Discurso inaugural del Festival A Toda Marcha RD

Buenas noches compañeras y compañeros. Les quiero dar una calurosa bienvenida al Primer Festival A Toda Marcha. Es un honor para Revolución Democrática contar con su presencia en este espacio que esperamos sea provechoso para fortalecer el proyecto político de las izquierdas en el siglo XXI.

Quiero partir agradeciendo a todas quienes han hecho que este festival sea posible. Esta idea empezó a germinar hace 10 meses cuando nos encontramos en Belo Horizonte, Brasil, en el evento Ocupa Política, donde dialogamos entre organizaciones sociales, agrupaciones políticas de distintos países y ciudadanía activista para conversar sobre los desafíos de la política transformadora en nuestros tiempos. Fue un reconocimiento de que esos espacios no sobran, sino muy por el contrario, hacen falta. Ahí conocí a Aurea Carolina, quien nos acompaña hoy, y que además de haber salido electa diputada federal hace dos semanas, fue parte de las candidaturas que surgieron de Ocupa Política, que contaron con el respaldo de más de 2,2 millones de votos a lo largo de Brasil y que lograron ganar 13 diputaciones, 12 de ellas por mujeres.

Desde ese momento, ha habido una larga lista de personas que le han dedicado su tiempo y energía a hacer que este espacio sea posible. Quiero agradecer a los invitados e invitadas que han hecho el esfuerzo de viajar y a la militancia, que es de donde vendrán los voluntarios y voluntarias que harán que estos días resulten impecables. También resaltar el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert, de The Clinic, de CLIP, de la Red de Innovación Política y de la Fundación Heinrich Boll. Quiero, además, hacer una mención especial a Daniela Sepúlveda y Mario Pino, coordinadores del Equipo de Relaciones Internacionales de RD. A Tania Cadima, que lidera el equipo ejecutivo de A Toda Marcha, y al equipo de comunicaciones de RD que ha estado poniendo el hombro en todas las necesidades que han ido apareciendo. Y, por último, quiero agradecer a la mejor directora ejecutiva que podríamos haber tenido: Javiera Parada.

Pero la alegría de contar con un espacio como este se ve eclipsado por la urgencia de transformarlo en una instancia capaz de reconocer y reaccionar ante la ola nacionalista, discriminatoria y autoritaria que recorre el mundo.

En estos últimos tres años hemos visto el triunfo del Brexit en el Reino Unido, de Trump en EEUU, de Duda en Polonia y la llegada de este fenómeno a Latinoamérica con el  resultado de Bolsonaro en Brasil. Hemos sido testigos del crecimiento de movimientos neofascistas a lo largo del planeta, y también de la reivindicación de la dictadura y la opresión aquí mismo en Chile. Hay un malestar social que está encontrando su representación en proyectos que prometen un cambio que se sostiene sobre el odio, la segregación, el aislamiento y el negacionismo.

Mientras tanto, la política tradicional vive un descrédito histórico. ¿Son solo los casos de corrupción y los privilegios ejercidos los que explican el distanciamiento? ¿o hay también un alejamiento de los intereses sociales que se encuentran presentes en nuestra sociedad? La derecha propone un proyecto conservador renovado y los proyectos socialdemócratas se aferran a conquistas que fueron muy importantes, pero que se materializaron durante el siglo pasado. El malestar de hoy cala más profundo y esas respuestas no son suficiente.

Hace unas semanas nuestro compañero Pablo Torche escribía que, “el neoliberalismo ha desvirtuado por completo el concepto de libertad, lo ha transformado en una mera función cuantitativa, asociada simplemente a una ampliación de las opciones de consumo disponibles”. Hoy vemos sociedades segregadas, donde los beneficios de la expansión de la globalización y el crecimiento capitalista se concentran un pocos, mientras los muchos siguen expuestos a la precariedad laboral, el endeudamiento, la discriminación estructural o a los efectos de la contaminación. Vivimos en democracias incompletas con sociedades menos soberanas y menos libres, incapaces de enfrentar los intereses de minorías privilegiadas.

En este escenario nos parece que es imprescindible mirar el bosque y no solo el árbol y reflexionar sobre el futuro y el camino que nos toca recorrer. Debemos ser capaces de repensar elementos del proyecto político de la izquierda, más allá de las consignas de unidad o la coyuntura electoral; un proyecto que también tenga una lectura concreta sobre cómo enfrentar el modelo económico, que ha sido piedra angular del proyecto neoliberal. En ese proceso nadie tiene la verdad absoluta ni podrá impulsar un camino exitoso por sí mismo. Por eso quiero agradecer la presencia de las direcciones de nuestros aliados del Frente Amplio y también del Partido Socialista y el Partido Comunista, porque hemos querido convocar a las izquierdas, sin vetos ni exclusiones, a pensar en conjunto.

