Después del portazo

Obviamente que nos entusiasmamos cuando escuchamos decir “haremos primarias a lo largo de todo Chile”. Es que parecía abrirse una puerta para profundizar la democracia, pero al final lo que vino fue el portazo. Todo terminó súbitamente en el momento en que los dirigentes de los partidos de la Concertación y la Alianza decidieron no hacer primarias parlamentarias para definir las duplas en sus respectivos pactos. No sé si el panorama daba más pena o indignación, pero el hecho era que sólo RN se comprometía a realizar unas pocas primarias y todo el entusiasmo se transformaba en decepción frente a lo que no había llegado a ser más que una frase de campaña.
En la Oposición los dirigentes rasgaron vestiduras diciendo que hicieron todo lo posible para construir un acuerdo pero que el tiempo no había alcanzado. Que impresentable. Hoy, abundan –y abundarán- las conferencias de prensa en que se plantea que esta decisión constituyó un tremendo error y que se está intentando buscar mecanismos para resolver el problema, pero el daño ya está hecho y algo es claro: nuevamente se faltó a la palabra empeñada, dañando una vez más la legitimidad de la política. El fracaso tiene como principal responsable a la falta de voluntad. Dicho de otra forma: el discurso de la nueva mayoría, a la cúpula concertacionista, le quedó como poncho.
Las mismas prácticas que llevaron a los dirigentes de la Concertación a decidir en un momento dado que no era tan grave no hacer primarias, son aquellas que hoy nos deben empujar a involucrarnos para desplazarlos de sus espacios de poder. En buena ley, sin descalificaciones, no podríamos sino hacernos el juicio de que aquellos dirigentes que fueron exitosos en dirigir la transición hacia y en democracia, hoy no tienen la convicción suficiente para abrir la democracia.
¿Por qué no hubo primarias? A mi juicio, fundamentalmente porque primó el mismo principio que desde siempre guía las grandes decisiones que la Concertación ha tomado. Una de las características más básicas del ADN concertacionista: el principio de la estabilidad y el orden. Las primarias no eran más que desorden, debieron haber pensado; no soportaron la incertidumbre generada por nuevos actores, incluso algunos de ellos militantes de sus mismos partidos, que representan las nuevas demandas de la ciudadanía.
Este imperativo del orden es el que le impide al Senador Escalona en público, y a muchos otros dirigentes políticos en privado, volver a poner las utopías en el centro de la construcción política. Sin embargo se equivocan. Para construir un futuro distinto primero hay que imaginarlo, lo que no puede suponer poner las barreras de factibilidad. No puede ser que para construir Chile se ocupen más tijeras que lápices. Tampoco puede ser que ese orden también signifique declararle la guerra o eliminar a lo diferente. Quien es distinto tiene dos opciones, o saltar fuera de borda y comenzar una caminata por el desierto, o asimilarse a las fuerzas e intereses de las fuerzas hegemónicas conservadoras que interpretan este mismo orden como la clave para progresar. Esta ha sido la historia de los llamados díscolos, rebeldes, y rupturistas, los que perdieron en su época.
¿Pero por qué esta fórmula ordenadora fue tan exitosa en su momento y hoy fracasa? Porque Chile cambió, porque Chile se movilizó y hoy valora la diferencia y porque la mayoría democrática de centro e izquierda ya no está siendo interpretada por los partidos políticos tradicionales.
Insisto, el país movilizado ya no acepta que lo traten como antes. El pueblo movilizado demanda que se le escuche, que se le respete y los partidos políticos no hacen más que remar pal otro lado. Deciden no hacer primarias y con eso dicen “esto de hacer primarias es complejo e innecesario. Arreglemos la plantilla como lo hacemos siempre”. Dejan la sensación de que quienes estuvieron en la negociación no lograron medir el impacto de la decisión que tomaban. Bueno, se equivocaron y se equivocaron feo. Ya no se aguantan jugaditas de este tipo. Ya no basta con un mea culpa después de haber manoseado las expectativas de la gente. La ciudadanía quería primarias y recibió un montón de excusas y una que otra propuesta que no deja de chocarse contra una pregunta muy sensata ¿Si hicieron una ley de primarias, por qué ahora proponen primarias fuera de la ley?
En fin, la pega que se viene por delante para actores políticos como Revolución Democrática es tremendamente desafiante y no es poca. Es necesaria una nueva mayoría, no cabe duda, pero no una que marche como desfile de infantería. Lo que urge es que se marche hacia un mismo horizonte, pero con baile y pancartas multicolores. Si no es así, no vale la pena. Se debe hacer el intento de ofrecer un nuevo ideario político para Chile. Un proyecto transformador y un camino viable para conseguirlo en un plazo conocido. Además ese proyecto debe ser construido por muchas y muchos, sin darle un centímetro al padregatiquismo. Por eso es una buena noticia que después de estos días RD haya crecido tanto y que en sus espacios de construcción continúen primando convicciones y sueños por sobre la lógica del cálculo.
Este Movimiento no es sólo una suma del listado de reformas y revoluciones que queremos para Chile, sino que se la juega por la restitución de la ética en la forma de hacer política. Como afirmábamos hace más de un año, cuando RD recién daba sus primeros pasos en la escena pública, la práctica es el contenido. Así como el imperativo del orden terminó por quitarle a la política su capacidad soñadora y creativa, hoy queremos que ese sea nuestro principio rector. No pensar desde la factibilidad, no soñar en la medida de lo posible, sino en la medida de la capacidad creativa de todos quienes hoy buscan una oportunidad desde donde crear una nueva alternativa para hacer política en Chile. Un largo camino comienza para quienes soñamos un Chile distinto.
Fuente:  The clinic