¿El enfermo goza de buena salud?

Acaso el mejor de los anuncios de toda la lista sea el proyecto que plantea un abordaje íntegro de una política penitenciaria, que amplía la infraestructura disponible para reducir el hacinamiento y crea condiciones de política para la reinserción de los reos. 
Por Comisión de Reformas Políticas de Revolución Democrática.
Dentro de los muchos anuncios que hizo el Presidente Sebastián Piñera el 21 de mayo, sorprendió la banalidad con la que se trataron las reformas que podrían mejoran sustancialmente la calidad de la democracia. Se mezclaron anuncios sin voluntad real de ejecución (como el voto de los chilenos en el extranjero, y reformas contra la corrupción), con otros de mejoras en la administración de la justicia (como la creación de menos códigos y tribunales especiales). Acaso el mejor de los anuncios de toda la lista sea el proyecto que plantea un abordaje íntegro de una política penitenciaria, que amplía la infraestructura disponible para reducir el hacinamiento y crea condiciones de política para la reinserción de los reos.
En la otra cara de la moneda, observamos con impresión un ferviente llamado a la galería -y en particular al electorado cautivo de la derecha, en un año electoral-, con un manojo de propuestas alejadas de cualquier estándar democrático. Se cuentan aquí los proyectos de ley que aumentan las penas por el maltrato de palabra a funcionarios de policía, o bien la ley de Orden Público (que sanciona a los encapuchados como tales). Un anuncio cuyo rol disuasivo está por verse, si es que no termina pareciéndose más bien a apagar el fuego con bencina, en un año de crecientes movilizaciones.
De todas maneras, es ingenuo u oportunista (según sea el caso) creer que puede sacarse esta ambiciosa agenda en diez meses; desde otra lectura, estos delineamientos pueden significar una oferta electoral anticipada de un nuevo gobierno de la Alianza.
Sobre las reformas electorales o constitucionales, nada. Ni siquiera una exhortación mínima a valorar la ley de primarias, o la nueva reforma a los partidos políticos que el propio gobierno encaró con voluntad. Para qué hablar del binominal, o de una sustitución parcial de la Constitución. En este sentido, La Moneda jugó a contrapelo de sus propias convicciones y las del heredero político del presidente, Andrés Allamand.
El hecho de que el sistema político chileno esté en la UTI será, con seguridad, el gran drama que cruzará la presidencial de fines de año. Pero, al igual que en las mejores familias, “de los temas duros mejor no hablar”, y no será el glorioso 21 de mayo la oportunidad de hacerlo. Es posible que esa máxima sea algo donde muchos (de izquierda y derecha) estén, al fin, de acuerdo.
Fuente: El Dinamo