Editorial| Reflexiones en el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer

Paula Sierra Valderrama, médica feminista y Consejera Política Nacional Revolución Democrática.

En estos tiempos más que nunca es importante recordar que “la salud es un estado de perfecto (completo) bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad”, tal como indica la Organización Mundial de la Salud.

En el marco de la actual pandemia, bajo estos términos pareciera que estamos más enfermas que nunca: no sólo nos enfrentamos a un virus que cobra vidas y expone toda la precariedad de nuestros sistemas de salud y protección social completos, sino que también debemos lidiar con la cuarentena, el aislamiento, el miedo y la incertidumbre más brutal.

Nuestro pequeño espacio de “sanidad personal” se derrumba en cuanto comienzan a aparecer los síntomas físicos y mentales. Nuestro pequeño espacio de seguridad llamado hogar tambalea completo cuando son las relaciones sociales, y en esto quisiera incluir las laborales y económicas, las que empiezan a caerse. Vivimos tiempos de mucha angustia y dolor: vivimos tiempos de enfermedad.   

Los determinantes sociales de la salud se nos enrostran: las circunstancias en que las personas nacemos, crecemos, trabajamos, vivimos y envejecemos definen nuestro pronóstico en términos sanitarios. Estas fuerzas y sistemas que incluyen políticas públicas, sistemas económicos y programas de desarrollo influyen incluso en nuestra expectativa de vida. La inequidad de género hoy puede encontrarse en cada momento de nuestra historia y se hace más presente cuando la atención de especialidad a la mujer es relavada a un plano jamás prioritario. Hoy se hace aún más difícil acceder a nuestros controles rutinarios de salud, nuestra salud mental ya históricamente olvidada recién en los últimos días comienza a ser tema, nuestra salud sexual y reproductiva parece no importarle a nadie. 

En condiciones sociales altamente inequitativas para las mujeres, el miedo a contraer Covid se convierte en pánico en nuestro género. Acostumbradas a cuidar al otro, a padres mayores, a hijos/as e incluso al compañero o pareja. Tendemos a creer que nosotras NO podemos enfermarnos, no podemos caer, tenemos que seguir en pie para levantar nuestras familias, cuantas veces hemos escuchado las médicas al indicar reposo: “¿Pero si estoy en cama quién hace… o quién cuida… quién se hace cargo?” Y eso sólo en términos intradomiciliarios. Hoy las mujeres trabajamos, muchas veces sostenemos nuestros hogares también en lo económico y caemos en la trampa de la doble presencia: parte de nuestros pensamientos siempre con la familia y el quehacer doméstico, otra parte en cumplir las exigencias laborales. Ya lo ilustraba hace unas semanas The New York Times en su portada con la imagen de una trabajadora de salud, con todos los elementos de protección personal puestos hablando por video cámara con sus hijos mientras corría por el pasillo del hospital.

El problema de la doble presencia no es menor, conciliar la vida familiar y el trabajo puede repercutir en el desempeño laboral, la salud mental y física, alimentando el círculo vicioso de la inequidad social de la mujer: ya no es sólo es peor pagada y peor evaluada para un cargo por temas reproductivos, sino también porque tiene mayor riesgo a enfermar gracias a la sociedad que construimos, sociedad que no comparte las labores de cuidado.

Con pudor me gustaría mencionar el teletrabajo, con pudor porque no son mis circunstancias, pero día a día escucho a mis pares contar como esta doble presencia en casa se multiplicó con creces. No sólo es mental si no que se traduce en estar físicamente en el trabajo frente a un computador, donde las exigencias y horarios no son menores y terminan aún más estresadas, todo mientras están cocinando, haciendo aseo, colaborando en la educación de sus hijos/as, conteniendo, cuidando a quien está frágil, enfermo físicamente o incluso hospitalizado. Porque así nos criaron, nos enseñaron a que querer es cuidar, es hacerse cargo.

La pregunta es ¿Y quién nos cuida a nosotras? ¿Quién cuida a la mujer cuando está enferma? ¿Quién se hace cargo cuando nosotras no estamos?

Hoy el llamado es que la corresponsabilidad sea la base del hogar y nuestra sociedad. Cuidar es tarea de tod⭑s.

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