De la instalación electoral a la consolidación territorial del Frente Amplio

24 julio, 2017 - 7 minutos de lectura

Por Josefina Villar Araya

Consejera Política Revolución Democrática

 

Culminando la euforia que conlleva un evento tan grande y esperanzador como fueron nuestras primeras primarias legales presidenciales y parlamentarias, es necesario hacer un análisis político y reflexivo no sólo junto a nuestros territorios, frentes y comisiones, sino también junto a nuestras familias y amigos, respecto al proceso y resultado que enfrentó Revolución Democrática y el Frente Amplio. Así podremos comenzar una nueva discusión interna sobre lo que nos depara un futuro cercano, que requerirá el doble de esfuerzo, unidad e ilusión por un nuevo Chile.

El pasado 2 de Julio marcamos una huella como Frente Amplio, más de 300 mil ciudadanos/as se identifican con este proyecto colectivo que tan sólo en un par de meses logró hablarle a Chile para ofrecer una alternativa política. No obstante, para seguir con los desafíos es necesario que evaluemos – desde el optimismo frente a nuevos y mayores pasos – nuestras falencias, plasmándolas en una autocrítica capaz de dar mejores señales para el día de mañana.

Lo primero que debemos reconocer es la importancia de nuestro resultado electoral en las primarias, particularmente el de nuestra candidata Beatriz Sánchez que logró convencer a más de 220 mil compatriotas y extranjeros en Chile y el exterior de que el Frente Amplio representa una esperanza para transformar Chile en un país más justo y solidario. Ahora bien, Chile Vamos logró una movilización de votos muy considerable, es ahí donde cabe abrir la reflexión de nuestra forma de construcción y crecimiento. Si bien Chile Vamos partía en una posición ventajosa con candidatos de alto conocimiento público como Piñera, hay elementos que fallaron a la hora del despliegue territorial. Las campañas del Frente Amplio no escaparon de un centralismo habitual en la política, no logrando dar relevancia a la enriquecedora diversidad que le dan a Chile sus distintas regiones y comunas.

El proceso electoral nos demostró que el esfuerzo de miles valió la pena y que en poco tiempo logramos consolidar a Beatriz Sánchez como una apuesta real y considerable para la primera vuelta. Aun así, existían varias interrogantes desde la militancia de Revolución Democrática y otros partidos que apoyaron a Beatriz en la primaria, estos referidos principalmente a criterios que desconocemos para la elección política y técnica de los integrantes del comando. La interrogante mayor comenzó en el desarrollo de la campaña y hacía alusión al progresivo ablandamiento del discurso de nuestra candidata, esto podríamos pensar que se debe una excitación voluntarista respecto a la posibilidad de pasar a la segunda vuelta, lo que fue desdibujando los objetivos definidos por Revolución Democrática y el Frente Amplio para el período: la consolidación de un nuevo proyecto político con arraigo territorial y la conformación de una bancada frenteamplista más numerosa al congreso.

Es por ello que creemos que debe existir una reestructuración del comando de nuestra candidata presidencial, donde se esclarezca cuáles son los procesos y mecanismos que permiten que la militancia de los trece partidos/movimientos del Frente Amplio – y de independientes – puedan integrarlo. El país nos demanda un proyecto serio, capaz de lograr unidad incluso cuando las diferencias son latentes, en ese sentido es fundamental que la orgánica de Revolución Democrática tenga una participación más directa y acabada en el comando y que el apoyo político y social que respaldó a Alberto Mayol se integre dentro de los distintos equipos de trabajo del comando de Beatriz Sánchez.

Somos una coalición política muy joven y el futuro en cuanto a posicionamiento está solo a unos meses de distancia. Debemos volver a plantear nuestra estrategia inicial, que nuestra candidatura presidencial fuera capaz de extender y abrir el conocimiento del Frente Amplio para lograr una bancada propia y una presencia territorial mayor, que siembre las bases de un proyecto de mediano y largo plazo para transformar Chile. Aquí es cuando debemos pensar la campaña presidencial como un proceso que levante la posibilidad de consolidarnos como una fuerza consistente, poniendo en concordancia nuestro esfuerzos locales/distritales (candidaturas a CORE, diputados y senadores) con los de nuestra figura presidencial. Lo principal será generar un mayor empoderamiento al trabajo territorial que están haciendo hoy los comunales del Frente Amplio, donde el comando presidencial debe trabajar codo a codo a nuestras candidaturas locales.

Tendremos que exigirnos el doble en capacidad de despliegue, orgánica y política. Al mismo tiempo, debemos volver a un tono crítico, más confrontacional y firme sobre el modelo actual, un sistema económico devastador, carente de derechos sociales mínimos, impuesto por una derecha autoritaria y consolidado con la falsa promesa de alegría de la Concertación/Nueva Mayoría.

El futuro nos depara una gran tarea: llegar a sectores donde la elitización del Frente Amplio no lo permite; cientos de comunas cooptadas por la Nueva Mayoría y Chile Vamos producto del clientelismo político o desmovilizadas por la despolitización. Esta es una labor a largo plazo, donde lo principal será impulsar una nueva forma de hacer política, sin clientelismos ni caudillos y que sea capaz de integrar a los distintos sectores sociales excluidos de la política sea: trabajadores, mujeres y madres, pobladores, la tercera edad.

 

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