El deporte y la violencia en los animales: Comentario sobre el Dictamen de Contraloría General de la República

Contraloría General de la República ha llamado recientemente la atención a la Municipalidad de Recoleta, por no sujetarse de manera estricta al marco fijado por el ordenamiento jurídico deportivo en relación con el rodeo, al momento de prohibir -con su Ordenanza Ambiental N° 61, de 2016-“la práctica de cualquier actividad deportiva o recreativa en que se someta a animales a situaciones de violencia o estrés” [1].
La entidad fiscalizadora indica en su resolución que el rodeo es una “actividad deportiva reconocida por el ordenamiento jurídico”.
Creemos que la decisión de Contraloría solo es un evento más en la distorsionada concepción de deporte que todavía tienen las instituciones públicas, el mundo privado y, en general, la sociedad -especialmente rural-.
Pequeñas notas sobre el deporte y la violencia
El deporte se identifica con la satisfacción de emociones básicas del ser humano, con el placer, con la entretención; pero también con la traducción de actos físicos en conductas éticamente correctas, virtuosas para el individuo y la sociedad, especialmente cuando se realiza en un ambiente colectivo (respeto, integración, igualdad, tolerancia, dignidad, etc.).
La violencia, en cambio, dirige sus consecuencias hacia la interrupción del curso natural de la realidad tangible y de las conductas sociales que son consideradas como positivas para el desarrollo humano.
Esto quiere decir que deporte y violencia son fenómenos separables y, en muchos casos, inconciliables.
Entendemos que nuestra civilización actual ha concurrido por un camino en el cual paulatinamente se han elevado los estándares de intolerancia hacia cualquier acto que constituya violencia, a la vez que se va comprendiendo el rol social del deporte, su importancia para infundir valores, promover conductas, transmitir conocimientos y compartir experiencias, todas enriquecedoras a nivel individual y colectivo.
La violencia en el deporte ha comenzado a ser fuertemente perseguida en los modelos de Estado Social y Democrático. Si bien la violencia prohibida es especialmente la que sufre injustificada y desproporcionadamente un ser humano; también los terrenos de intolerancia hacia otras especies de animales han ido creciendo, en la misma medida en que la sociedad va reconociendo en ellos seres que sienten y que experimentan diversas emociones que no pueden ser manejadas por el ser humano a su antojo.
Es por ello que hoy, si bien podemos ejercer una suerte de dominio sobre las demás especies, este debe al menos respetar su integridad física y psíquica, velando por la convivencia más pacífica posible.
Deporte y rodeo: Una relación actualmente inconciliable
Es cierto que el rodeo ha sido considerado por el Estado y el Comité Olímpico de Chile como deporte nacional; que esta actividad se rige por la Federación de Rodeo Chileno; y que, hasta hoy, la institucionalidad deportiva compromete importantes sumas de dinero a beneficio de esta actividad. Pero también es cierto que todo esto proviene de una concepción añeja y distorsionada del deporte, que no ha tomado nota de su contenido eminentemente educativo, formativo y ético.
En nuestros días, el regocijo que nos otorgan los deportes nunca habrá de alcanzarse a costa de animales, a costa de seres que son forzados a recibir golpes reiteradamente y con el riesgo inminente de sufrir consecuencias físicas de relevancia.
Sin embargo, para la institucionalidad deportiva nacional la noción de deporte pareciera mantenerse inalterable, obviando los cambios culturales que, paulatina e indefectiblemente, mueven a las culturas a establecer menores espacios para la violencia, especialmente contra quienes les resulta imposible imponerse en igualdad de condiciones respecto del ser humano.
Es trabajo para todos quienes defendemos la erradicación de la violencia en el deporte procurar el cambio cultural en nuestra sociedad, especialmente en el mundo rural, hacia la transformación del uso del ganado y de los animales en general hacia uno que implique un trato más benevolente, respetuoso y dignificante.
Así, el rodeo y toda otra clase de espectáculos que involucren mayor o menor violencia contra los animales irán muriendo de forma natural y la sociedad los mirará con suficiente y considerada distancia.
[1] Dictamen N° 10.191, de 19 de abril de 2018, de Contraloría General de la República.