Editorial: Todas y todos llegamos al Congreso


Por Catalina Pérez, Diputada Distrito 3, Región de Antofagasta.
Hemos cumplido 100 días en el Parlamento. Han sido más de tres meses en los que no solo hemos debido lidiar con las tareas propias de nuestros cargos, sino que también con las añejas estructuras que vemos día a día en el Congreso Nacional. Ya no somos un grupo testimonial, sino que una bancada de diputadas y diputados que queremos cambiar las leyes, pero también la forma de hacer política en el Poder Legislativo. En ese sentido, vemos como pequeños pasos que damos en el Congreso, como evaluar la disminución de la huella ecológica que el edificio genera en Valparaíso, se enfrentan a la lentitud aparentemente inherente a esta institución. Frente a estos límites de ésta quedan dos opciones, o aceptar esa barrera o intentar vencerla con la acción. En RD hemos tomado la segunda opción y al menos en esta pequeña área ya armamos nuestro sector de separación de residuos en el piso de la bancada. Choques con nuestra forma de hacer las cosas y la manera en que el Congreso funciona seguirán apareciendo, pero ratificamos nuestro compromiso de buscar la transformación de la institución.
Han sido 100 días en que nos hemos esforzado por llevar las exigencias de los movimientos sociales al Congreso. Así, participamos activamente de la discusión sobre el protocolo que atentaba contra la normativa que permite el aborto por tres causales en nuestro país y hemos fiscalizado la aplicación de esta ley en nuestros distritos. Pusimos nuevamente en discusión la rebaja de los sueldos parlamentarios porque era un anhelo de la ciudadanía largamente postergado y que ahora, con más parlamentarios de RD y el FA en Valparaíso, logramos levantar exitosamente. Juntos, también impedimos que el Gobierno aplicara el grosero recorte presupuestario que intentó establecer, el cual  estaba destinado a afectar a los sectores medios y vulnerables de nuestro país.
Hemos pasado por momentos complejos también; las diferencias son parte del crecimiento y su bien somos una coalición que tiene un norte claro, también convivimos desde nuestro inicio con diversas formas de pensamiento y estrategias para lograr sus objetivos y eso nos ha acarreado críticas de los mismos sectores que ven con temor nuestra llegada al Parlamento. Pero hemos salido airosos; ha primado el diálogo sobre el silencio, el debate sobre la confrontación y el bien común sobre los intereses particulares, decisiones con las que hemos continuado marcando una diferencia con la política tradicional que se había anquilosado en el poder.
No han sido días fáciles y los que vienen tampoco lo serán. Nos enfrentamos a un sistema que se siente cómodo con el status quo y que continúa apostando por cambios superficiales, por no tocar al poderoso, por no provocar malestar al empresariado, por rendirle pleitesía al 1% más rico del país en desmedro de las necesidades, urgencias y exigencias de la ciudadanía. Nos enfrentamos al conservadurismo endógeno que incluso evita el debate, la contraposición de ideas y que pretende imponer una falsa superioridad moral. Pero para eso luchamos por llegar al Congreso, para romper ese esquema que por tres décadas se venía dando en la política, con energía renovada y nuevos bríos, buscando colocar en tabla temas tan importantes como olvidados: feminismo, identidad de género, medio ambiente, corrupción, eutanasia y migración, entre tantos otros en los que hemos trabajado concienzuda y responsablemente, haciendo eco de las demandas de las bases sociales. Seguiremos trabajando desde esa perspectiva, enfatizando lo que la ciudadanía requiere de nosotros y no a intereses de los grupos económicos ni de los privilegiados.  La lucha que sostenemos es para eso: para cambiar la forma en la cual estamos haciendo política por la forma en que deberíamos estar ejerciendo nuestro rol en el Congreso, en la calle, en los movimientos sociales y hasta en nuestros barrios y hogares.
Queda mucho por hacer todavía. Esto es solo el comienzo de un largo proceso en el que junto a la comunidad, tenemos la obligación de participar para cambiar las reglas del juego y hacer de Chile un país más justo, tolerante, equitativo e igualitario; tenemos la enorme tarea de transformar el modelo de desarrollo, eliminar las zonas de sacrificio ambiental, proteger nuestros ecosistemas y recuperar la administración de todos nuestros bienes comunes como el agua, el borde costero y el aire. Debemos cambiar el paradigma de la educación, terminar con toda expresión de machismo. Tenemos la misión de propiciar normativas que contribuyan a unir a chilenos y extranjeros, a proteger a los sectores más vulnerables, a terminar con delitos tan graves como el cohecho y el soborno; a generar los espacios para colocar en primer lugar los derechos de todos y todas en temas tan importantes como la identidad de género. Es prioritario centrar nuestros esfuerzos en erradicar toda violencia contra las mujeres, ancianos y menores de edad; potenciar las herramientas para que la crisis de la vivienda, la salud y la educación sean pronto, cosa del pasado, porque a través de ellas, lograremos abrir los espacios en donde toda la comunidad tendrá las mismas oportunidades. Pero no debe ser solo nuestro compromiso como parlamentarios, ni quiera como partido o coalición. Invito a toda la ciudadanía a sumarse y ser parte de estos cambios, a empoderarse y participar para que juntos, construyamos el país que queremos.