Día Mundial Sin Auto en Chile

El domingo recién pasado se celebró nuevamente el día mundial sin auto, un día que busca crear conciencia acerca de lo nocivo que es,  para nuestras sociedades, basar las soluciones de movilidad dentro y entre ciudades a través de la provisión y generación de facilidades para el automóvil. Pero mientras esto sucede alrededor del mundo, en Chile fue muy difícil celebrarlo. Más bien asistimos, querámoslo o no, a una verdadera oda al automóvil, que se preparó durante meses y que concentró toda la atención política y mediática: la vuelta a Santiago después del fin de semana del 18 de septiembre.
¿Por qué se hace necesario crear el día sin automóvil?, porque lentamente hemos llegado a la conclusión de que el auto es ineficiente en el uso del espacio y de la energía para transportar personas, transformándolo en un modo de transporte no sustentable en el tiempo. Esto, sin mencionar los efectos sicológicos en los conductores y otras consecuencias secundarias de las políticas pro-auto, como es la temida segregación urbana. Cada fin de semana largo nuestras carreteras colapsan y expertos del área nos explican que no se pueden construir carreteras en función de algunos fines de semana al año. Sin embargo, ese enfoque sólo se sustenta pensando en que existe un único modo de transporte para movilizarse, omitiendo la existencia de otros tipos de transporte más eficientes que necesitan menos espacio.
En general, la concepción de infraestructura de transporte interregional o interurbano se refiere básicamente al concepto de capacidad en pistas vehiculares. Esto significa que se definen los diseños de los trazados en base al número de pistas, que cuando se saturan, incentivan la construcción de nuevas pistas. Bajo esta lógica, si en el 2030 tuviéramos 4 veces más autos que hoy en Santiago, por dar un ejemplo, necesitaríamos del orden de 4 veces el número de pistas existentes al día de hoy, algo así como ocho por sentido.  Ciertamente, esto es impracticable porque no existiría espacio disponible para instalar esta nueva infraestructura, donde por definición el suelo es un bien escaso. Esto quiere decir que la planificación de transporte en esta materia, además de ser lenta en su materialización -ya que depende de cuántos vehículos circulen para tomar medidas- es absolutamente reactiva y no trata de incidir en el comportamiento de las personas ni tampoco de generar incentivos para soluciones que intente ser sostenibles en el tiempo.
Al analizar más en detalle el modelo de funcionamiento del transporte interurbano, vemos que existen algunos elementos bastante coherentes, por desgracia, con el modelo de país que tenemos. Una industria ferroviaria deteriorada, debilitada durante los últimos 40 años, que recién en el último lustro presenta algunas pequeñas mejorías, que siendo más eficiente en el uso del espacio, se ve relegada, por su alto costo y por la  falta de voluntades políticas que contradigan el modelo de país en el que vivimos. Este Chile en el que el auge de venta de automóviles nuevos estimula la actividad económica, que a su vez impulsa la construcción de autopistas que fortalecen la filosofía de expansión de la ciudad, y con ello la construcción de más viviendas, lo que finalmente se impone por el desarrollo país. Todo esto, solamente bajo el prisma de indicadores macroeconómicos, sin percatarse de todo el polvo que se esconde bajo la alfombra, en términos de exclusión y segregación socio-espacial. A su vez, esta política de transporte permite que las empresas de buses, amparadas en el manoseado concepto de la libertad económica, presenten una altísima concentración, cercana al monopolio, que ejerzan sin ninguna vergüenza prácticas y cobros abusivos, avalados por el Estado. A pesar de que el bus es, sin duda, más eficiente en el uso del espacio que el automóvil, el Estado ha insistido en la promoción del uso del automóvil, sin regular un mercado que hace años requiere una intervención profunda.
Lamentablemente el escenario futuro es muy poco alentador. Además de los problemas urbanos en conectividad y accesibilidad, en el tema interurbano no se avizoran soluciones en el corto plazo. Se espera que el parque automotriz en Chile se duplique de aquí a 2025 con soluciones de transporte que respondan de manera reactiva y sólo se refieran, en general, al automóvil. Probablemente de aquí a ese año existirán tres pistas por sentido en las salidas de Santiago, de cualquier modo insuficientes para el tipo de transporte priorizado, y entonces estaremos hablando de una cuarta. Esperamos que el ímpetu de cambios que se ha adueñado de buena parte de nuestra sociedad nos alcance para repensar la forma en que nos movemos. Y nos demos un sistema más sustentable que el automóvil particular. En ese futuro no necesitaremos un día especial para dejar el auto en casa.
Comisión de Territorios y Ciudades Democráticas