Valparaíso: Lecciones de una tragedia

Hoy se respira desolación, pero al mismo tiempo esperanza, los vecinos vuelven a organizarse, a vivir con el otro en comunidad, a prestar ayuda de forma desinteresada, desafiando a un sistema que a través de los años lamentablemente nos había hecho olvidar el sentido de la vida misma.

Por Hernán Araya, Coordinador Territorio Valparaíso
Ha pasado poco más de una semana desde que un voraz incendio azotara con fuerza a los cerros San Roque, Rodelillo, Los Placeres, y en general a la comunidad porteña, el que dejó un saldo de 284 casas destruidas y cerca de un millar de personas sin hogar.
Sin embargo, a pesar a la gravedad del hecho, y a la amplia cobertura e interés manifestado por parte de los medios de comunicación, tanto nacionales como locales, sobre la realidad que vive la parte alta de Valparaíso, ha comenzado a ocurrir lo que ya hace un par de días se temía, quedar como una noticia más del verano y olvidar las lecciones que deberíamos sacar de esta tragedia.
El centralismo en sus múltiples dimensiones, y un Festival de Viña del Mar como icono de la finalización de la época estival (que paradójicamente se efectúa a escasos minutos del área del siniestro), han invisibilizado aquella realidad por la que hoy atraviesan los cientos de damnificados.
Es por ello que después de unos días, y ya cumplida la primera etapa de trabajos en la zona afectada, se hacenecesario reflexionar acerca de las tareas que le siguen a este trágico suceso, y las lecciones que ha sido posible aprender gracias al mismo.
Desigualdad. Mientras las llamas comsumían velozmente los pastizales que cubrían las faldas de los cerros, varios grifos no funcionaban, y carros-bomba que se acercaban al lugar eran apedreados por desconocidos, los cuales aprovechando el caos reinante no tardaron en intentar obtener cualquier enser de valor a través del saqueo. Ante ello, vecinos del sector no dudaron un segundo en apuntar como responsables a jóvenes provenientes de sectores periféricos de la ciudad, sin embargo, tal conducta no es más que es la consecuencia de la segregación y desigualdad que caracteriza a los sectores altos del borde costero de la región, en los que se ha concentrado parte importante de la población socioeconómicamente más vulnerable, abandonada a su suerte por parte del estado, y carentes de servicios básicos de calidad para la satisfacción de necesidades tan sensibles como salud, vivienda o educación.
Negligencia. En diciembre de 2012, el jefe de emergencias de la municipalidad de Valparaíso Ricardo Valdés, hizo entrega de un informe al concejo municipal de la ciudad alertando sobre eventuales riesgos que correrían los cerros de la misma, ante lo cual señaló: “… yo creo que este año, espero equivocarme, vamos a tener serios problemas con los incendios forestales”. A ello, se sumó que hasta aquel entonces la labor de desmalezamiento y cortafuegos programada se encontraba ejecutada tan sólo entre un 5% a un 6% de su totalidad. Además, y en la misma sesión, quedó de manifiesto la preocupación sobre el estado de mantención de los grifos de la ciudad.
Ante tales antecedentes cabe preguntarse, ¿era posible prevenir éste y otros siniestros ocurridos durante los últimos meses en la comuna? Pese a labor en terreno, lenta y desorganizada en un comienzo, y al interés manifestado por el municipio y el gobierno regional en dar solución a las problemáticas de las familias afectadas, es fundamental llevar a cabo un proceso de evaluación de la gestión, e incluso de eventuales responsabilidades y negligencias de los agentes públicos responsables de las labores de prevención y seguridad de los habitantes de la ciudad.
Responsabilidad. Al día siguiente de ocurrida la tragedia, el fiscal Victor Ávila confirmaba las sospechas: el incendio habría sido provocado por la acción del hombre. Los peritajes apuntaban a que el suceso habría comenzado en terrenos en los que hoy se construye un edificio por la constructora RVC, ante lo cual la empresa no tardó en reaccionar, descartando prematuramente y de plano que el fuego haya sido originado por la acción humana, y en especial por alguno de sus trabajadores. Sin embargo, el día sábado 16 de febrero por la mañana, Carlos Rivas, trabajador de RVC era detenido, quién confesó que una chispa cayó sobre la seca y combustible maleza, producto de un trabajo realizado con un esmeril, por lo que pasó a convertirse en el único formalizado como responsable del hecho, quien horas más tarde, señalaría presiones por parte de RVC para no confesar de inmediato.
A pesar de que el proceso aún sigue su curso, y que probablemente deban pasar varios meses, incluso años, para conocer a él o los responsables de los hechos, es de esperar que el desenlace judicial del mismo no guarde similitud a lo acontecido en el caso del desplome del edificio Alto Río durante el 27/F, en el que el ingeniero calculista René Petrinelli resultó como único responsable tanto penal como civil, más no así la empresa constructora, resultando impracticable el pago de una indemnización a las víctimas por más de 1800 millones de pesos. Sería una nueva tragedia que la empresa constructora RVC no respondiera civilmente a través de indemnizaciones a las víctimas del siniestro, todo ello considerando que la naturaleza del accidente fue laboral, mas no el producto de la labor individual del trabajador.
Solidaridad. Pese al desolador diagnóstico de la situación, afortunadamente no todo es pesimismo en los cerros de Valparaíso. No había pasado una hora de iniciado el siniestro cuando cientos de voluntarios manifestaban interés en prestar su ayuda, ya sea a través de la entrega de insumos en improvisados centros de acopio, la rápida reacción de las Federaciones de Estudiantes de la región de Valparaíso, o por medio de las redes sociales, organizando actividades, salidas a terreno y recolección de artículos, construyendo de forma involuntaria una verdadera red de fraternidad y compañerismo, en torno a la tragedia vivida por ciudadanos anónimos.
Hoy se respira desolación, pero al mismo tiempo esperanza, los vecinos vuelven a organizarse, a vivir con el otro en comunidad, a prestar ayuda de forma desinteresada, y a recibir la misma sin desconfianza ofrecida por parte de cientos de héroes anónimos, desafiando a un sistema que a través de los años lamentablemente nos había hecho olvidar el sentido de la vida misma.
Publicado en: www.eldinamo.cl