Columna | Muralismo, arte y política

Por Luis Henríquez Rojas (Mico), coordinador del Frente Muralista RD.

El muralismo como medio de expresión, propaganda y acción politica tiene en Chile una rica historia: se inicia con la llegada al país del maestro mexicano David Alfaro Siqueiros, que pinta un mural en la biblioteca de la escuela República de Mexico en la ciudad de Chillán en 1940, junto con un grupo de ayudantes artistas chilenos. Este mural, llamado “Muerte al Invasor” puede ser llamado en justicia el primer mural político realizado en el país, su influencia se extiende hasta la llegada de otro artista azteca, Jorge González Camarena, que en 1964 pinta otro gran mural en la Pinacoteca de la Universidad de Concepción, llamado “Presencia de America Latina”.

En 1968 aparece la primera brigada muralista: las Juventudes Comunistas (JJCC) para impulsar la precandidatura del Pablo Neruda a las eleciones presidenciales de 1970, fundan la Brigada Ramona Parra (BRP); luego surge la Brigada Elmo Catalán (BEC) del P.S. y la Brigada Camilo Torres (BCT) de la Izquierda Cristiana, en 1971.

El Golpe de Estado de 1973 trunca este proceso creciente del muralismo politico, todos los murales son borrados y los brigadistas pasan a la clandestinidad.

Hacer invisible la obra de las brigadas muralistas fue un claro intento de la Dictadura de hacer desaparecer de la memoria colectiva el legado del gobierno popular, de sus luchas y sus conquistas. Pero este vano empeño destructor, transformó estas imágenes en los más potentes símbolos de la Resistencia a la Junta Fascista.

Fue así que los murales cubiertos de pintura gris, reaparecieron en panfletos, afiches, lienzos, escenografías y postales, transformándose en imagen viva de la resistencia dentro de Chile y de la solidaridad internacional en el exilio.

Durante las masivas protestas que se inician en mayo de 1983, la confección de murales en las poblaciones eran el testimonio concreto de la creciente capacidad de lucha y de organización del pueblo y los partidos de izquierda. Borrados al día siguiente, estos murales volvían porfiadamente a reaparecer cada día de protesta, cada 1º de mayo, cada 11 de septiembre.

La campaña del Plebiscito de 1988 abre mas espacios públicos para la oposición a Pinochet, se realizan masivos actos públicos y en este contexto las brigadas muralistas extienden su acción de propaganda, llamando a rechazar la continuidad del dictador. El muralismo es un patrimonio vivo de la izquierda chilena, tiene hoy un lugar en el corazón del pueblo y es un instrumento de acción político-cultural poderoso y eficaz.