Columna|Por un nuevo Chile

Camila Romero, Consejera Política Nacional RD.

A poco más de 30 años del NO, de la alegría que llegaría pero nunca llegó, de la política de los consensos, de en la medida de lo posible; un 18 de octubre del 2019 Chile dijo no más. La ciudadanía en su conjunto expresó la rabia, la pena, la falta de esperanzas luego de una vuelta a la democracia que mantuvo los abusos, la miseria, la exclusión, la desigualdad, la violencia, bajo promesas de riqueza y bienestar para un Chile moderno. Promesas, bajo la falsa premisa de que el neoliberalismo es el camino, promesas que no eran para todos y todas, sino que para las élites de este país. Élites que poco a poco fueron adueñándose de Chile.

En este camino la ex-Concertación logró avanzar en ciertos derechos para ciudadanos y ciudadanas; aumento de la cobertura en educación, protección social, se intentó visibilizar un poco a las mujeres en política. Sin embargo, no fue suficiente. En la medida que avanzamos en democracia, la política y las instituciones se alejaron cada vez más de las personas, de los movimientos sociales, y, sobre todo, del dolor profundo que causa la desigualdad. Las señales estuvieron; la “Revolución Pingüina” del año 2006, las 10.000 personas que se movilizaron el 2008 por la entrega de la píldora del día después, el 2011 en Magallanes con la “No al alza del gas”,  y los, las y les 30.000 ciudadanes que llenaron las calles diciendo ¡NO A HIDROAYSÉN!, antesala del Movimiento Estudiantil, donde exigimos una educación “Pública, Gratuita y de Calidad”. En todo esto fracasamos. Las encuestas primaron, las reformas solo avanzaron en la medida de lo posible, amarradas a la Constitución de Jaime Guzmán.

El 18 de octubre Chile cambió. La ciudadanía se alzó, el escenario político se volcó radicalmente; todo el país cuestionó directamente el modelo económico-social neoliberal que hace insostenible la vida. La precariedad y la pobreza en un Estado violento normalizado por los acuerdos de las amplias mayorías.

El COVID-19 vino a instalarse en el mundo para profundizar las falencias del sistema. Y en Chile, la no existencia de una real protección social está haciendo pagar los costos a todos, todas y todes quienes existen más allá de la línea donde llega el Estado; en las clases medias que viven del endeudamiento, en mujeres que mueren en manos de abusadores y que el sistema no protege, en el re-nacimiento de las ollas comunes, y el aumento brutal de campamentos están revelando la cara más cruda de la miseria. 

Sin embargo, hoy hay una luz que nos puede guiar a otro camino liderado por “El Estallido”. El “Acuerdo por la Paz Social y nueva Constitución” celebrado por parte de la oposición y el oficialismo luego de las movilizaciones, abre una puerta a “quitar de tajo” la Constitución de 1980, que amarra todos los dolores de esta sociedad, y construir a una totalmente democrática. Que represente a todas, todos, todes. Que sea feminista, plurinacional, diversa. Una Constitución que nos dé la base para construir un Chile moderno, que respete los derechos de cada una, uno y une de las personas. El “Plebiscito” es el paso uno para reconstruirnos como comunidad, para que la política vuelva al pueblo, para que las decisiones soberanas desplacen a la tecnocracia. 

Hoy el pueblo tiene la oportunidad de acabar con una institucionalidad política que ha sido útil a la protección de los intereses privados. Es hoy cuando nos estamos jugando el futuro de un país que pensamos sólo podría ocurrir en 10 años más. Es hoy cuando debemos llamar a cada persona, a cada comunidad, a cada organización a moverse por el “Apruebo” y una “Convención Constitucional” para hacer que #ChileDecida.

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