Columna | Primera revuelta homosexual chilena: mismos espíritus, distintas épocas

Por Sebastián Iturrieta, coordinador Frente de Diversidad Sexual RD.

Hace que uno quiera prenderle fuego”, dice una de las bajadas de las fotografías con que los medios de la época consignaban la indignación heterosexual por la primera manifestación de homosexuales en la Plaza de Armas de Santiago, un domingo 22 de abril de 1973.

En medio de la Unidad Popular y en un año álgido para la historia reciente de nuestro país,  maricas, trabajadores sexuales y travestis, dijeron basta a la persecución y al maltrato de parte de las policías y autoridades: “En esos años, si andabas en la calle y los pacos se daban cuenta que eras maricón, te llevaban preso, te pegaban y te cortaban el pelo por el solo hecho de ser maricón. Las cárceles y comisarías eran como hoteles para nosotras”, dice “la Raquel”, una de las manifestantes de ese día en el libro “Bandera Hueca. Historia del movimiento homosexual en Chile”, del periodista Víctor Hugo Robles. 

Ungidos por la valentía de la precariedad, una treintena de homosexuales “todos bastante cargados al rasquerío, y a la falta de jabón, se pasearon por la céntrica plaza ante las miradas de asombro y de sorpresa del público”, comentaba Revista VEA. El desdén con que la prensa miraba a los manifestantes no es al azar. Desafiar la heteronorma nos ha costado vidas desde siempre y ni hablar del clasismo, que tanto dentro y fuera de la comunidad LGBTIQ+ asfixia a nuestra sociedad. 

Pero las primeras no tuvieron miedo, se enfrentaron a la fuerza policial, a la prensa y a un país donde la revolución no incluía a maricas, trans y lesbianas. Ante los ojos del discurso oficial, solo podíamos ser perseguidos. 

La primera manifestación por los derechos de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales no se llevó a cabo desde un carro alegórico y no hubo ni un solo influencer que nos contara lo sexy que es ser homosexual, o los jugosos descuentos que podemos usar marcando “colita” desde nuestros celulares. No estuvo la revolucionaria de Stonewall Marsha P. Johnson, ni ninguno de los rostros de la series de netflix y películas de Hollywood contándonos la historia oficial del movimiento LGBTI gringo. Pero sí estuvo “la Raquel”, “la José Caballo”, “la Vanesa”, “la Fresia Soto”, “la Confort”, “la Natacha”, l”a Peggy Cordero” y “la Gitana”. Todas ellas olvidadas por el discurso homosexual oficial, nos llaman a recuperar el espíritu del 22 de abril de 1973, a reivindicar la memoria y la lucha por el derecho a ser quienes somos y a vivir una vida digna. 

Si la ciudadanía salió en masa a recuperar la dignidad desde el 18 de octubre del 2019, homosexuales, lesbianas y travestis debemos hacer lo propio. Cortar el secuestro neoliberal con que nos tienen acostumbrados y encender la mecha de la dignidad en la celebración de nuestro Orgullo.

Sigue a Sebastián Iturrieta en Twitter: @sebaiturr1eta