Discurso de Rodrigo Echecopar – Cuenta Pública RD

Santiago, 10 de marzo 2018

Compañeras y compañeros de Revolución Democrática:
Nos encontramos aquí, a poco más de un año desde que se dio inicio a la aventura llamada Frente Amplio, a celebrar el 6 aniversario de nuestro partido. Y aunque han sido seis años intensos, de crecimiento, aprendizajes y de ganarnos el derecho a incidir en la política nacional, es importante reconocer que hoy es un momento complejo para el horizonte que imaginamos en Chile y en Latinoamérica.
Mañana vuelve a La Moneda la complacencia con el autoritarismo, el individualismo como política social y la defensa de los grandes intereses económicos como política de Estado. Vuelven a la Moneda sobre el carro del nacionalismo y la xenofobia, vuelven con la retórica del miedo y la división, vuelven con la intención de consolidar el “ráscate con tus propias uñas” en nuestras pensiones, con el mantra de debilitar y dividir para vencer a la organización sindical y buscando restaurar la lógica del chorreo como máxima económica. Vuelven con casi 3,8 millones de votos y con el objetivo de proyectar su victoria política hacia el futuro.
Al mismo tiempo, estamos atentos a ver si esta autodenominada nueva derecha, igual de neoliberal que la anterior, pero que articula un discurso más moderado y menos autoritario, con un énfasis social y menos empresarial, logra doblegar a la derecha tradicional y abiertamente golpista. Esperamos a ver si logran concretar sus puentes con sectores que se autodenominan de centro o socialcristianos y que le facilitan la construcción de una identidad que, aunque políticamente igual de conservadora que la anterior, sea capaz de consolidar su proyección y garantizar que vuelvan a ganar en el futuro.
Mañana comienza un período donde la posibilidad de cambio dormirá esperando que todos quienes compartimos la convicción de un futuro igualitario y radicalmente democrático seamos capaces, junto a muchos y muchas que hoy no están acá, de reavivar esa esperanza. Pero mientras la posibilidad de cambio duerme, nuestro país espera atravesado de norte a sur por las dolorosas injusticias y profundas desigualdades de un neoliberalismo que le ha entregado al dinero el derecho a dirimir sobre nuestra dignidad y desarrollo. Seguirán esperando los casi medio millón de jubilados que reciben menos de $150.000 de pensión, seguirán esperando familias que siguen apostando todos sus recursos por una educación que muchas veces sigue entregando lucro y falsas promesas, seguirán esperando los miles de dueños de negocios y pequeños empresarios que viven bajo un mercado diseñado a las anchas de los grandes intereses económicos del país, seguirán esperando las más de 1 millón de personas que hoy se encuentran en listas de espera porque la disponibilidad de especialistas médicos está sujeto al vaivén del mercado.
En suma, seguirán esperando las enormes mayorías de nuestro país que aspiran al derecho a una vida digna, al acceso al desarrollo y prosperidad y a la posibilidad de imaginar un mundo más igualitario. Por eso, hoy tenemos no solo la obligación de impulsar el mandato político del FA, sino que cargamos también con la responsabilidad de responder a los desafíos de nuestros tiempos. En estos años que vienen tenemos la responsabilidad de contribuir a en la construcción de  una mayoría política y social con un horizonte de transformaciones nítido, que se convierta en la alternativa política para que el fin del gobierno de Sebastián Piñera sea también el comienzo de un gobierno de cambio que deje atrás el neoliberalismo y camine hacia un país con más derechos sociales, una democracia más profunda y un desarrollo sostenible e inclusivo para todos y todas y que sea respetuoso con el medioambiente.
Y en la vorágine que viene tenemos la obligación de caminar y mascar chicle al mismo tiempo. Debemos seguir pensando lo que significa ser un partido de izquierda en el siglo XXI, aprendiendo de las experiencias que nos anteceden, pero sin miedo a explorar caminos nuevos. Hay que preguntarse qué significa un horizonte socialista en nuestros tiempos, sabiendo dejar atrás algunos dogmas para poder abrir una discusión sincera. Tenemos que reflexionar sobre la democracia, para que el camino que recorramos sea uno que la profundice y no que la restrinja. Debemos construir una organización política pensando en cómo nos organizamos socialmente hoy, que reconozca el valor de la diversidad y descentralización cuando no se mira el ombligo, sino que cuando se ponen al servicio de una política que la habla a Chile. Y mientras seguimos pensando y fortaleciendo el instrumento de cambio que queremos que sea Revolución Democrática, tenemos la responsabilidad de hacer uso de ese instrumento para construir una mayoría por los cambios en Chile.
