Columna|Sobre las primarias y el retorno de la Concertación

Juan Pablo Guajardo. Licenciado en Sociología en la Universidad de Chile y miembro de la Directiva de RD U. de la misma casa de estudios.

La semana pasada fracasaron los intentos de la oposición de participar en conjunto en las primarias para elegir alcaldes y gobernadores, a realizarse en abril del próximo año. No tardaron en aparecer figuras, varias de ellas involucradas en casos de financiamiento irregular de la política y que habían brillado por su ausencia desde octubre del año pasado, para responsabilizar al Frente Amplio por inscribir primarias mientras seguía la mesa de negociaciones e impedir un acuerdo que uniese a toda la oposición. Con la misma rapidez con que Convergencia Progresista (PPD, PR y PS) y la DC apuntaron con el dedo al Frente Amplio y al Partido Comunista, Carmen Hertz salió a desmentir las acusaciones. La diputada por el Distrito 8 señaló que el acuerdo no se cayó por una presunta inscripción de las candidaturas del Frente Amplio paralelamente se discutía en torno a las primarias. Por el contrario, las candidaturas fueron inscritas luego de que el PPD, PR, PS y la DC desconocieran los acuerdos de la noche anterior.

Frente al eslogan vacío de “todos contra la derecha”, quizás es buen momento para recordar que “no son 30 pesos, son 30 años” y que la crisis de legitimidad que hoy padece nuestra democracia es mucho más aguda. En el fondo, no se trata sólo de ganarle a la derecha sino también de erradicar prácticas que terminaron por expulsar a la ciudadanía de la política y consolidar el neoliberalismo en nuestro país. Al parecer, entre varios de los sectores de la ex – Concertación (o Concertación + Pro y Ciudadanos) prima el ímpetu electoralista por sobre cualquier voluntad de construir un proyecto común en torno a ejes programáticos y mínimos de probidad y transparencia, cuyo objetivo sea, en último término, reestablecer el vínculo entre la política y la sociedad. En este sentido, no fueron ni el Frente Amplio ni el Partido Comunista quienes quebraron a la oposición de cara a las primarias para elegir alcaldes y gobernadores. Más bien, ciertos sectores basaron la unidad de la oposición únicamente en la contraposición al gobierno de Piñera y, naturalmente, esta frágil correspondencia no fue capaz de resistir una discusión programática y ética.

En fin, luego del desorden que primó en dicho sector desde la derrota en la segunda vuelta de las presidenciales del 2017, la mayoría de ellos hoy vuelven a encontrarse en el mismo lugar para tomarse de las manos y hacer como si nada hubiera pasado. No obstante, los hechos ocurridos el miércoles sientan un precedente para que en un futuro las discusiones en torno a la posibilidad de establecer alianzas adquieran mayores niveles de profundidad y excedan el terreno de lo puramente electoral. En la medida en que la unidad de la oposición implique sacrificar los principios y proyectos políticos, está condenada a perder su horizonte: la democratización política y social y la creación de un nuevo modelo de desarrollo.

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