Columna |¿Retorno a clases? ¿Y si mejor hablamos de la salud mental de niños y niñas?

M. Catalina Rubio Salinas, concejala y Estudiante de Máster en Derechos y Cooperación al Desarrollo de la Infancia UAM.

“Los niños no corren mayor riesgo en términos vitales”, indicaba el ministro de Educación, Raúl Figueroa, el 23 de abril, ante la discusión respecto al retorno a clases presenciales de las y los estudiantes. Dura frase, que no sólo demuestra que las niñas y niños no están primeros en la fila, sino que además es reflejo de la nula preocupación de parte del Gobierno de la salud de niñas y niños, y del impacto emocional y psicológico que ha tenido sobre ellas y ellos la pandemia, la cuarentena, y la suspensión de clases.

Niñas y niños han debido enfrentar además, la angustia de estar encerrados en sus casas viendo a sus cuidadoras(es) preocupadas(os) por no saber si habrá para comer el día de mañana. Las(os) más pequeñas(as) han debido renunciar a ver a sus amigas(os), a sus abuelas(os), e incluso salir a la plaza de la esquina; y han resistido estoicamente, siendo muchas veces el motor por el cual adultas y adultos recuperan las fuerzas para enfrentar la crisis.

La urgencia por retomar las clases presenciales por parte del Gobierno no es más que el reflejo del paradigma de la educación de mercado, instalada desde la desmunicipalización. Un sistema educativo, donde lo más importante son los resultados en matemáticas, ciencias y lenguaje, medidos por pruebas estandarizadas. Un modelo en que la educación tiene como único formar seres productivos, educados sólo para el trabajo, poniendo gran énfasis en la competencia, entre niños y niñas, y entre escuelas.

En la educación de mercado, la cabeza, el Ministerio de Educación, no considera en lo absoluto, la formación de buenas personas, buenos ciudadanos, y no permite, favorecer el desarrollo de los talentos de cada niña o niño, y promover el desarrollo de la inteligencia emocional, la empatía y la colaboración.

Durante los últimos días el debate ha versado respecto a cómo el Mineduc priorizará contenidos, e incluso en paneles televisivos se ha hablado de “sacar las materias que no sirven”. Quién podría hablar de asignaturas que no sirven, sólo quien no conoce cómo se lleva a cabo el proceso enseñanza-aprendizaje, y que no sabe que cuando mejor aprendemos es cuando nos conectamos con nuestras emociones, y desarrollamos nuestra creatividad. 

Otros reportajes y notas en prensa, han hablado sobre la adecuación de salas de clases para el distanciamiento social, las clases por turnos, se ha dicho que niños y niñas deberán usar mascarillas. Muchas propuestas que evidentemente son planteadas por alguien que jamás ha trabajado en aula, menos un aula pública. Incluso el ministro de Salud ha querido justificar la urgencia por el retorno a clases con información falsa  respecto a que hay niños y niñas que no están recibiendo alimentación, cuando es de público conocimiento que la JUNAEB ha repartido cajas de alimentación a estudiantes prioritarios(as).

En ningún panel televisivo sobre el retorno a clases, se ha planteado el impacto sobre la salud mental de niñas y niños. Sólo hemos visto los grandes esfuerzos que han hecho profesionales del área de la salud mental, y del trabajo por los derechos de la niñez, por relevar el tema a través de redes sociales y conversatorios.

Y a nivel de Gobierno nadie ha considerado la necesidad de apoyo psicológico para que niños y niñas puedan retomar las clases, o para ayudarlos a enfrentar las preocupaciones que deben estar observando en sus casas, incluso para abordar aquellos casos en que producto del confinamiento hayan sido víctimas de violencia intrafamiliar. Y siendo testigos del accionar del Ministerio de Educación, lo más probable es que la exigencia a los y las docentes sea pasar los contenidos de todo un año en 5 meses, estresando aún más a quienes a niños y niñas. Nadie ha pensado en las cicatrices que esta experiencia tan traumática puede dejar en las niñas y los niños del país.

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