Columna|El amor también es político

Por Séverine Cazaux, coordinadora del Territorio Extranjero

A pocos días del Día de los Enamorados y a 3 semanas del próximo 8 de marzo, vale la pena detenerse más sobre la polémica generada a raíz de una campaña sobre los mitos del amor romántico realizada por Revolución Democrática. Dicha campaña abrió al menos algunas de las siguientes interrogantes: ¿Qué tiene que ver el amor romántico con la violencia y con el feminismo?; ¿Por qué un partido político opina sobre las formas de amarse de las personas?

A fines del 2018, las Naciones Unidas advertían que el lugar más peligroso para las mujeres del mundo era su propio hogar, a través de un informe que destacaba que el 58% de los femicidios del año anterior habían sido a manos de parejas o familiares. Según datos de la Red Chilena contra la Violencia, cerca de 600 femicidios han ocurrido en el país desde el 2009 hasta el primer semestre del año pasado (cerca de 450 según el SERNAM, pues la legislación aún no contempla los casos de femicidios durante pololeo). Además, sólo en el primer semestre del 2019, 382 menores de 19 años se presentaron en centros de salud para denunciar violencia en el pololeo, según cifras del Ministerio de Salud. Estas cifras son demasiado altas para tratarse de casos aislados y develan que existen elementos culturales que propician estas violencias. Entre esas, no se puede obviar el impacto del paradigma del amor romántico, en cuanto permite, por medio de los estereotipos de género y las expectativas sociales, normalizar situaciones de violencia dentro de una pareja, sobre todo cuando éstas se dan en la juventud.

Cuando hablamos de amor romántico, lo cierto es que no nos referimos a las decisiones de regalarse flores o ver películas juntos y juntas un día 14 de febrero. Se trata de la forma en cómo construimos relaciones amorosas a partir de normas sociales y culturales impuestas desde que nacimos. Una forma hegemónica y a la vez específica de considerar lo que es una relación de pareja y que puede propiciar la formación de relaciones tóxicas y violentas.

“Si te cela es porque te ama”,“El que te quiere te aporrea”, “El amor lo puede todo, lo soporta todo y es más fuerte que todo”, “El amor es para toda la vida”, “Si te trata mal es porque te ama y te quiere proteger”, “Todo el mundo necesita encontrar su media naranja para ser completo/a en la vida”. La mayoría de las personas hemos escuchado estas frases al menos una vez en nuestra vida. El amor romántico se entiende entonces como el conjunto de todas estas creencias que terminan condicionando la construcción de una relación de pareja en torno a un paradigma basado en una visión propietaria del amor y que además trae consigo estereotipos de género que asocian a los hombres a personas más duras, firmes, violentas y poco sensibles, y a las mujeres como personas más frágiles, sumisas y emocionales.

Realizar una crítica a los mitos del amor romántico se convierte entonces en un acto político fundamental para cualquier sociedad que se piensa desde el feminismo. Efectivamente, las feministas de los años sesenta nos enseñaron que “lo personal es político”, poniendo en el debate público asuntos que hasta entonces se consideraban como privados, en particular la violencia sexual dentro de las parejas. A quienes les pareció un sermón de iglesia la campaña de Revolución Democrática, hay que recordarles que es precisamente la iglesia católica que perpetuaba el silencio sobre las situaciones de violencia en la intimidad de un hogar y que fue el feminismo el que permitió visibilizarlas. Esta campaña es por lo tanto un acto feminista que busca problematizar y politizar la concepción que hoy día tenemos del amor romántico.

Ad portas de que Chile escriba una nueva página de su historia y decida un nuevo pacto social, tenemos la oportunidad de re-pensar y reflexionar sobre las ideas preconcebidas que tenemos de las relaciones interpersonales, y en particular del amor. ¿Por qué no re-inventar también el concepto de amor, donde les enseñemos por igual a nuestros hijos e hijas que lo más importante es el cuidado mutuo, la afectividad, la responsabilidad emocional y el respeto de la autonomía de la otra persona? Perdamos el miedo a hablar públicamente estos asuntos y construyamos relaciones más sanas y libres donde amar no sea un sacrificio sino un acto emancipador. ¡Por un Chile nuevo y feminista!