Editorial | Ocho años de la Revolución Democrática

Por Leonardo Rissetti, Secretario General RD.

El 7 de enero de 2012 grupo de compañeros y compañeras con el sueño de cambiar Chile y con más esperanzas que recursos, lanzaron en La Granja, en Espacio Matta un movimiento político llamado Revolución Democrática. Lo hicieron para reivindicar la política como herramienta para transformar la sociedad y levantar una alternativa a los partidos políticos tradicionales que habían administrado el modelo desde la vuelta de la democracia. Tenían en sus corazones el empuje que habían heredado de las movilizaciones estudiantiles de 2006 y 2011, y en sus mentes el trauma de no haber podido cambiar las cosas, aún a pesar de haber participado del movimiento ciudadano más potente de la historia democrática. La muralla que no pudieron sortear estaba construida sobre un diseño institucional que aún impide el cambio y cuya base es una Constitución que pone quórums imposibles de alcanzar para lograr cambios reales, y que termina en una clase política que no tuvo la voluntad de tocar el modelo.

Ocho años después, hemos avanzado un largo trecho. Del movimiento de un puñado de compañeros y compañeras, hemos pasado a un partido de miles de militantes a nivel nacional. Hemos entrado a la institucionalidad ingresando a gobiernos regionales y municipales de todo el país, y al Congreso con una de las bancadas con más fuerza. En lo social, hemos logrado presencia territorial en todas las Regiones del país y contamos con dirigentes y dirigentas sociales con raíz social que nos dan fuerza para levantar la alternativa que nos propusimos. Construimos una coalición que rompió el eje del duopolio y levantamos una candidata presidencial que tuvo un resultado inédito con un programa verdaderamente transformador. Participamos del acuerdo constitucional que nos está dando la posibilidad institucional de borrar la Constitución de Pinochet y hemos avanzado para tener un proceso constituyente con condiciones democráticas sin comparación en el mundo con participación paritaria de mujeres y hombres, escaños para pueblos originarios y listas autónomas de independientes. Tenemos que tener orgullo de lo que hemos construido. 

En la actualidad atravesamos un proceso social que ha modificado dramáticamente el escenario político del país. El 18 de octubre de 2019 Chile Despertó cansado del abuso, de la desigualdad y de la falta de justicia, y el movimiento que en los últimos años levantaron las organizaciones sociales, de las mujeres, de estudiantes, de organizaciones medioambientales y toda la sociedad civil organizada, se trasladó a las grandes masas que salieron a las calles a exigir dignidad en muchas ciudades a lo largo del territorio. 

La gente ha dicho que “no son 30 pesos, si no que 30 años” de sueños frustrados y promesas incumplidas que tienen que acabar y ha abierto paso a un proceso inédito en la historia de nuestro país. Gracias a la acción de nuestro partido, logramos amarrar institucionalmente una demanda que el pueblo movilizado levantó, esto es, un camino institucional para avanzar, por primera vez, a la redacción de una Constitución en democracia a través de una Asamblea Constituyente. 

De cara al proceso que se abre el 26 de abril con un plebiscito y también frente a la elección que seguirá con la elección de un órgano que redacte la Constitución, debemos desplegar toda nuestra fuerza para lograr canalizar la energía de la calle en la creación de un nuevo pacto social para nuestro país y de crear una democracia real, más participativa que permita una nueva relación entre el pueblo y las instituciones.