“Libros sin IVA”: cuando el remedio puede ser peor que la enfermedad

Te invitamos a leer la columna de Amaro Oróstica, militante activo del territorio Ñuñoa-Providencia

De un tiempo a esta parte, se ha promovido una campaña llamada “Libros sin IVA” (como este video), en la cual, tal como indica su nombre, se busca quitarle el IVA (Impuesto al Valor Agregado) a la venta de los libros. De esta manera, teóricamente, la campaña busca lo siguiente:
Valor del libro sin IVA: $10.000.
IVA: $1.900.
Valor del libro + IVA (valor con el que sale a la venta): $11.900.
De esta manera, esta campaña pretendería que un libro sin IVA salga a la venta por un precio de $10.000 en vez de $11.900.
La idea de este artículo es pretender demostrar por qué proponer esto es un error, en primer lugar, por desconocimiento, y en segundo lugar, porque puede crear consecuencias aún más perniciosas para lo que se busca, que es bajar el precio de los libros. Además, parece basarse en algunos supuestos erróneos, que también serán analizados a continuación.
I.- El Impuesto al Valor Agregado: explicación simple de su estructura y funcionamiento en el sistema tributario chileno.
El IVA, como su nombre lo dice, es un impuesto que se aplica al “valor agregado” de un producto que sale a la venta en el mercado, y su tasa actualmente es de un 19%.
¿Qué es el valor agregado? Es el valor extra que el vendedor de un bien determinado le otorga al producto que vende, en relación al valor por el cuál lo adquirió.
Para explicar cómo funciona el sistema impositivo del IVA, tomaremos como ejemplo la que, de forma estándar, sería el proceso de producción y venta de un libro, sólo en cuanto al papel.
1)    Una forestal le vende madera a una celulosa por $(X+ 19X/100), en donde “X” es el precio que la forestal vendió la madera (precio determinado por el costo de plantar los árboles, talarlos, tratarlos, etc., más la utilidad legítima que pretenda obtener de la venta).
2)    La celulosa toma esta madera, con ella produce papel a un costo determinado “Y”, y finalmente le vende todo el papel producido a partir de la madera original a una editorial, por el precio $(X+Y)+19(X+Y)/100, en donde este último valor es el IVA agregado tanto de lo que pagó la celulosa por comprar la madera, como por el valor al cual vende el papel a la editorial, más la utilidad legítima que pretenda obtener de la venta.
3)    Luego, la editorial produce los libros a un costo determinado más la utilidad pretendida “Z”, vendiéndoselos a una librería por el precio proporcional por el precio $(X+Y+Z)+19(X+Y+Z)/100.
4)    Finalmente, la librería, considerando los gastos en que debe incurrir para mantener el local más la utilidad pretendida “A”, vende cada libro en el valor proporcional que corresponda a $(X+Y+Z+A)+19(X+Y+Z+A)/100.
De esta manera, el valor final del libro que compra el lector incluye todo el costo de su cadena de producción, la utilidad que cada actor en la cadena productiva le ha incorporado al precio de venta de su producto, y el 19% de la suma de los dos valores anteriores. Y esto es un ejemplo muy simplificado del proceso productivo del libro, dado que para hacer uno no sólo se necesita papel, sino otros insumos (tinta, empastado, etc.), todos los cuales también tienen una cadena productiva análoga a la del papel, lo que incrementa aún más el costo.
Como podemos ver, cada actor de la cadena productiva pagó el respectivo IVA del insumo que compraron para en definitiva llegar a la producción de un libro, el cual se fue acumulando al valor agregado que cada actor se le daba, hasta que finalmente llegó al consumidor, que le pagó el 19% acumulado al último vendedor.
Sin embargo, todos los participantes de esta cadena productiva tienen derecho a lo que se llama “Crédito Fiscal” (en adelante “CF”), que funciona de la siguiente manera:
1)    El consumidor (lector) le pagó el 19% acumulado $19(X+Y+Z+A)/100 a la librería. Esta librería tiene que pagarle este valor al Fisco;
2)    La librería le pagó $19(X+Y+Z)/100 a la editorial. La editorial debe pagarle este valor al Fisco;
3)    La editorial le pagó $19(X+Y)/100 a la celulosa. La celulosa debe pagarle este valor al Fisco;
4)    La celulosa le pagó $19(X)/100 a la forestal. La forestal tiene que pagarle este valor al Fisco;
Como podemos ver, lo extraño de esta situación es que cada actor del mercado, a excepción de la forestal, pagaron el 19% ajeno a su propio valor agregado de venta dos veces (al vendedor anterior por la compra, y al Fisco por el impuesto). Y es aquí donde entra en juego el CF, ya que permite a cada actor del proceso recuperar después del periodo tributario aquél valor por el cual le pagó tanto al Fisco (a la hora de pagar el impuesto) como al vendedor anterior (por la compra del insumo). De esta forma, con el CF:
1)    La librería, de lo que pagó, recupera mediante CF $19(X+Y+Z)/100, pagando en definitiva sólo $19(A)/100 (el 19% de $A), valor agregado al momento de vender el libro al consumidor;
2)    La editorial recupera mediante CF $19(X+Y)/100, pagando en definitiva sólo $19(Z)/100, los que ya recibió de la librería;
3)    La celulosa recupera mediante CF $19(X)/100, pagando en definitiva sólo $19(Y)/100, los que ya recibió de la editorial;
4)    La forestal no tiene CF –por ser el primer vendedor de la cadena productiva-, y productor del insumo básico-, por lo que paga en definitiva los mismos $19(X)/100 que pagó originalmente, los que ya recibió de la celulosa.
