Carta al Director, "Chile: país de desastres socionaturales"

Señor Director:
Durante este último tiempo hemos visto como nuestra institucionalidad y nuestra infraestructura nacional fracasa al dar respuesta a “riesgos naturales”, que producto de la acción humana, se convierten en “desastres Socio-Naturales”. No es de naturaleza impredecible, sino que una muestra de nuestro desempeño como país ante la evaluación del riesgo.
Incendios en la Araucanía, Biobio y Valparaíso; erupciones volcánicas en Pucón Villarrica; aluviones en el Norte, Antofagasta y Atacama, tienen en común la inadecuada planificación territorial, el bajo cuidado de nuestras quebradas y la falta de preparación de las localidades habitadas para responder ante una eventual amenaza.
En el caso de los incendios en Valparaíso, existe una falta grave en cuanto al manejo de quebradas y residuos inflamables cercanos al centro urbano y a una inexistente planificación de la ciudad, siendo tan confusa la responsabilidad al respecto, que algunas autoridades, como el Alcalde, se desentienden, derivando toda responsabilidad al Ministerio del Medio Ambiente.
La erupción del volcán Villarrica nos muestra la deficiencia que presentan nuestros planes reguladores para manejar el crecimiento urbano. Estos no vinculan efectivamente los riesgos detectados con la forma de urbanizar y de crecer, consolidándose en el tiempo poblados en alto riesgo frente a una erupción y los efectos colaterales como rebalses de río y cambios de cauces.
El incendio en la zona sur, que está afectando importantes regiones prístinas y de alta importancia ecosistémica del país, muestran las limitadas herramientas y capacidades humanas y técnicas para enfrentar eventos de esa envergadura. Las condiciones precarias en que voluntarios y funcionarios enfrentan el desastre, y cómo la desrregulación y el fomento de la actividad forestal de especies exóticas, como el pino y el eucaliptus, junto con variables climáticas, generan la rápida propagación hacia zonas protegidas.
Igualmente pasa con las intensas lluvias que afectaron la zona norte del país, y que también tuvieron efecto en una gran crecida de los ríos, que generalmente tienen un escaso o nulo caudal, que arrastraron todo el material acumulado, inundando ciudades enteras con su consecuente impacto en la infraestructura y las vidas humanas.
En consecuencia, estos casos muestran como común denominador una institucionalidad que no logra abarcar toda la emergencia, dado su envergadura, y comunidades con poca capacidad de respuesta. Igualmente los instrumentos utilizados para planificar nuestras ciudades son débiles ante la evaluación del riesgo natural. Sumado a lo anterior, los procedimientos para destinar recursos en apoyo a la emergencia dependen de la declaración de zona de emergencia para ser liberados. Al menos estos cuatro puntos resaltan claramente la necesidad de fortalecer y darle la real importancia al sistema de Gestión de Riesgo que tenemos en Chile y a la necesidad de generación de capacidades locales y esperamos que puedan ser perfeccionadas a la brevedad mediante la nueva Ley de Gestión de Riesgos en desarrollo.
Publicado en el diario electrónico El Mostrador
Carolina Carrasco y Roxana Bórquez
Comisión Ciudades y Territorio
Revolución Democrática