Columna|La Derecha nunca pierde

Por Iván Ávila Pérez. Periodista, escritor y guionista. Encargado de Comunicaciones RD Región de Antofagasta.

Sólo había que esperar unos días para que algunos militantes y cercanos a la Derecha derrotada ampliamente en la más reciente votación que permitió la reforma constitucional para que los/as trabajadores/as pudieran retirar el 10% de su dinero del empobrecedor sistema privado de pensiones de nuestro país, para que salieran algunos comentarios que lindan con los absurdo. El que más me ha llamado la atención es uno de que dice: “¿Cómo era eso que para tocar las AFP había que hacer una Constitución nueva? ¿Ve que le volvieron a mentir?”.

La Derecha nunca pierde. Desde el tristemente célebre análisis de Hermógenes Pérez de Arce sentenciando que había ganado el Sí en 1988 (porque al No había que dividirlo en 17 partidos políticos y los votos del Sí eran todos para Pinochet), hasta el texto de esta gráfica, de autor anónimo por supuesto, los adherentes conservadores, tanto los confesos como aquellos que buscan disfrazarse de progresistas, buscan la forma de tergiversar los hechos y ponerlos a su favor, en una campaña de constante desinformación que, lamentablemente, tiene los efectos esperados en parte de la población.

En este caso específico, la frase no puede estar más lejos de la realidad y manifiesta nuevamente, la preocupación profunda por el inminente fin de la Constitución del 80. Esto, porque la reforma que permite el retiro del 10% de estos fondos es transitoria, tiene tiempo de caducidad y está hecha sólo para superar en el lapso de un año, la crisis económica que afecta a miles de familias producto de la epidemia de Covid-19. No es en ningún caso, un cambio en el sistema y modelos de pensiones creado en dictadura, que ha sumido en la miseria a miles de pensionados/as y que lo seguirá haciendo hasta que no exista un cambio radical en la forma y el fondo en el cual se administra no sólo la capitalización individual sino que también, las distintas alternativas solidarias para aumentar las pensiones de quienes durante su vida laboral, no han conseguido ahorros suficientes para sostener una jubilación digna.

La reforma, en ningún caso, es un hito tangible del cambio profundo que el sistema necesita con la urgencia que reflejan cuarenta años de precariedad sistemática representada por miles de pensionados/as que sobreviven bajo la línea de la pobreza después de pasar más de la mitad de sus vidas trabajando.

Si en el futuro sólo tendremos un único sistema estatal de seguridad, uno mixto o algún híbrido jamás experimentado en el mundo, es algo que se debe discutir justamente en el plano que abrirá la posible redacción de una nueva carta magna. Lo demás, son pequeños, valorables y justos logros que por supuesto, apuntan a mejorar las condiciones actuales dentro del mismo sistema, pero que no cambian sus brutales contradicciones de fondo ni tampoco impedirán que unos pocos, sigan usufrutuando del trabajo de millones.

Quizás lo que hemos vivido estas últimas semanas no sea más que una grieta, la primera tangible y visible en un largo proceso de derrotas y fracasos. Una que se une a las exitosas acciones judiciales de algunos usuarios del sistema que han logrado torcerle el brazo al oscuro poder económico que se esconde detrás del negociado multimillonario de los fondos de pensiones. Pero no será más que una batalla ganada de una guerra todavía en curso, que debemos ganar primero en las urnas en octubre, luego en la Convención Constitucional, ojalá con el 100% de asambleístas elegidos democráticamente, que redacten esta nueva carta magna por y para la gente, terminando de una vez por todas con el lucro indecente de las AFP que nos legó José Piñera. Esa es la única forma de asegurar un futuro de bienestar, digno y justo, no sólo para los actuales pensionados que sufren las desgracias del sistema, sino que la de la presente y futuras generaciones de trabajadores cuyo esfuerzo sostiene la economía de Chile.

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