Columna|#CuidaAQuienTeCuida y la valorización del cuidado en Chile

Consuelo Antonia Guirriman Delgado, Frente Feminista RD Biobío.

La actual crisis sanitaria, económica y de cuidados ha expuesto la fragilidad de un modelo neoliberal que se cae a pedazos. En este contexto, la pandemia de la enfermedad por coronavirus ha puesto en discusión la importancia de los cuidados para la sostenibilidad de la vida y la nula visibilidad que tiene esta actividad en la economía, pues se sigue considerando una externalidad y no un componente fundamental para el desarrollo, evidenciando la injusta organización social de los cuidados en Chile y la necesidad de avanzar hacia una sociedad que no se enfoque
sólo en los mercados, sino en los procesos que sostienen la vida. Entender la importancia de la reorganización del cuidado es esencial cuando se aspira a sociedades más igualitarias y sustentables.

Durante estos últimos meses, todos y todas nos tuvimos que adecuar a las nuevas modalidades de trabajo y estudio, a convivir y a compartir 24/7 con nuestras familias, si vivimos con ellas. No ha sido fácil, y ha sido particularmente difícil para las mujeres, ya que aparte de trabajar, en muchos hogares son las únicas responsables de realizar el trabajo doméstico y de cuidados. En este sentido, es preciso cambiar el paradigma respecto a esta labor, pues no basta con reconocerla: necesitamos políticas públicas dirigidas a fomentar la corresponsabilidad, la creación de redes de cuidados y la participación activa de varones en el ámbito tradicionalmente “privado”, poniendo especial énfasis en la educación de las nuevas generaciones y la importancia de que las niñas y niños crezcan sin ser encasillados en roles estereotipados que fomenten la división sexual del trabajo.

Desde mucho antes de la pandemia, familias con los medios económicos suficientes para hacerlo, han delegado este trabajo en las trabajadoras de casa particular, que están lejos de percibir un salario justo por sus labores, precisamente porque no se valora el rol fundamental que juegan en el funcionamiento del país. En Chile, 1 de cada 10 mujeres es trabajadora de casa particular (CASEN 2017), y su situación es altamente precarizada: el 54% trabaja sin contrato y percibe menos del salario mínimo, el 15% de ellas se encuentra en situación de pobreza y 1 de cada 3 es migrante, cargando con las violencias específicas que trae el serlo en Chile.

Durante este confinamiento la desprotección laboral de las trabajadoras de casa particular se ha agudizado, muchas han sido obligadas a cambiar su modalidad de trabajo a puertas adentro y amenazadas con el despido en caso de no aceptar esta condición, 12.000 trabajadoras han sido enviadas a sus casas sin goce de sueldo y más de 100.000 trabajadoras han perdido sus trabajos. Las trabajadoras de casa particular nunca han sido incluidas en el sistema laboral y de seguridad social de manera adecuada, y bajo este contexto, es necesario resguardar la integridad, salud y condiciones laborales de quienes están expuestas al contagio del virus por causa de su trabajo.

El proyecto “Cuida a quien te cuida”, impulsado por SINTRACAP (Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular), en conjunto con diputadas -entre ellas Maite Orsini-, organizaciones políticas y sociales, busca, en líneas generales, la incorporación inmediata de las trabajadoras al Fondo Solidario de Cesantía, el acceso garantizado al Ingreso Familiar de Emergencia, políticas reales de salud laboral y el cumplimiento del convenio 189 de la OIT (ofrece protección específica a los trabajadores y trabajadoras de casa particular). Este proyecto está siendo discutido en la Comisión de Trabajo de la Cámara, y es urgente que sea aprobado, tenga una tramitación rápida y que sea patrocinado por el Gobierno, ya que las trabajadoras de casa particular están viviendo una situación de abandono que no puede seguir esperando.

Hoy presenciamos el desmoronamiento de un sistema político, económico y social que no da para más, acompañado de la tozudez de un Gobierno mezquino e irresponsable que ha desconocido una y otra vez el sentir y las necesidades de un pueblo cansado de injusticias. El estallido social de Octubre de 2019 y esta pandemia nos interpelan: debemos asumir la responsabilidad de cuestionar, pensar y construir los cambios que queremos materializar en el nuevo Chile, de cara a una Nueva Constitución, donde comprendamos la democracia inexcusablemente unida a la socialización del cuidado, busquemos las formas y generemos los lazos para gestar y parir una sociedad nueva.

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