Ciudadanizar la política y politizar la ciudadanía

La política, tal como existe hoy, está al servicio de un modelo de sociedad que no requiere (ni quiere) espacios de deliberación, conversación, opinión, ni crítica.

Hace 4 meses iniciamos la construcción de una candidatura al parlamento por Talca, distrito 37. Un grupo de ONGs, organizaciones sociales y el naciente movimiento Revolución Democrática tuvimos una mirada común: la necesidad de inundar la política de nuevos sentidos, prácticas y desafíos. Dijimos que era importante re vincular lo social y lo político, dijimos que la política nos pertenecía a todos y todas y que como instrumento de transformación de la sociedad era importante recuperarla.
Tal como lo planteó Norbert Lechner, entendemos la política como el proceso siempre complejo de construcción del futuro que deseamos. Es un espacio de disputa, de acuerdo, de negociación, de conflicto y de diálogo, donde los sueños, las aspiraciones y las utopías deben tener cabida. Hoy, sin embargo, la política es básicamente la administración del poder en el marco de un espacio muy reducido de decisiones y opciones de futuro. El espacio no de lo deseable, sino de lo posible.
Para hacer una analogía, digamos que la política, como la entendemos, es una alameda: podemos utilizarla como un camino para ir de un lugar a otro, pero también podemos habitarla, sentarnos, conversar, jugar con nuestros niños y niñas. Podemos utilizarla como un espacio para soñar e imaginar y podemos caminarla en distintas direcciones. Una alameda es a la vez camino y lugar. La política tal como existe hoy, al contrario, se parece más a una carretera: todo rápido, no hay tiempo para nada más que para conducir en una sola dirección, sin importar a donde nos lleve la ruta. En una carretera solo se conduce, no se juega, no se dialoga, no se sueña.
La política, tal como existe hoy, está al servicio de un modelo de sociedad que no requiere (ni quiere) espacios de deliberación, conversación, opinión, ni crítica. Las definiciones de fondo ya están hechas, ya están tomadas. El margen de movimiento es pequeño, no es sustantivo. La mayoría de las respuestas están en el dogma neoliberal, otras, simplemente, en el dogma de los poderosos.
Es a “esta política neoliberal” a la que le hemos querido salir al paso desde una perspectiva ciudadana. Queremos detener o alterar el flujo inconsciente de esta carretera unidireccional. Queremos bajarnos del auto, salir al descampado y ver que hay otras opciones. Para ello estamos disponibles a compartir con otros, a debatir y por supuesto a equivocarnos. Respetamos la diversidad y también reconocemos los esfuerzos que se hace desde lugares distintos al nuestro. Somos, como ciudadanos y como Revolución Democrática, no más que otros viajeros a quienes la ruta tradicional nos tiene cansados.
Por lo anterior, nuestro alegato no pone el énfasis en criticar a los que hoy hacen la política o a sus partidos, sino en hacernos un llamado a nosotros mismos: ciudadanos y ciudadanas. Somos nosotros los que debemos detener nuestros autos y “retomar la caminata”. Nosotros tenemos la responsabilidad de decir: ¡basta! Nosotros debemos terminar con el perjuicio de que la política es mala o sucia. Nosotros ¡somos políticos! políticos y ciudadanos, ambas cosas a la vez. Cómo ciudadanos y ciudadanas tenemos el derecho demandar cambios, como políticos y políticas tenemos el deber de participar activamente en la búsqueda de caminos alternativos.
Apelaremos a todas aquellas personas, hombres y mujeres, que quieren pasar de la queja a la acción, que quieren salir de las cómodas carreteras para construir nuevas alamedas. El que quiera un cambio y no se levanta de su asiento para asumir un rol, por más grite y vocifere contra “los políticos” no está haciendo ningún aporte, su voz solo resonará por unos minutos y luego se perderá en medio del feroz ruido de la carretera neoliberal.
Francisco Letelier Troncoso,
Sociólogo ONG SURMAULE,

Precandidato a diputado por Talca – Revolución Democrática
Publicado en: www.observatoriogeneroyequidad.cl