Giorgio Jackson: “La presión en la calle debe seguir”

Mientras se prepara para su llegada al Parlamento, haciendo campaña y estudiando diversos temas, el ex líder estudiantil no descarta el apoyo a los movimientos sociales, en caso de ser necesario para presionar en la tramitación de las leyes.
Hace rato que Giorgio Jackson dejó de ser el líder estudiantil para convertirse en candidato a diputado por Santiago Centro. En unas semanas más, debiera quedar cerrado el tema de su memoria en la Escuela de Ingeniería de la UC para dedicarse solamente a su campaña y la preparación para su inminente llegada al Congreso, dado que compite sin compañero de lista. Jackson y el equipo de Revolución Democrática están instalados en una casa en el barrio Concha y Toro. Ahí se votó la polémica libertad de acción para apoyar o no a Michelle Bachelet. Ahí se juntan cientos de jóvenes los fines de semana para salir a hacer campaña por Jackson. Una campaña que el candidato describe como atípica por la baja cantidad de recursos con que se lleva a cabo y por la transparencia que se auto-exigen, por ejemplo, al no recibir aportes reservados o de empresas. Jackson está más disfónico que de costumbre. Asegura que tanto hablar en la campaña no le hace bien a su garganta y que luego deberá tomar un descanso y, entre otras cosas, aprender a hablar desde el estómago y no forzar las cuerdas vocales. Todos esto es también parte de su preparación para entrar a la Cámara de Diputados.
La calle es algo que conoció como líder del movimiento estudiantil en 2011, pero hoy la ve desde otra perspectiva. Si bien mantiene sus ideas, la esencia y la motivación, la audiencia cambió. “Hoy postulo a un cargo de representación más amplio que el movimiento estudiantil, lo que requiere una responsabilidad sobre las expectativas que se puedan generar”.
Tu nuevo rol será el de receptor de las demandas que antes hacías. ¿Estás preparado para asumirlo y ser interpelado por los movimientos sociales?
–Esa es la motivación: representar a las personas con esas demandas. Para eso estamos trabajando. He tenido diálogos con distintos grupos que componen la identidad de este distrito. También he tenido que ir estudiando los diferentes proyectos de ley que están en el Parlamento, para saber bien dónde están los nudos que hay que destrabar. Ha sido un proceso muy interesante.
¿Te ha costado mantenerte “limpio” de esa política que ustedes tanto criticaron?
–En el movimiento criticamos los procesos. Nunca tuve el espíritu de ser antisistémico ni anárquico. Me parecía que había cosas con falta de sentido o que funcionaban derechamente mal. El ejercicio de esta campaña nos ha permitido hacer de otra manera esos procesos, cambiar la forma de sumar a las personas a la toma de decisiones y a la construcción de un programa. También estamos enfrentando de una manera totalmente nueva el financiamiento. Acá no nos aportan empresas, no tenemos aportes reservados, cosa que en el propio Servel provocó sorpresa.
¿Cómo va a ser el rol de los movimientos social en el próximo gobierno?
–Me gustaría que fueran muy activos. Cada año los dirigentes están más preparados. Lo que cambian son los contextos políticos, por lo tanto la relevancia, la convocatoria y la frecuencia no han sido las mismas. Es diferente abrir un caja de Pandora que luego concretar las transformaciones que surgen de ésta. Año a año es más difícil, pero el próximo año, si sale electa Bachelet, se abrirá una oportunidad para seguir teniendo la agudeza crítica frente al sistema, pero la grandeza de reconocer si se generan avances. Algo muy difícil de lograr en un movimiento estudiantil.
¿Vas a estar en el oficialismo o en la oposición?
–Depende de las iniciativas que el gobierno proponga. Varias de las ideas del programa de Bachelet presentan una oportunidad de cambio, y yo respeto eso, pero hay que trabajar para que tales planteamientos terminen siendo lo que uno espera.
A la hora de las manifestaciones, ¿vas a estar ahí?
–Claro. Si sirve para empujar el carro… Las manifestaciones son métodos de presión social. Si un gobierno no quiere hacer nada por la educación, vamos a seguir manifestándonos. Debe seguir la presión en la calle. Pero si se buscan cambios y las trabas ya no están en el gobierno, sino que en otros lados –por ejemplo en el Congreso, con los parlamentarios de derecha o de la Nueva Mayoría–, hay que movilizarse. Quizás no tengan la misma convocatoria, pero hay que encontrar la manera de que el Parlamento deje de ser un bloqueo para las reformas. En la LEGE estaba enfocada al término del lucro y fue el Congreso el que sacó eso de la ley.
¿Quieres convertirte en un garante de las demandas estudiantiles en el Congreso?
–Me gustaría ser un garante de las agendas que hemos empujado. Poder informar si se están cumpliendo los objetivos.