De esta manera si sumamos los valores que, tras la aplicación del CF, finalmente pagaron la librería, la editorial, la celulosa y la forestal por concepto de IVA, obtenemos que el impuesto pagado fue de $19(X+Y+Z+A)/100, el que, como podemos ver, fue el precio que pagó el consumidor final como extra al valor mismo del libro (X+Y+Z+A). De este modo fue el consumidor el que, en términos prácticos, pagó el IVA, siendo los actores productivos y el vendedor final sólo el medio por el cuál el Fisco recaudó este impuesto.
II.- Quitarle el IVA a los libros: simplemente desplazar la cadena productiva y de venta.
Tras el análisis anterior del sistema impositivo del IVA, a continuación analizaremos las consecuencias de quitarle el IVA a los libros.
Habíamos establecido que la librería del ejemplo pagaba $19(X+Y+Z)/100 por concepto de IVA, y una vez aplicado el CF sólo terminaba pagando $19(X+Y)/100. De quitarle el IVA al libro que vende, se produce el siguiente efecto:
Precio de venta libro con IVA: $(X+Y+Z+A)+19(X+Y+Z+A)/100.
Precio de venta libro sin IVA: $(X+Y+Z+A).
Esto, evidentemente, resultaría beneficioso para el consumidor final, porque efectivamente el valor de compra sería un 19% más barato. Sin embargo, este escenario es tan beneficioso como imposible, dado que la librería ya habría pagado el IVA anterior a la editorial, y de venderle el libro sin IVA al lector tendría que soportar el IVA pagado a la editorial.
De esta manera, lo que racionalmente ocurriría en este escenario es que la librería cargaría este valor del IVA ya pagado a la editorial al precio final de venta al lector, ya que sería la librería la que pasó a tomar el papel del consumidor final, y por ende pagando en la práctica todo el impuesto, por lo que el precio del libro debiera ser el mismo que si se vendiera con IVA, salvo el IVA correspondiente al valor agregado que la librería le diese al libro a vender.
Como vemos, en este escenario (que sigue siendo teórico) el libro tiene un valor un poco menor que si tuviera IVA –la diferencia sería de $19(A)/100-, pero ahora hay que incorporar otro fenómeno: los incentivos de la librería para subir los precios.
Nada impediría que la librería agregase aquél $19(A)/100 o un monto superior al precio, pero no como IVA, sino como utilidad (que es parte del valor agregado), por lo que el precio final de venta del libro no disminuiría en relación al precio que tendría si se vendiese con IVA, e incluso sería susceptible de aumentar. Y además, como este precio final de venta no estaría gravado con IVA, todo el valor agregado que la librería le dé al libro para vendérselo al consumidor no estaría gravado con el 19% del IVA, por lo que el Fisco perdería ese $19(A)/100 o monto superior que le agregue el vendedor.
Conclusiones.
 En primer lugar, quitarle el IVA al libro no general el efecto deseado: bajar el precio de los libros (o, en el mejor de los casos, sería sólo una baja marginal), dado que, como ya analizamos, en un escenario ideal esta baja de precios sólo sería marginal, y dado el cómo suele funcionar el mercado, aspirar a esta baja marginal de precios resulta una quimera, siendo más factible que –bajo los argumentos que analizamos- los precios de los libros se mantengan o aumenten si se les elimina el IVA. La única manera de lograr algún efecto en el precio de venta final sería eliminando el IVA como impuesto, o rebajando su tasa pero en términos generales, porque si sólo se establece un IVA diferenciado para la venta de libros se produciría exactamente el mismo problema ya explicado en este artículo, pero por el porcentaje restante para llegar al 19%.
Por otro lado, quitarle el IVA al libro también resulta en detrimento al Fisco, ya que al vendedor final no se le gravaría el valor agregado que le dé al libro, lo que a todas luces resulta pernicioso para las arcas fiscales, que basan en el IVA (cuya idea es gravar toda la cadena de venta) buena parte de sus ingresos.
Asimismo, parece ser simplista que la falta de lectura en este país se deba única y exclusivamente a los altos precios de los libros. En ese sentido, analizar las causas principales sería materia de otro artículo, que aborde el tema desde un prisma multidimensional, lo que no es objeto de esta columna.
Quienes fundan su propuesta de quitarle el IVA a los libros aduciendo a experiencias comparadas cometen el error de no tomar en cuenta que la estructura tributaria de otros países es distinta a la chilena, y además, de no tomar en cuenta las características del mercado de los libros en Chile, lo que también daría para otro análisis.
Finalmente, si lo que se busca es bajar el precio de venta de los libros, habría que llevar a cabo otros cambios, existiendo varias alternativas, lo que se explicará en la próxima columna sobre el tema. Aun así, ninguna “solución” que se le dé al problema de los precios de los libros resulta perfecta, porque, tal como se explicará también, cada alternativa trae aparejada una serie de otros problemas.