¡Nunca Más otro Daniel Zamudio!

Otra vez, un joven homosexual, pobre, mapuche (triplemente discriminado) es brutalmente agredido por otros jóvenes, también pobres, en una zona marginal de Santiago, dejándolo en extrema gravedad. ¿Motivo? Su condición sexual. Las distintas versiones sobre el hecho concuerdan en que ése habría sido el móvil.
Por Coral Pey G., Miembro activo Revolución Democrática Territorio La Reina-Peñalolén.
El atentado que sufriera Esteban Navarro Quinchevil la madrugada del domingo en un sector poblacional de Peñalolén nos trae a la memoria de inmediato el bullado y estremecedor caso de Daniel Zamudio (que inspirara incluso una ley, actualmente vigente) ocurrido a fines de marzo de 2012. Otra vez, un joven homosexual, pobre, mapuche (triplemente discriminado) es brutalmente agredido por otros jóvenes, también pobres, en una zona marginal de Santiago, dejándolo en extrema gravedad. ¿Motivo? Su condición sexual. Las distintas versiones sobre el hecho concuerdan en que ése habría sido el móvil.
La prensa también habla de que, tras proferirle diversos insultos, relativos a su homosexualidad, seis sujetos lo golpearon brutalmente y luego lo atacaron con un machete, cuchillos y trozos de plancha de pizarreño. El resultado fue que el joven se encuentra en estado de extrema gravedad.
Y, entonces, uno no puede dejar de preguntarse si lo que se está haciendo como sociedad es suficiente: y no, claramente no lo es, porque los atentados siguen ocurriendo. El tema del “otro” pareciera ser lo que está en juego. Pero no cualquier otro, sino que el otro visto con menosprecio: peruanos, bolivianos, ecuatorianos (no franceses, alemanes o estadounidenses); gays; mujeres (los casos de femicidio aumentan año a año); migrantes (fomentada irresponsablemente por declaraciones de ilustres de la derecha; niños, con el incremento progresivo de casos de “bullying”, que adquieren nuevas formas, como el “ciberbullying”; y ancianos, entre otros grupos.
Pese a que todas estas formas de discriminación nos golpean como sociedad, solemos ocultarlas, por lo menos en el escenario electoral: las banderas antidiscriminación, por la tolerancia y diversidad (que forman parte de los “derechos civiles”) no suelen estar presentes en los discursos de los candidatos de la no derecha, salvo honrosas excepciones. La frase “el matrimonio es entre un hombre y una mujer” que repite el conservadurismo representado en la Alianza y el PDC, nos muestra la influencia que aún mantiene la Iglesia Católica y lo poco modernos que somos en estas lides. Al respecto, el extremo de las actitudes discriminatorias y xenofóbicas lo expresó recientemente uno de los candidatos de la Alianza, Pablo Longueira, quien pretende restringir los derechos de los inmigrantes irregulares.
De ahí la importancia de la frase de Giorgio Jackson al comienzo de Tolerancia Cero, cuando cuenta que participó en la marcha del orgullo gay (sábado 22) y que apoya la libertad de las parejas del mismo sexo en el tema de la adopción. Sería deseable que el tema de la libertad y la igualdad (los dos grandes paradigmasque parecieran guiar el discurso de la actual oposición) fuera asumido por las candidatas y candidatos en sus diferentes dimensiones. Y que “el derecho a decidir” sea una de las batallas de noviembre. Sobre todo, si consideramos la “integralidadde los derechos”, y su carácter indivisible e interdependiente, señalados en diferentes pactos y convenciones internacionales.