El desborde de la Ola Feminista

Hace poco más de un mes el orden de nuestras vidas empezó a revolucionarse. La rabia contenida por años comenzó a mutar en la organización de asambleas, conversaciones y masivas reuniones autoconvocadas.
El ejercicio político sincero, ese que brota con la humildad de las experiencias acumuladas, anunciaba que este tiempo era de nosotras y no habríamos de pedirle permiso a nadie para lograr los cambios que necesitábamos.
Sin embargo, por más alegrías que hayan surgido durante estos días hay siglos de dolores, penas y abusos acumulados. Es difícil de explicar el sentimiento que pasa por nuestro cuerpo pero podríamos catalogarlo como una emoción intransigente que se unifican bajo la añoranza de la violencia machista.
Hacer política en un mundo masculinizado es complejo y, a partir de esta movilización, invitamos a cada militante a comprender que es hora que lleguen los cambios personales y colectivos. Dentro de nuestra organización hay cientos de compañeras que buscamos instalar la relevancia de que la lucha feminista toque cada arista de nuestras vidas, porque
sólo así tendremos una sociedad más justa y segura.
Ser mujer en política es duro y muchas veces el panorama frente a los que nos encontramos desgastante, dónde parece que hay mucho más que hacer que compañeros dispuestos acolaborar. Como diría Julieta Kirkwood, “el anonimato históricamente ha tenido rostro de mujer” y por eso, no nos cansaremos decir que queremos disputar no sólo cada espacio sino que cada modo en que se nos ha enseñado a construir. El silencio y la represión de nuestras voces ya no son una opción.
Hoy buscamos dejar en claro que no queremos más violencia, que necesitamos políticas públicas para un cambio estructural, pero también queremos hacerle sentido a todos los hombres del país y del mundo que hoy el patriarcado debe terminar, y sobre todo a usted compañero que está leyendo, a que el machismo tiene expresiones en variadas formas, y
deben hacerse cargo de cada una de ellas, sino seguiremos reproduciendo conductas patriarcales.
El llamado es un grito de urgencia. Queremos dignidad en cada espacio cotidiano hasta en lo más estructural. Buscamos sentirnos seguras en las calles, en las universidades. Que los espacios educativos no sean nichos de reproducción del machismo ni cuestionamientos a nuestra inteligencia. Donde las niñas sean criadas para la vida y no la sumisión.
Compañeras, este es recién el primer paso de la Ola Feminista, así que armémonos de fuerzas, y luchemos por las que estamos y las que vendrán.
 
Javiera López Layana
Lican Martínez Rubio
Paz Gajardo Daneri
Araceli Farías,
Dirigentas estudiantiles