Columna|¿Cómo sería una recuperación verde? Latinoamericana y con justicia social

Por Mariana Belmont, de Red de Innovación Política de América Latina, dinamizadora de Nuestra América Verde en Brasil; y Rodrigo Echecopar, de la Red de Innovación Política de América Latina, coordinador general de Nuestra América Verde.

*Columna publicada en El País.

Hoy necesitamos que el Estado invierta en la recuperación económica mientras cumple su función frente a la pobreza en los territorios periféricos.

La covid-19 ha arrasado en América Latina. No solo hemos sido testigos del dolor de miles de muertes, sino también del desamparo de millones de trabajadores que han perdido sus empleos y familias que no tienen los recursos para enfrentar sus necesidades más básicas.

Lamentablemente la crisis sanitaria, social y económica generada por la covid-19 es solo un preludio de lo que podría enfrentar el planeta si no aborda la emergencia climática. Más de la mitad de los latinoamericanos vive en países denominados de alto riesgo, mirando a un futuro potencialmente dominado por migraciones masivas forzadas, escasez de agua y crisis de sectores económicos enteros. A pesar de las alarmantes advertencias de la comunidad científica, de jóvenes, de las comunidades quilombolas y pueblos originarios, los líderes del mundo no han estado a la altura. América Latina no puede seguir esperando.

Pero, ¿cómo enfrentar la emergencia climática cuando tenemos una crisis sanitaria y económica en pleno desarrollo? ¿Se puede pensar en el calentamiento global cuando tenemos tantas otras prioridades —un sistema de salud que no da el ancho, el racismo y la desigualdad social, la pobreza que crece, la falta de planificación urbana en los territorios más vulnerables y los empleos perdidos—? Sí, se puede.

La experiencia nos ha enseñado que las llamadas “políticas de austeridad” agravan el sufrimiento y alargan las recesiones. Hoy necesitamos que el Estado invierta en la recuperación económica mientras cumple su función frente a la pobreza y las emergencias en los territorios periféricos, sean estos rurales o urbanos.

La pregunta sobre la mesa es si el paquete de inversión pública más grande de nuestra historia será usado para intentar volver al pasado o, en cambio, para pavimentar el camino hacia un futuro más humano y sustentable. Tal como lo han planteado innumerables voces en América Latina y el mundo, ya no hay dudas, necesitamos de manera urgente una recuperación verde.

Pero una recuperación verde no puede levantarse sobre el paradigma de la desigualdad social y la depredación de recursos naturales que arrastramos desde el pasado. No basta simplemente un programa de inversión en energías limpias que deje intacta las lógicas de individualismo extremo y extractivismo desenfrenado. Por el contrario, es necesario un plan de transformación socio-ecológica que aborde las diversas dimensiones de la crisis. ¿Cómo sería?

En primer lugar, proponemos una recuperación verde que se debe erguir sobre la fortaleza de la cooperación latinoamericana y no sobre la fragilidad de la competencia entre nuestros países. En un mundo globalizado la unidad de los países de nuestra región es clave para dialogar con el norte global y defender el futuro de América Latina. Además, es imprescindible impulsar estrategias de desarrollo regional que permitan aprovechar economías de escala y coordinación de políticas públicas. Un futuro justo y sustentable requiere que nuestros liderazgos dejen de lado sus diferencias políticas y rencillas personales, porque nuestros países deben avanzar unidos.

En segundo lugar, una recuperación verde debe defender prioritariamente a las familias, trabajadores, territorios periféricos, agricultores familiares, comunidades quilombolas y pueblos originarios, que son los sectores más afectados por la actual crisis y una emergencia climática. Justicia ambiental requiere justicia social y luchar contra el racismo ambiental. Por eso, una recuperación verde debe proteger a familias y trabajadores durante la crisis e invertir en mejores condiciones de salud, vivienda y transporte para todas y todos. Ese costo no lo pueden pagan los trabajadores, sino que debe financiarse con el apoyo de los sectores más acomodados.

Por último, una recuperación verde debe sostenerse sobre el realismo científico. No podemos cometer el error de simplemente agregarle el apellido “verde” a cualquier medida de recuperación que tenga que ver con sustentabilidad, sino que debemos implementar un abanico de cambios que llegue al fondo del problema y transforme nuestro modelo de desarrollo para evitar una catástrofe climática. Por eso debemos escuchar a la ciencia para no fallarle a las futuras generaciones.

La pandemia ha cobrado vidas y destapado la precariedad a lo largo y ancho de América Latina. ¿La pregunta es si saldremos de esta crisis sanitaria, social, económica y climática con una respuesta más humana, solidaria y sustentable o si seguiremos por la senda de la desigualdad y la depredación? Nuestra América Verde es un llamado a la ciudadanía, y a liderazgos políticos y sociales a que hagamos de nuestra diversidad una sola mano que impulse una recuperación verde, basada en la ciencia, la cooperación y el bienestar común.