¿Cómo pasar desde la oposición a congregar una mayoría? Sabemos que esta tarea no la podemos lograr solos, pero también reconocemos que nuestro partido, Revolución Democrática, ha crecido, ha madurado y se ha fortalecido, y en consecuencia debemos ser capaces de contribuir, de manera generosa y leal, en este desafío.
En primer lugar, debemos ser una oposición ofensiva y con vocación de mayoría, no una oposición que se atrinchera en la política del testimonio. Debemos reconocer que el ejecutivo tendrá la iniciativa legislativa y, en gran medida, manejará la agenda política, para que nos podamos preparar para hacerle frente. Sería un error que ante las propuestas legislativas del gobierno el Frente Amplio se atrincherara en sus 21 votos en el Congreso para rechazarlo, que se convierta en un actor político aislado que termina por acostumbrar a Chile a su negativa constante. Al contrario, debemos aprovechar la atención mediática que logra su agenda política para instalar nuestras ideas, debemos utilizar nuestra presencia en la cámara de diputados y en el senado como herramientas para hacer activismo, generar espacios de participación e instalar contrapropuestas.
Si sabemos que el gobierno de Piñera busca volver a bajar los impuestos a las grandes empresas, no esperaremos de brazos cruzados armados simplemente con la consigna de que las empresas deben pagar más impuestos en Chile, sino que prepararemos los contenidos, las propuestas y los canales de comunicación adecuados para hablarle a la enorme mayoría del país. Sobre todo buscaremos alcanzar a quienes se sienten lejanos al debate y quienes aún siguen siendo engañados con la teoría del chorreo.
Si sabemos que lamentablemente con este gobierno tendremos pocos acuerdos, no nos quedaremos tranquilos con rechazar sus iniciativas y actuar desde la marginalidad de la política, sino que debemos asumir la iniciativa en agendas donde sí podemos construir mayorías y busquemos impulsarlos. En estos últimos cuatro años los tres diputados del FA fueron legisladores, activistas, articuladores y, por sobre todo, protagonistas del debate y construcción política.
En este período debemos multiplicar esa fuerza, reconocer que nuestro poder no se sostiene sobre los votos que tenemos en el congreso, sino que sobre nuestra capacidad de lograr hablarle a la ciudadanía y de mostrar un camino para lograr el cambio. Es decir, no basta con ser una fuerza de resistencia y denuncia, sino que tenemos que ser una alternativa capaz de conquistar y convencer con sus propuestas: una oposición genuinamente propositiva y constructiva, pero radicalmente ofensiva para avanzar hacia la mayoría política y social detrás de ideas de cambio en Chile.
En segundo lugar, debemos poner un énfasis en fortalecer la organización a través de un despliegue territorial y social decidido. Estos últimos tres años hemos estado fortaleciendo nuestros frentes de acción y abriendo nuevos territorios, pero al mismo tiempo hemos tenido nuestro foco en legalizar el partido y disputar las elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales. Esos esfuerzos han surtido efecto y hoy tenemos una bancada de 6 concejales, 9 CORES, 8 diputados, diputadas y un senador. Quiero aprovechar de felicitar a nuestros compañeros y compañeras de las regiones de Tarapacá y Los Lagos que en los últimos meses no han bajado los brazos por un segundo y que ayer ingresaron las firmas de sus regiones llevando a que RD esté inscrito en 12 regiones.
Pero hoy se abre un período con nuevos desafíos y si queremos que el próximo gobierno del Frente Amplio pueda llevar adelante los ambiciosos cambios que buscamos para Chile, necesitamos construir una fuerza territorial y social que sea capaz de sostener e impulsarlos. Para eso necesitamos que nuestras dirigencias promuevan un partido que mire y le hable a Chile, que nuestra bancada parlamentaria reconozca que su labor no se agota en Valparaíso sino que serán herramientas y líderes de una política que se juega en fortalecer la organización social y territorial y que nuestros espacios basales midan su éxito desde la cantidad de diálogos y vínculos políticos que construyen con el público y actores fuera del partido, no dentro de él.
