Columna|Reconocer debilidades sin perder de vista al adversario

Por Gloria Maira.

Chile se acerca a una encrucijada decisiva. Por primera vez podría desarrollarse un proceso para la elaboración de una nueva carta magna con amplia participación popular, con representantes elect⭑s directamente por la ciudadanía, con paridad de género, representación de pueblos y participación de independientes. Esta oportunidad inédita en nuestra historia pone al conjunto de las fuerzas democráticas progresistas y de izquierda frente a un desafío enorme, en lo político, en lo orgánico y en lo ideológico.

Para un partido como Revolución Democrática, el espacio de debate colectivo que se inicia a propósito del congreso ideológico resulta de vital importancia en este contexto. Principalmente, porque al ser una organización joven con presencia significativa en el país y la opinión pública, con liderazgos de carácter nacional y participación en el plano institucional, poder disponer de una visión político-ideológica consistente y actualizada al presente constituye una herramienta imprescindible para las batallas que se avecinan. Por este motivo, debe ser asumida como una tarea de primera prioridad por toda la militancia.

Con el fin de encarar de la mejor manera posible el proceso constituyente, se hace necesario reconocer nuestras propias debilidades e intentar corregirlas. Una de ellas es la escasa claridad en el campo de las ideas, situación que ha mantenido en la marginalidad política a la izquierda por más de 30 años luego del derrumbe de los socialismos reales. En la reacción más que en la proposición de la visión de lo que se quiere. Esto se expresa nítidamente en las dificultades que el sector presenta a la hora de intervenir en la lucha ideológica con el adversario, y que representa un enorme riesgo dada la magnitud de las tareas que se avecinan, esto es, sentar las bases para transformaciones estructurales y duraderas que den a luz un nuevo modelo de convivencia y desarrollo del país.

La derecha, por su lado, representada por el conjunto de fuerzas políticas que componen la alianza de gobierno y por los poderosos gremios empresariales, enfrenta dividida el plebiscito de Octubre, entre la opción de apoyar o rechazar. Esto no significa que estén divididos frente a la necesidad de una nueva constitución: los defensores del régimen actual no quieren una nueva constitución, bajo ninguna circunstancia. Su problema versa sobre un asunto de táctica política, intentando encontrar la mejor jugada que les permita enfrentar lo que viene desde una posición de fuerza, y evitando ser arrastrados a una derrota catastrófica que los debilite hasta tal punto que sean incapaces de defender adecuadamente el sistema que por tantos años los ha privilegiado.

Si el gobierno, en su actual estado de extrema debilidad, no consigue su propósito de derribar o entorpecer el plebiscito de Octubre, y se cumplen los pronósticos de las encuestas de opinión, nos estaríamos acercando entonces a una gran victoria política y electoral para el movimiento popular, la cual habilitaría formalmente el proceso constituyente (porque de facto este ya se ha iniciado en las calles y territorios del país). Con esto se abre un nuevo escenario de cara a la elección de asambleístas y la instalación del órgano encargado de la redacción de la nueva carta fundamental.

La derecha como sector dispone a su haber de una gran unidad ideológica, trabajada minuciosamente desde los tiempos de “El Ladrillo” hasta nuestros días, manteniendo un firme apego a las doctrinas de Milton Friedman y los dogmas del catolicismo más rancio. Con este capital acumulado defenderán cada aspecto del modelo en la discusión constitucional.  

No perdamos de vista que el adversario cuenta con una visión de mundo integral, coherente, la cual se ha enraizado en la sociedad chilena a través de múltiples dispositivos que operan en el plano económico, político, cultural y simbólico. No perdamos de vista esto.

A nuestro haber tenemos el tremendo acumulado que se expresan en los movimientos y actuancias sociales y en la movilización popular desde el 18 de Octubre en adelante. Ese enraizamiento del modelo se ha cuestionado de manera fundamental con nuevas visiones, entre estas las que aporta el feminismo, que debieran nutrir los principios rectores de igualdad, justicia social, libertad y democracia para llegar a un cuerpo articulado y coherente de ideas y proposiciones comunes que nos permitan estar a la altura de la transformación que el pueblo ha manifestado.

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