Quiero iniciar esta reflexión recordando a un referente que ha inspirado el surgimiento de Revolución Democrática. Se trata de una persona que ganó el espacio de dirigencia estudiantil más emblemático de Chile, la Presidencia de la FECH, en 1969, en la lista de “Unidad Izquierdista”, después de 14 años de hegemonía demócrata cristiana. Volvió a ganar las siguientes 3 elecciones estudiantiles y, en 1973, fue electo Diputado por Santiago por el Partido Comunista de Chile. Alejandro Rojas Wainer murió este año, después de un invaluable aporte político y académico a la izquierda chilena. En 1982 le escribió las siguientes líneas al Secretario General del Partido Comunista, que a mi parecer, siguen profundamente vigentes:

El marxismo-leninismo en el poder ha modificado las relaciones de propiedad en un marco de régimen político autoritario. El resultado es un socialismo incompleto y distorsionado. La socialdemocracia por su parte, ha garantizado escenarios democráticos, pero lo ha hecho preservando un marco de relaciones capitalistas. El resultado ha sido una democracia distorsionada e incompleta. Otro tanto ha ocurrido con las experiencias protagonizadas por la democracia cristiana. Me sitúo pues, en el ancho cauce de chilenos de izquierda que trabajan hoy en el país y fuera de él, por la construcción de una alternativa política nueva y que de alguna manera estuviera presente en la intuición solitaria del Presidente Salvador Allende, cuando sostenía que la vía chilena al socialismo no pasaba por la “dictadura del proletariado” y que conduciría a un nuevo tipo de socialismo.“

Las palabras de Rojas nos interpelan hoy y nos invitan a seguir pensando en cómo construir ese socialismo democrático en el contexto del siglo XXI. Estamos en la era con menos guerras de la historia de la humanidad, hay avances tecnológicos en los ámbitos de la salud y automatización del trabajo impensados hace solo unas décadas. Además vivimos en una globalización que ha profundizado el diálogo entre nuestros pueblos y que permite que espacios como este sean posibles, sin embargo, en vez de estar conduciendo un proceso igualitarista y emancipador, estamos resistiendo y tratando de defender las conquistas sociales de las últimas décadas.

Es por eso que nuestro proyecto político debe abordar los desafíos de nuestros tiempos. ¿Cómo será el proyecto de socialismo democrático incorporando el feminismo como eje central? ¿seremos capaces de proponer un nuevo modelo de desarrollo que entregue trabajo y crecimiento inclusivo junto con garantizar la sostenibilidad de nuestro planeta? ¿Cómo haremos frente a la globalización capitalista sin caer en el aislacionismo? ¿Podemos imaginar una democracia globalizada que sea capaz de fortalecer nuestra soberanía a través de nuevos tipos de lazos entre nuestras naciones? ¿nos atreveremos a condenar sin miedos ni pudores los proyectos que se autodenominan emancipadores, pero que coartan la democracia y nos retrotraen a autoritarismos del pasado?

El desafío es grande, los adversarios son fuertes y a veces pareciera que tienen más herramientas que nosotros. En otras ocasiones, somos nosotros mismos los que nos hacemos zancadillas con tal de conseguir un rédito menor en desmedro del gran proyecto que es el Frente Amplio. Pero hay luces de esperanza que nos empujan a trabajar por el futuro. Esa esperanza se encuentra en lo que hemos visto estas semanas en Quintero y Puchuncaví, dos comunas costeras, donde la movilización social ha salido a rechazar que empresas privadas y del Estado hayan convertido sus ciudades en zonas de sacrificio medioambiental; la encontramos en los paros y tomas feministas que a lo largo de Chile abrieron la puerta a discutir sobre relaciones de género de una manera estructural; la vivimos semana a semana en los cabildos de la Coordinadora No Más AFP que invita a sindicatos y organizaciones sociales a unirse para transformar nuestro sistema de pensiones.

Esa esperanza está en el 20% que logró la candidatura de Beatriz Sánchez aquí en Chile, en las 20 diputaciones que ganó el Frente Amplio liderado por Veronika Mendoza en Perú, en la victoria de López-Obrador en México, en las millones de mujeres que salieron a decir #EleNao en todo Brasil, en la lucha de los indignados en España y en las manifestaciones estudiantiles que ayer colmaban las calles de Colombia. Es el malestar social que hay en nuestras sociedades que sigue respirando un anhelo de justicia y cambio, el que grita a los cuatros vientos que urge hacerse cargo de construir alternativas en serio, pues de lo contrario será el proyecto de la intolerancia, la exclusión y discriminación el que venza.

Durante el año pasado nos convencimos de algo: La esperanza es nuestra. Y en ese marco los quiero invitar a todos y todas a compartir este fin de semana. Debatamos sin prejuicios, sin vetos, y con el corazón y la mente abierta. Los invito a soñar con un camino realista hacia la unidad política y social de nuestros pueblos, por una alternativa que construya un horizonte de igualdad, solidaridad, justicia y felicidad para todos y todas.

Muchas gracias.

Rodrigo Echecopar Kisic

18/10/2018