Michelle Bachelet: entre abrir o no abrir un nuevo ciclo político para Chile

Es necesario generar nuevas mayorías que en la práctica permitan avanzar hacia los cambios estructurales que Chile necesita; una nueva mayoría que no necesariamente sea parte de un gobierno de Michelle Bachelet, pero que comparta una plataforma programática.
Por Francisco Letelier Troncoso, sociólogo. Carla Estrada, periodista.
Después de las elecciones primarias, dirigentes y candidatos del eje PPD-PS-MÁS-PC-IC-PDC-PRSD han estado haciendo diversos cálculos para vincular su trabajo y presencia a los votos obtenidos por Bachelet en cada comuna. Como ha ocurrido antes, la clase política intentará vincularse a un capital político y simbólico que le pertenece solo marginalmente. Así, los voceros nacionales y locales no escatimarán esfuerzos en utilizar la votación obtenida por la candidata para traer agua cada uno a su propio molino. ¿Podría ser de otra manera? No, porque ante la precariedad de la capacidad de los partidos para conectarse y representar a los ciudadanos, el triunfo de Bachelet significa un nuevo madero al cual aferrarse, una ilusión de adhesión y legitimidad.
Lo cierto es que la vinculación simbólica y emocional de un importante sector de la ciudadanía con Michelle Bachelet no tiene mediación. Es directa. Esta adhesión se activó el domingo 30 de Junio ante la sombra de figuras como Allamand y Longueira y sobre todo, con el malestar que para muchos ha significado un gobierno de derecha encabezado por Piñera, figura carente de toda simpatía y cercanía. No existe aquí, necesariamente, un voto ideológico, sino más bien uno que expresa la aspiración por un tipo de liderazgo como el que representa la ex mandataria: cercano, poco rebuscado, emotivo, cálido.
En su primera experiencia como presidenta, Bachelet no logró (o no quiso, no lo sabemos), constituir un liderazgo vinculado a un proyecto de transformación. Liderazgo y proyecto anduvieron desacoplados. Hoy, cuando los partidos políticos tradicionales y su manera de hacer la política están desacreditados; cuando los ciudadanos y movimientos sociales están más empoderados; y cuando la derecha, enfrascada en su propia crisis matrimonial, ha demostrado no tener capacidad de convocar a la sociedad, la ex presidenta tiene más posibilidades de ejercer un liderazgo con proyecto político que ayer. Y, en la misma medida, más oportunidades de abrir un nuevo ciclo político que camine hacia interpretar mejor las aspiraciones de mayor igualdad, más democracia y menos abusos que, creo, pese a no constituir una crítica sistémica, están en la mayoría de los chilenos y chilenas.
¿De qué depende que se abra este nuevo ciclo político? Primero, de la voluntad de Bachelet para liderarlo. Segundo, de que al interior de los partidos de la Nueva Mayoría se produzca un debate amplio y diverso acerca de lo que implica el rol de la política y sus prácticas en el escenario del Chile actual. Tercero, de que figuras como Velasco mantengan un espíritu crítico en su relación con la política tradicional y pongan su capital a disposición de la construcción de nuevas formas de representar a los ciudadanos; y cuarto, de que los nuevos movimientos políticos y partidos con vocación progresista que están fuera de la Nueva Mayoría, perciban que existe un escenario apropiado para que en los próximos cuatro años efectivamente se inicie un nuevo ciclo político.
Un nuevo ciclo implica necesariamente abrir nuestra democracia a una nueva Constitución, construida entre todos, la cual, como señalara F. Atria recientemente en el Ex Congreso, “genere una cancha no tramposa: que los que ganen, ganen; y los que pierdan, pierdan”. Se debe sumar el recambio, generacional o no, de los liderazgos que están vinculados con una mala forma de hacer política; así como una modificación sustantiva no sólo del sistema electoral, sino también de los mecanismos de financiamiento de la política. La ciudadanía, por otra parte, pide participación, y aunque la ex Concertación no estuvo a la altura con su negativa a realizar primarias parlamentarias, no es tarde para que Bachelet demuestre que está dispuesta a generarla, a través de reformas institucionales largamente pospuestas.
Desde luego, esta agenda requiere de una gran mayoría en el parlamento, y para eso se necesita más que sólo la ex Concertación y el PC. Michelle Bachelet lo sabe. La derecha también lo sabe, y por ello se volcará por entero a la disputa parlamentaria. Es condición necesaria, entonces, generar nuevas mayorías que en la práctica permitan avanzar hacia los cambios estructurales que Chile necesita; una nueva mayoría que no necesariamente sea parte de un gobierno de Michelle Bachelet, pero que comparta una plataforma programática que permita derrotar las barreras que hoy constriñen nuestro desarrollo democrático.
Hoy, la primera palabra la tiene Bachelet. Un gesto que, ciertamente, podría gatillar un escenario positivo, sería el compromiso con un plebiscito en el que los ciudadanos y ciudadanas decidamos si queremos una nueva Constitución, y cuál es la forma a través de la cual queremos construirla. El camino contrario sería el de un nuevo gobierno de la Concertación (ahora con el PC); y de una centro derecha que, finalizada la elección presidencial, seguramente tomará el rumbo de la renovación ideológica y de liderazgos que la harán más competitiva. Para los actores políticos de izquierda externos al gobierno, el desafío será, en ese contexto, trabajar seria y articuladamente en la construcción de una tercera fuerza política.
Fuentewww.theclinic.cl