Elecciones: Después del 17 de noviembre, ¿qué?…

La victoria en las elecciones de nuestro compañero Giorgio Jackson es lo que particularmente nos convoca y nos llama a seguir trabajando por un proyecto que hemos cimentado juntos, desde distintas instancias, esfuerzos personales y convicciones colectivas; y en el cual nadie ha quedado fuera.
Por Andrés Dibán Dinamarca, Coordinador Territorial San Miguel-PAC-Lo Espejo
El clima electoral aún está presente, se viene una definición presidencial que configura en gran medida las intenciones de construir un país que avance a la justicia social y la equidad en los derechos de sus ciudadanos, sin embargo, la plataforma legislativa y la composición de un parlamento –diputados y senadores- que nos entregó como resultado la victoria electoral de nuestro compañero Giorgio Jackson, es lo que particularmente nos convoca y nos llama a seguir trabajando por un proyecto que hemos cimentado juntos (desde distintas instancias, esfuerzos personales y convicciones colectivas) y en el cual nadie ha quedado fuera. La sociedad civil se ha manifestado con creces, y estamos felices; estamos contentos y jubilosos, porque desde la calle, desde las masas, desde el movimiento ciudadano, hemos enarbolado un discurso y una plataforma consistente y de recambio que hoy está sentada en el parlamento. Los Camila Vallejo, Karol Cariola, Iván Fuentes, Gabriel Boric y otros, plasman y son botón de muestra de este pequeño avance. Y así es, ya que no es solo nuestro diputado el que está ahí por convicciones y anhelos propios, sino todo un colectivo en el que estamos poniendo nuestra confianza y trabajo para seguir ganando luchas como las que nos hemos fijado en esta pasada.
Hay que seguir adelante compañeros, no olvidando varios elementos que están dentro del análisis de este fenómeno electoral y coyuntura país que abordamos y en el cual, por ejemplo, solo votó la mitad del padrón electoral a nivel nacional. Esto último es un dato no menor, sabiendo que los habilitados para sufragar en esta ocasión eran 13.388.643 y a las urnas asistieron 6.691.840. De ese 50% y fracción que esgrimió su preferencia, un 23% votó por Michelle Bachelet y apenas un 12% se manifestó a favor de Evelyn Matthei; entonces, tenemos un 15% “flotante” que se inclinó por los restantes siete candidatos que entraron en esta carrera presidencial, desafiando a las grandes coaliciones y el conservadurismo que encarnan, en mayor o menor medida, las dos alternativas más votadas por los electores y que protagonizarán la segunda vuelta el próximo 15 de diciembre. ¿Qué pasó con el restante 50 % que no se levantó o animó a votar por alguna alternativa?
Resulta muy preocupante que a pesar de que el diagnóstico de la crisis de representatividad, sea tan aprehendido y hecho carne por cientos y miles de chilenos, no sea posible –por lo menos en esta pasada- levantar un liderazgo unitario que sea capaz de luchar de igual a igual frente a las dos grandes coaliciones; esto en términos concretos porque el 15% restante de personas que no votaron Nueva Mayoría ni Alianza, repartieron sus votos en siete candidatos sumando en lo global 2.008.297 electores, que no alcanzan siquiera hacerle el peso a Bachelet y apenas están por encima de lo que encarna Matthei. Entonces mi pregunta es ¿qué ocurre que no se logra convocar con mayor fuerza a la ciudadanía? ¿Estamos construyendo un camino concreto para abordar las próximas batallas electorales? ¿Nos encontramos en buen pie para desarrollar un trabajo que trascienda el personalismo y apueste por opciones colectivas? ¿Hay disposición, por parte de la gran masa poblacional de Chile, para avanzar en limar las desconfianzas que nos dividen y unificar criterios ciudadanos que representen nuestros anhelos de desarrollo y cambio social?… Quiero creer que sí. Estoy en Revolución Democrática, un movimiento político que llama a crear para creer; en consecuencia, mientras estemos movilizándonos, creando, construyendo y cimentando, podremos creer, confiar, conocer realidades que trasciendan lo individual y con ello fortalecer algo que paulatinamente perdimos desde el fatídico 11 de septiembre de 1973: la capacidad de la lucha social articulada, coherente, con un correlato en lo colectivo y en el sentir público. Es tarea de las nuevas generaciones (esa de los viejos jóvenes y de la savia nueva) encarnar este proceso de reconstrucción de confianzas, de mirar más allá de nuestras narices, saber que la lucha revolucionaria la hacemos desde distintos frentes y que dentro del amplio espectro de la izquierda y el progresismo mayoritario de Chile, no existe solo una alternativa para generar esa construcción, sin embargo en el momento de los “quiubos”, tenemos que dejar las individualidades, purismos ideológicos, rencillas personales y abrazar opciones que efectivamente logren golpear este alicaído sistema político que tanto criticamos.
