín?
Son pocos los lugares de memoria y más los de olvido… Aún tenemos una Plazoleta Augusto Pinochet en Linares, una Calle Augusto Pinochet en Cauquenes, y una Biblioteca General Augusto Pinochet en la Academia de Guerra del Ejército, en La Reina.
Seguramente en la actualidad está incluido en el curriculum escolar, pero existen varias generaciones de jóvenes que al igual que yo, no supieron del golpe, ni la dictadura, ni los derechos humanos por las asignaturas del colegio. Recuerdo, apenas una revisión escueta sólo en el preuniversitario, que se reducía al bombardeo a la Moneda. En realidad, el conocimiento que tengo sobre la Unidad popular, el golpe y la dictadura está alimentado por las historias en primera persona de mis padres, de mi abuela, los documentales que quise ver y los libros que quise leer.
Creo que mi primer recuerdo político es el día que le pregunté a mi madre por esa imagen de la gente tumbada en la Moneda el 11 de septiembre de 1973. Ella habría de contarme, muy pequeña, cómo terminaba esa imagen de quienes “pensaron distinto”.
Un nuevo trato implica sin duda cuestiones legales, morales, políticas, y pedagógicas; pero por sobre todo un consenso social para condenar los crímenes y vejaciones que subsisten hasta hoy, y responsabilizarse por ellos. Un nuevo trato implica sobre todo una historia oficial, contada en los colegios, en los memoriales, en los espacios públicos y culturales, una historia oficial genuina que sea conocida por niños, mujeres, jóvenes y adultos, una historia que nadie, nadie pueda desconocer y deslegitimar.
Como Revolución Democrática sabemos y hemos querido hacernos cargo de la historia que nos tocó. Muchas y muchos de nuestros miembros activos vivieron en carne propia el golpe y las funestas consecuencias que le siguieron. Recogemos esa historia y queremos dignificarla. Creemos que la historia es importante en sí misma, no sólo como moraleja. La memoria es futuro, y queremos ciudadanos pensantes y responsables, que se enteren de lo que pasa en su país, que se hagan cargo de lo bueno y de lo malo, y que pongan lo que hacen al servicio de un Chile mejor: diverso, pero igualitario y tolerante; libre, pero justo. Sabemos que es una inmensa tarea: para un nuevo trato, hay que educar y re-educar sobre la democracia.