Columna | Fiestas patrias, ¿la copia feliz del edén?

Por Pedro Glatz y Pablo Troncoso, coordinadores de Revolución Climática y del proyecto de crisis climática y COP25 de RD.

El 18 de septiembre, más que la celebración de la independencia de la patria de la corona española, es un feriado largo que nos permite descansar, compartir y celebrar por unos cuantos días para salir de la rutina. Hace años que el significado de las fiestas patrias está en constante contradicción: para algunos parte una nueva temporada de rodeos y abundantes asados, mientras que para otros es una tortura que amerita incendiar medialunas. La patria es para un grupo  un concepto que evoca el terrible recuerdo de la dictadura militar, mientras que para otros justifica sus ideas de discriminación y odio racial. Muchas personas buscan un momento de total desconexión de la vida cotidiana, mientras otras buscan generar conciencia sobre la crisis climática y convocarnos a la movilización mundial por el clima para los viernes 20 y 27 de septiembre. Hay quienes aprovechan de practicar nuestros bailes típicos como la cueca y quienes no; y para otros la guerra de la independencia aún no termina. Frente a tanta dispersión de emociones, ¿cuáles son los símbolos con los cuales nos identificamos entre nosotras o nosotros mismos? ¿Qué significa ser chilena o chileno? ¿Vale la pena siquiera disputar la importancia de una celebración por la patria? ¿Le seguiremos cediendo  su interpretación a la ultra derecha?

La patria la conformamos todas y todos quienes pertenecemos a este hogar común definido por el largo y diverso territorio nacional, junto a sus maravillas naturales; son todos aquellos rasgos comunes que vale la pena cuidar, querer y resaltar. A menudo cantamos o escuchamos indiferentemente que Chile es la copia feliz del edén, en la alabanza que Eusebio Lillo expresa hacia nuestro país en el himno nacional, mientras describe  -probablemente sin saber- todas sus fuentes de energía limpia. Desde el mar que tranquilo nos baña, al puro cielo azulado surcado por vientos y bañado por la luz del sol que nos podrían dar energía sin las externalidades negativas de nuestro actual sistema.

A pesar de estas bondades, Chile se está quemando hace ya bastante tiempo, a nuestro país lo están secando, sobreexplotando, contaminando e intoxicando a un nivel casi irreversible que hace muy difícil poder cumplir la promesa de un futuro esplendor a los compatriotas que vendrán. Sabemos quienes son responsables y que si no actuamos no podremos apagar este incendio antes de que sea demasiado tarde. Por eso, el llamado en estas fiestas patrias es a resignificar nuestros pensamientos y conceptos en torno a Chile, a tomar conciencia de que no existe patria sin territorio, sin bienes comunes, y que ellos están hoy en peligro. Cuidemos y protejamos en conjunto las maravillas de nuestro país para que en un futuro estas fechas sean también para celebrar el fin de las zonas de sacrificio, la recuperación del agua y los bosques, la soberanía de los pueblos originarios, o la diversidad cultural de la inmigración que nutre y fortalece nuestra patria. Esa es la patria que queremos celebrar este 18.