“Hay que crear para creer”: algunas cosas sobre RD

18 enero, 2016 - 9 minutos de lectura

[The Clinic] La semana pasada (el 7 de enero) pasaron dos cosas.

Noam Titelman

Noam Titelman, Directiva

Primero, Revolución Democrática cumplió cuatro años de existencia. Cuatro años desde que un grupo de personas se juntaron en La Granja e, inspirados en los escritos que mostraban las paredes del centro cultural Espacio Matta, tomaron del pintor (y la hicieron propia) la frase: “Hay que Crear Para Creer”.

Segundo, ese mismo día se publicaron los resultados de la encuesta Adimark y, de pronto, para muchos, este nombre que el SERVEL había intentado bloquear, empezó a resonar. La buena evaluación que mostró la encuesta vino, también, con una verdad indesmentible: a RD (por ahora) lo conocen poco.

Por eso quiero escribir estas palabras, para contar de qué se trata RD, combinando la postura compartida del proyecto para el partido, con un poco de mi visión personal.

De dónde venimos

El momento de creación de RD, oficialmente, se dio en 2012, en La Granja. Pero en muchos sentidos, nuestro origen es el 2011. No es solo que un afluente importante de los miembros de RD provenga de la dirigencia estudiantil del 2011 (incluyendo, como es bien sabido, a Giorgio), sino que, para muchos de los que estamos en este colectivo, el 2011 fue un estimulante balde de agua fresca. Fue despertar del sopor de la transición y empezar a recuperar la fe en el poder de la política, de lo que pasa en ese encuentro de la gente que se organiza. Y llegaron de muchas partes. Dirigentes secundarios de las luchas de los 80`, ex-militantes desilusionados de otros partidos, luchadores de batallas medioambientales, de la diversidad sexual y el género, dirigentes sindicales en busca de cambios estructurales y gente que nunca antes había participado, pero en el calor del 2011 descubrieron algo que ya no estaban dispuestos a abandonar. En el fondo, RD nace porque muchos estaban esperando ese despertar hace años, y queremos verlo perseverar.

Por eso en RD, si bien nos clasifican dentro de ese extraño mundo de la “nueva política”, nos sentimos profundamente herederos y deudos de luchas anteriores. Del sindicalismo de Clotario Blest, del feminismo de Julieta Kirkwood, del sentido republicano de Pedro Aguirre Cerda y de la revolución democrática de Allende, entre muchos otros.

Qué somos

Nacimos colectivamente con proyecto colectivo. Por mucho que los medios nos reduzcan a la figura de Giorgio, tenemos conciencia, sobre todo nuestro diputado, de la importancia de desconcentrar el liderazgo. Es la única forma de que podamos tener un impacto real y duradero. Por eso el trabajo de construcción del movimiento, desde el 2012, ha sido frenético. No hemos parado de trabajar en decenas de unidades territoriales (las que llamamos simplemente “territorios”), de Arica a Punta Arenas, en siete frentes de acción política y social (estudiantil, docente, laboral, diversidad sexual, género, ecosocial, acción pública) y generar contenidos en ocho comisiones (educación, salud, derechos humanos, ciudades y territorios, participación ciudadana, cultura, nuevos modelos de desarrollo, reformas políticas).

Muy influenciados por las formas de organizaciones estudiantiles del 2011, un sello distintivo es que nos preocupamos mucho por la democracia interna. Mucho. Aprendimos la importancia que tienen las formas, para resguardarla. Todas las decisiones importantes se plebiscitan y nos auto-exijimos altísimos estándares de transparencia y participación de las bases. Esta orientación también se refleja en nuestra forma poco ortodoxa de organización: tratamos de mantener un tenso equilibrio entre definiciones centralizadas y autonomía de acción, fomentando el activismo político y social, sin circunscribirnos sólo a las contiendas electorales. Aprendimos la importancia de replantear la relación entre sociedad y estado, practicando lo predicado, y de ser un proyecto colectivo y no acaudillado.

Somos de izquierda. No es fácil ser de izquierda hoy. Hay, más bien, muchas historias de derrotas, algunos horrores que trajeron los socialismos reales y pocas victorias. No queremos ser una izquierda de victorias simbólicas, que gana perdiendo, enalteciendo su identidad irrelevante. Pero tampoco queremos victorias pírricas, que pierden ganando, renunciando a lo que los hace de izquierda para poder ganar. Queremos victorias para la izquierda, sin epítetos. Por lo mismo nos la jugamos por cambios profundos revolucionarios, pero sin miedo a los procesos largos y graduales. Me atrevería a decir también, que no nos mueven ni la rabia ni el rencor, sino más bien, el inconformismo y la esperanza.

A dónde vamos

Eaglton decía que en la actualidad es más fácil imaginarse el fin del mundo, por la caída de un meteorito o un super-virus, que imaginar otra forma de relacionarnos, distinta a la del capitalismo. Hay hambre de sueños, de horizontes en la izquierda. Eso es cierto acá y en todo el mundo.

Entonces, ¿Qué ejemplo de camino tenemos para seguir? No puedo negar que vemos con interés, incluso seducción, el ejemplo del Podemos de España. Pero lo vemos, también, plagado de errores y falencias, como todo proceso humano. Y con la convicción que el camino que recorreremos en Chile, más allá de cualquier similitud, es, irreductiblemente chileno y propio, todavía buscamos un cambio social radical y profundo, con sabor a vino tino y empanada.

Creemos en un frente amplio por las transformaciones, en el que nosotros seamos uno de muchos actores. Estamos en un momento de definiciones y estamos empujando con todo en esa dirección, ojalá nos encontremos con muchos en el camino. Al mismo tiempo, estamos plenamente abocados a formarnos, a crearnos como RD, tal como recomendaba Matta.

Queremos ser partido y disputar la institucionalidad, porque aprendimos el 2011 que, cuando la política no está conectada con la sociedad, se vuelve un muro. Aprendimos que, a pesar de que todo Chile salió a la calle, no era suficiente porque nuestra institucionalidad no daba abasto para escuchar la demanda de transformación. Por eso dimos el paso para tratar de convertirnos en partido y participar en las próximas elecciones municipales. Todos nos dicen que las probabilidades están en nuestra contra, que nos van a subir las barreras para ser partido, que nos van a poner obstáculo tras obstáculo. Está bien. Tenemos vocación para las peleas duras. Quedarse en la comodidad de proyectos pequeños y fáciles no es lo nuestro.

Hoy, en nuestra sede, en una de las paredes está escrita una frase que cada tanto, cuando necesitamos ánimo, releemos. No es la frase de Matta, por mucho cariño que le tengamos. Es una de Allende que nos recuerda que lo nuevo siempre lleva lo viejo estampado: “Desde mi juventud he luchado contra el prejuicio y los sistemas políticos obsoletos. El destino ha querido que encabece esta revolución democrática en Chile”

Noam Titelman
Directiva RD
13 de enero de 2016
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