Puede que el próximo año estés en el Parlamento. ¿Tienes claro que puede haber un ambiente hostil hacia ti y tus compañeros del movimiento que ganen en esta elección?
–La primera tarea es salir electos. Una vez que tengamos los resultados, vamos a saber cuán grande va a ser el recambio del Parlamento. Claro, todos van a tener los ojos puestos en nosotros, esperando que nos equivoquemos. Nos van a mirar con lupa. Ojalá que sean los ciudadanos los que nos miren con más atención, porque estamos haciendo una oferta distinta. Proponemos otra forma de hacer política, por lo que esperamos que sean bien agujas, que nos presionen para que cumplamos con nuestra palabra.
Esta nueva forma que proponen, es una manera de meter presión a los parlamentarios más antiguos. Al revés, ¿hay alguna presión para que ustedes hagan las cosas al estilo de ellos?
–Nosotros hacemos esto por convicción. Creemos que debe ser transparente la rendición de gastos en el Servel, creo que no se deben recibir aportes de empresas. Es bueno que existe una presión social para que se repliquen las buena prácticas. Queremos que la gente nos cobre lo que prometimos, que haga una suerte de contraloría. Sé que vamos a tener muchos problemas, probablemente todos los proyectos que voy a querer impulsar no se llevarán a cabo, pero sí vamos a comunicar por qué se estancaron.
SIN TRANSAR LA INDEPENDENCIA
¿Tu generación tiene más respeto por el opositor o por la persona que no está en la misma vereda?
–No podría generalizar, pero siento que tenemos una mayor capacidad de militar por causas en lugar de partidos. La causa que nos agrupó en 2011 todavía nos une, independiente del lugar político en el que estemos. Yo quiero ser militante de la educación pública, porque ahí vamos a poder encontrarnos. Si nos quedamos pegados en las estrategias electorales, derivaremos en sectores fraccionados. Necesitamos la generosidad de poner la causa por delante.
¿Crees que eso le falta a las generaciones jóvenes de la derecha?
–Creo que en la derecha se dividen por lotes o adhesiones a personas. RN y la UDI tienen ejes transversales compartidos, tienen una matriz ideológica similar, prácticamente ambas redactadas por Jaime Guzmán. Sus desórdenes internos tienen que ver con episodios coyunturales. No funcionan con la lógica de partidos, pero al final son más unidos que la izquierda. Así gana el status quo heredado de la dictadura.
¿La juventud de la derecha tiene más miedo de rebelarse a los estatutos de sus partidos?
–No han aparecido referentes o liderazgos que logren desafiar. Siempre se necesita una cuota de desafío a los partidos políticos, independiente de si uno quiere construir con ellos. Para ser alternativo tienes que ser una competencia y estar dispuesto a dar pelea. En la izquierda somos muchos, hay chicos y grandes, pero en la derecha no hay.
¿Horizontal o Evopoli son muy respetuosos de su institucionalidad?
–Horizontal es más bien un centro de pensamientos, pero incluso se permite más libertades que Evopoli. En este último hay un pragmatismo que los lleva a no ser una amenaza. Eso es difícil para la constitución de un referente. Tienes que ser amenaza, meter presión; y en ellos –apoyando sin condiciones a los candidatos con las tres rotaciones que hubo– se ve una lógica distinta.
¿Cuánta presión recibiste para apoyar a Bachelet?
–La presión estaba dada por las expectativas, que eran muchas y legítimas. Las personas que se omitieron y depositaron su confianza en el apoyo desinteresado a mi candidatura, de manera implícita pensaron que nosotros íbamos a apoyar a Michelle Bachelet. Pero nuestro proceso es lejos lo más importante y nunca prometimos nada. Que existan convergencias programáticas con la Nueva Mayoría es un señal de que las agendas se están tomando el protagonismo político.
¿Cuál es tu nivel de confianza hacia la Nueva Mayoría, sus representantes y Michelle Bachelet?
–No tengo relación fluida con ellos. No tengo militancia previa, no tengo vínculos familiares con ese mundo. No tengo problemas en particular con nadie. Es más, muchos nos apoyan. Pero es importante construir puentes de confianza sin perder la independencia y a la vez criticar cuando haya que hacerlo.
Pero a ese mundo no le gusta mucho la crítica y tú has sido un personaje crítico en los últimos años.
–Eso es lo que nos caracteriza. Si la omisión de la Nueva Mayoría en mi distrito buscaba que yo abandonara mi pensamiento crítico, se equivocan. No era ésa la idea. Las nuevas generaciones tenemos una visión crítica del ordenamiento social actual. Queremos transformarlo y ser parte de ese proceso. Y veo que hay expectativas dentro de los partidos en cuanto a que desde los movimientos y candidaturas independientes aportemos a la renovación.
Fuente: www.cosas.com