Editorial: La hoja de ruta que nos legó la lucha del 2018

Por Gonzalo Díaz, Coordinador de Contenidos Directiva Nacional.

Si bien el año 2018 nos mostró que, con audacia y articulación con la sociedad civil, como Frente Amplio podemos generar importantes victorias como la Ley de Identidad de Género, también fue un año de preocupantes alertas. La ola feminista puso en evidencia las deudas históricas del Estado en la mantención de un sistema patriarcal que oprime a la mujeres, a la diversidad sexual y todo cuerpo feminizado; en materia de Derechos Humanos la institucionalidad de nuestro país no estuvo a la altura, profundizándose la brutal militarización de la Araucanía, implementándose draconianas medidas antimigratorias y ortorgándose, desde la Corte Suprema, libertades a condenados por crímenes contra la humanidad; estalló una vez más el conflicto medioambiental con la crisis en Quintero y Puchuncaví, haciendo patente la urgencia de dar respuestas al modelo extractivista que pone en segundo lugar el bienestar de las personas.

Estas luchas tienen un correlato con los grandes desafíos del siglo XXI que se asoman en el horizonte, y ante los cuales faltan propuestas desde el mundo político (incluyendo la izquierda). La segunda ola de automatización tiene un pronóstico ambivalente, al igual que la Revolución Industrial: tiene el potencial de aumentar la calidad de vida de las personas, pero por otro lado podrá condenar a grandes cantidades de trabajadores y trabajadoras a la precariedad laboral o al desempleo, profundizando la desigualdad que ya alcanza niveles inéditos en Chile y el mundo.

Por su parte, el calentamiento global, impulsado por el modelo extractivista, alcanza niveles críticos que nos obligan a un profundo y urgente despertar: el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) emitió en 2018 un ultimátum a los gobiernos del mundo, alertando que llegar a +2ºC (versus detener el calentamiento en +1,5ºC) podría significar que millones de personas más sufrirían de severas inundaciones, el doble de personas quedarían sin agua potable y todo el arrecife de coral desaparecería. Serán las personas más pobres quienes sufran sin amortiguación la cruda realidad de este nuevo mundo.

Ahora bien, las mismas luchas y desafíos que nos legó el 2018 nos entregan una hoja de ruta para la construcción de una alternativa política feminista, garante de derechos sociales, con memoria histórica, ecológicamente sostenible y profundamente democrática. Es a través de la lucha junto a los movimientos sociales que podremos levantar un proyecto político capaz de hacerle frente a las ultraderechas populistas y al modelo neoliberal. Es ahí donde deberán estar nuestras prioridades y alianzas con miras al 2019.

Enfrentar estos desafíos requerirá que todas y cada una de las personas que creen que es posible una nueva sociedad basada en un socialismo democrático del siglo XXI se organicen y se vuelquen a la acción política. Requiere que fortalezcamos el Frente Amplio y los movimientos sociales como vehículos de transformaciones profundas. Requiere que nos articulemos con fuerzas de la izquierda democrática regional e internacional para ofrecer un proyecto político claro e intuitivo. El camino está trazado, y sólo falta aunar nuestras fuerzas para transitarlo.