Hoy por hoy no solo urge presionar, tensionar y centrarse en los cambios que se podrían configurar dentro de la institucionalidad. Como ejemplo de ello la correlación de fuerzas dentro de la cámara baja, donde 68 diputados de la Nueva Mayoría, más Gabriel Boric (Izquierda Autónoma), Giorgio Jackson (Revolución Democrática) y Vlado Mirosevic (Partido Liberal), pueden impulsar con mucha más facilidad que antaño un 4/7 o un 3/5 que permita cambiar el sistema binominal o desarrollar una robusta reforma tributaria que encarne las demandas sociales centrales que hemos levantado con más fuerza los últimos años. También resulta pertinente y necesario, trabajar en el correlato que tendrán las demandas provenientes de la calle, con el accionar de las instituciones formales de la República; en esa línea mi llamado es a no restarse de ningún espacio en el que podamos construir convergencias que nos ayuden a impulsar y acelerar los cambios que pretendemos ocurran a nivel local, regional y nacional. Es urgente construir patria y para ello debemos ser responsables con lo que exigimos y lo que hacemos para cimentar proceso revolucionario.
Es momento de entender dónde están los enemigos reales y que conservan el poder en sus manos; debemos apuntar con certeza a esos blancos y aprovechar de filtrar nuestras fuerzas en coyunturas como las elecciones (mediante un voto masivo y con ello representativo) y en los procesos de formación de masa crítica y educación popular a nivel de base, con el objeto concreto de aglutinar un poder ciudadano que conduzca los nuevos bríos de una patria que debe avanzar al desarrollo de su sociedad, desde distintos frentes, sin exclusiones, participando de las causas políticas, de los movimientos sociales, del debate con los vecinos, con los compañeros y con ello tener la tranquilidad de que estamos instalando propuestas, pasos firmes y tránsitos que nos están llevando –sin mayores preámbulos o especulaciones ficticias- hacia la sociedad de derechos que anhelamos.
Cada hombre y mujertiene un rol y un desempeño particular en el cual (si habla de crisis sistémica, del modelo de desarrollo y la democracia poco representativa) tiene que colaborar para la construcción revolucionaria del país que sueña. Por ahí dicen que “nuestros sueños no caben en sus urnas” ¡y por supuesto que no caben!, si lo que cabe en ese minúsculo espacio es una preferencia con la cual se apuesta a que ese sueño se alcance o se avance en ello, con el fin de no morir en el eterno diagnóstico y el fracaso personal y colectivo de no haber ocupado todas las instancias de participación y manifestación política.
En esa línea tenemos que dejar a los Gabriel Boric, Karol Cariola, Giorgio Jackson, Camila Vallejo, Iván Fuentes, Vlado Mirosevic y otros, renovar espacios viciados dentro de la política institucional y con ello oxigenar la actividad parlamentaria y de representatividad de la ciudadanía, mientras los de “a pie” construimos un anclaje que sea soporte de nuestras demandas, ocupando todos los espacios posibles y ampliando –estratégica e inteligentemente- nuestras alianzas con movimientos, juventudes, gremios, asociaciones, partidos y organizaciones, que nos permitan ganar el gallito al conservadurismo histórico heredado de la dictadura cívico-militar. La articulación entre la institucionalidad y el movimiento social no son excluyentes, ambas (necesarias para que no sigamos cojos en el desarrollo y las aspiraciones que levantamos) son construídas por personas como tú o como yo, pero –idealmente- desde distintas veredas consensuadas bajo un proyecto común que pretendemos alcanzar todos. Breguemos por una educación popular y una formación de masa crítica que manifieste con más fuerza que ayer y que hoy, el llamado a una Asamblea Constituyente para Chile. No nos perdamos en las formas y materialicemos fondo; un fondo que nos lleve a la victoria no de un partido, ni de una coalición, ni de una persona, sino de una sociedad que trascendió la apatía, el egoísmo, el individualismo, la desconfianza, el miedo, la comodidad y el desinterés por el otro y que hoy transita por la senda de la solidaridad, la colaboración, el compañerismo y la construcción de ciudadanía, esa que extraviamos hace más de cuarenta años y que es justo, necesario y pertinente recuperar para hacer más grande a Chile y como dijo un personaje de nuestra historia reciente “más justa la vida en nuestra Patria”.