Necesitamos territorios que sean cada vez más protagonistas de la vida política comunal, construyendo lazos políticos con las organizaciones sociales y contribuyendo a impulsar agendas políticas locales. Necesitamos frentes de acción que contribuyan con generosidad a fortalecer los movimientos sociales, con unidad y buscando construir mayorías detrás de nuestras demandas. Necesitamos comisiones de contenido que se conviertan en casas de discusión que congregan a actores políticos y sociales a dialogar y proponer en conjunto.
Debemos mantener la audacia y activismo que nos ha caracterizado y evitar el ombliguismo de hablarnos a nosotros mismos. Nuestro desafío es fortalecer la organización territorial y social, para contribuir a recomponer el tejido social de nuestra sociedad, hablándole a Chile y a la gente común y silvestre que también busca un camino hacia mayor justicia.
En tercer lugar y último lugar, debemos ser capaces de construir una una alternativa de cambio para Chile durante estos 4 años. Revolución Democrática no nació para hacer política testimonial, sino que para contribuir a construir una fuerza que haga carne en las vidas de los chilenos, chilenas y extranjeros residentes nuestra lucha contra el neoliberalismo y para eso debemos contar con una mayoría política y social que impulse estos cambios. Hay distintos caminos para ir a buscar a los que faltan.
Hay quienes plantean que debemos reunir todas las siglas que se encuentran fuera de Chile Vamos en una gran coalición para hacerle frente a la derecha. Lamentablemente ya hemos visto que la suma de siglas por el poder puede tener éxito electoral, pero no garantiza el acuerdo necesario para impulsar una política coherente y unitaria contra los reductos neoliberales ni a favor de una agenda derechos. Otros responden que no deberíamos abrirnos a conversar con fuerzas fuera de la izquierda o que no compartan el mismo horizonte que nosotros. Pero el Frente Amplio ya es una coalición que contiene fuerzas políticas que van desde el centro, como el Partido Liberal, hasta las izquierdas. Ya es una coalición diversa, que contiene tradiciones liberales, ecologistas, humanistas, social demócratas, socialistas, libertarias.
Entonces, si el problema no está en las siglas o en las tradiciones ideológicas que están detrás de esas siglas, ¿cuál es?
El problema es la política que hacen esas siglas. El Frente Amplio no tiene problema con la diversidad, pero requiere unidad contra la política que es financiada y manejada por el 1% que se convirtió en dueño y señor del país. El Frente Amplio no tiene problema en asumir que no vamos a estar de acuerdo en todo, pero nació desde el acuerdo de que el mercado no puede determinar el acceso a los derechos de las personas.
El Frente Amplio sabe que los cambios no serán de la noche a la mañana y que alcanzar nuestros horizontes va tomar tiempo, trabajo y dificultades, pero rechazamos la política que se subordina absolutamente al estrecho margen que permite la actual constitución y los tecnócratas. En suma, el Frente Amplio debe ser una casa diversa y abierta, que se atreve a dialogar e ir a buscar a los que faltan, pero que nunca pierda de vista que su desafío es construir una mayoría política y social que avance de manera clara y nítida en una agenda democratizadora y anti neoliberal.
Estos y otros serán los elementos centrales que debe incorporar la línea política de nuestro partido en los próximos años. Para eso a mediados de este año realizaremos el V Congreso de Revolución Democŕatica, donde le daremos respuesta colectiva a las preguntas del período y definiremos el camino que esperamos recorrer junto a nuestro compañeros y compañeras del Frente Amplio en los años a venir.  
Aunque parezca que estos 6 años que han pasado han sido intensos, les pido que se preparen, porque los desafíos que enfrentaremos serán cada vez mayores. Espero que cuando nos toque celebrar nuestra década de existencia seamos aún más, que estemos liderando municipios en todas las regiones del país, que seamos parte de un gobierno de cambio, que estemos presentes en más federaciones y en sindicatos que hoy todavía ni siquiera existen. Así que manos a la obra, porque siempre hemos sabido que hay que crear para creer. Muchas gracias a todos y todas por venir.
 
Rodrigo Echecopar
Presidente de Revolución Democrática