Llegó el momento

Lee la columna de Pablo Vidal, Coordinador Territorial de Revolución Democrática, sobre el movimiento estudiantil

El movimiento secundario del 2001, la revolución pingüina el 2006, el movimiento estudiantil de 2011 y la agenda pública actual del gobierno y la oposición nos permiten sacar 2 conclusiones certeras: 1) los 3 procesos están absolutamente conectados entre si, son 3 generaciones consecutivas de estudiantes levantando un debate similar, que aunque varió en sus demandas, no lo hizo en sus banderas de lucha; y 2) Los estudiantes han demostrado tener la capacidad de instalar sus demandas en la agenda pública, incluso de lograr cambios hasta de leyes orgánicas constitucionales, pero la pelota siempre termina pegando en el palo, no se ha soltado el grito de gol, está ahogado, ¿por qué?
 
El 2001 el foco era el pase escolar y arancel diferenciado, el 2006 el fin de la LOCE y el sistema de acceso y el 2011 la gratuidad y la calidad. ¿Por qué el 2006 los estudiantes pedíamos arancel diferenciado y el 2011 pidieron gratuidad? ¿Cambiaron de opinión o solo estaban tirando el tejo pasado? Lograron acabar con la LOCE para dar paso a la LGE, pero no se solucionó ninguno de los grandes problemas de la educación chilena,  ¿Qué pasó? El 2005 se lanzó con bombos y platillos el Crédito con Aval del Estado, en ese momento parecía una buena idea, hoy constatamos que solo fue un excelente negocio para los bancos y un pésimo negocio para el Estado, y de los estudiantes y la calidad de la educación seguimos sin hablar nada. Hoy las Universidades del Consejo de Rectores han incorporado el ranking como predictor de calidad pero la gran mayoría de las Universidades Privadas, IPs y CFTs siguen sin exigir estándares mínimos de calidad a sus futuros estudiantes, nuevamente, ¿Qué pasa?
 
Los estudiantes pudieron haber celebrado cuando lograron los cambios respecto al pase escolar o cuando la Presidenta Bachelet anunció que iba a mandar un proyecto de ley que remplazaría la LOCE y que convocaría a un Consejo Asesor Presidencial, pero no lo hicieron. Los estudiantes sabían que les “estaban pasando la máquina”.
De todo lo que ocurrió el 2011 es poco lo que se puede agregar, aun está fresco en la memoria colectiva, pero al final, que el eje central de la agenda pública hoy esté en la Educación, que el tema más importante de los debates presidenciales del próximo año sea la educación es nuevamente un triunfo del movimiento estudiantil, entonces me pregunto nuevamente, ¿Por qué no nos sentimos orgullosos de estos avances? ¿Por qué no los celebramos?
 
Es evidente porque, y probablemente ustedes lo percibieron en las primeras líneas de esta columna, la razón por la que la pelota siempre pega en el palo, la razón por la que no hemos podido celebrar es que no nos sentimos orgullosos de lo que hemos logrado, pero lo más desgarrador es que no nos sentimos culpables, hemos hecho lo que hemos podido, pero hemos chocado siempre con el mismo muro, la institucionalidad democrática chilena es poco representativa, no confiamos en nuestra clase política, no le creemos a nuestros representantes, sentimos que ellos tienen demasiados “favores” que devolver y nos molesta que se olviden que sin nuestros votos jamás habrían ocupado esos sillones, no ganarían esos sueldos y no tendrían esas tribunas.
 
No quiero dejar la sensación de que el movimiento estudiantil está lleno de triunfos morales que se debieron celebrar, sino todo lo contrario, creo que el movimiento estudiantil perdió todos sus partidos, porque el arbitro siempre les robó el triunfo al final del partido, los estudiantes pidieron antes del partido que no los dirigiera Osses, porque sabían lo que iba a pasar, sabían que los presidentes de partidos políticos terminarían tomándose las manos y levantándolas al cielo en una de las imaginas más bizarras de los últimos años, jugaron igual, dieron lo mejor de si, pero el penal trucho volvió a caer al final y se repitió la historia, una y otra vez, pero esto se tiene que acabar de una buena vez.
 
Llegó el momento de crecer, llegó el momento de que el movimiento estudiantil  se transforme en un movimiento político y social, llegó el momento de que los dirigentes estudiantiles salgan al pizarrón y nos hagamos cargo del problema que tanto hemos denunciado.
Tenemos que dejar nuestro miedos y reparos atrás, llegó el momento de que los Giorgios Jackson, Camilas Vallejos y Camilos Ballesteros salgan adelante y nos hagamos cargo de este país que tanto queremos y que tanto nos duele.