Pedro no se va

Hoy en la mañana un sentimiento de ausencia se fue multiplicando a medida que abríamos los ojos a la noticia del lamentable fallecimiento de nuestro querido Pedro Lemebel.
Fuimos muchos y muchas quienes crecimos leyéndote en la adolescencia ingrata de la diferencia, tantos y tantas refugiadas entre tus hojas neobarrocas, cuantos y cuantas contagiadas por ese loco afán incandescente de tu noche interminable, imaginando el amanecer abrazados contigo en un enjambre dorado de alitas rotas.
Luchaste en los tiempos más oscuros de este país, sobreviviste y nos hablaste de esa lucha. Escribiste en nosotros lo que nadie contaba, lo que la literatura de “hombres” calla por vergüenza o porque no conoce.
Nos diste vuelta el closet cuando algunas pensamos quedarnos ahí, presos de miedo para siempre. Nos animaste a la valentía de soñar un pedacito de cielo rojo donde poder volar. Nos enseñaste a escribir con los ojos como decías tú, a hacer arqueología poética donde los demás solo vieron ruinas.
Pedro es una crónica viviente que atraviesa la periferia como un cuchillo, mostrando los recovecos siniestros y hermosos donde se juega la vida. Una crónica desbordante rondando algunos machitos en alguna esquina donde dejamos amarrado el corazón. Una crónica escupiendo a un político facho insoportable. Pedro es la crónica brillante en la joyería opaca de las letras vacías, y no se va, se queda con nosotros. Pedro no se va porque con él aprendimos a no olvidar. Pedro no se va porque la noche aún guarda callejones oscuros. Pedro no se va porque aún queda mucho por luchar. Pedro no se va porque el deseo seguirá despertándonos todas las mañanas, y en ese deseo estarás querido, el deseo que nos acompaña siempre en nuestro matancero errar.
Texto de Fabián Farías