Cuando nos transformamos en un actor político relevante

2 febrero, 2018 - 4 minutos de lectura

María Paz Undurraga, Consejera Política de Comisiones de Revolución Democrática.

El 7 de enero de 2018 se cumplieron 6 años de que la revolución democrática empezó y podemos decir que hemos logrado mucho. “¡Gracias por tanto!” dice la portada de nuestro sitio web. ¿Qué sucedió en este tiempo? ¿Cómo fue que nos convertimos en un actor político relevante? Más allá de los hitos que marcaron este trayecto, me atrevo a mencionar algunas apuestas que han sido esenciales en este proceso de convertirnos en un actor político, porque han definido nuestra postura ante el acontecer nacional, porque han dibujado nuestro carácter. Por lo fundamentales que son estas posturas, es importante que construyamos el periodo que viene sobre ellas.

La primera gran apuesta fue arriesgarnos por las transformaciones profundas, por revolucionar las estructuras que han marcado la desigualdad e injusticias de nuestro país. Apostar por transformar las bases del sistema educacional tocó uno de los pilares de nuestro modelo de desarrollo y el corazón de los chilenos y chilenas. Otras consignas en este sentido han sido las reformas al sistema de salud y la demanda por No + AFPs. Queda trecho que recorrer en la demanda por un país con derechos sociales, pero como partido hoy representamos la visión, gallardía y tozudez que esta disputa significa.

Una segunda postura esencial ha sido la apuesta por la institucionalidad. Desde la concepción inicial de un movimiento político con vocación de poder, RD apostó por involucrarse en los espacios de decisión y constituirse en un actor político formal. Nos involucramos en el gobierno local de una de las municipalidades más poderosas del país, disputamos el poder en el Congreso, nos transformamos en partido político, representamos nuestro proyecto con una candidata a la Presidencia, y conformamos una alianza electoral que hoy queremos transformar en coalición política. Esta apuesta nos ha costado álgidas discusiones y divisiones internas, pero nos ha permitido darle forma y sustento al empoderamiento de la ciudadanía, entregándonos una fortaleza que es reconocida por el sistema político chileno.

Una tercera apuesta relevante ha sido desafiar a la cultura política de nuestro país, haciendo primarias ciudadanas y legales, municipales, parlamentarias y presidenciales; implementando votaciones electrónicas; instalando la asamblea constituyente en el centro de nuestras aspiraciones; negándonos al aporte de empresas en las campañas políticas y generando un programa de gobierno con la ciudadanía, entre otras acciones. Sin duda este ha sido un logro de muchos: de nuestros dirigentes que han conducido este proceso así como de héroes más anónimos que han convocado a este proceso desde su protagonismo. La defensa de la participación y la mejor política han involucrado a los chilenos en nuestro proyecto, dando un pasito en el camino de la democracia, haciéndonos todos testigos y cómplices de este proceso.

Hoy podemos decir que en estos seis años hemos puesto en marcha un proceso que está cambiando la historia. Hemos construido horizontes y luchado por ellos. ¿Cómo debiéramos marcar el rumbo hacia adelante? Centrando los esfuerzos en hacer crecer la confianza de la sociedad y en generar una agenda progresista de verdad, que devele a la derecha conservadora, coludida y neoliberal. Para esto necesitaremos con fuerza la visión, gallardía y tozudez de la apuesta por las transformaciones profundas; la fortaleza de la apuesta institucional y la credibilidad que entrega la consecuencia en el actuar público.