Columna | La crisis de los Derechos Humanos en Peñalolén

Miguel Concha, candidato a Alcalde por Peñalolén.

El despertar del 18 de octubre y la pandemia no sólo instaló la necesidad de repensar nuestro modelo de desarrollo de los últimos 30 años, sino que también posicionó con fuerza la importancia de los derechos humanos a la hora de avanzar hacia el desarrollo de sociedades más inclusivas, democráticas y cohesionadas. Una de las preguntas que más se ha repetido durante los últimos meses es: ¿Cómo se garantizan los derechos humanos en un modelo que segrega, divide y discrimina según el ingreso socioeconómico de las familias?

La respuesta a esta pregunta es una tarea particularmente difícil si la leemos desde Peñalolén, comuna donde la segregación y las violentas divisiones de clases afectan la  dignidad de los barrios y las oportunidades de crecimiento de muchos vecinos y vecinas. Y es que en Peñalolén la dignidad está lejos de ser una costumbre y no es novedad que la comuna se haya transformado en una de las zonas emblemáticas del estallido y las vulneraciones a los derechos humanos. 

¿Cómo enfrentamos esto? Lo primero es escuchar. Junto a un grupo de militantes, voluntarios, vecinos y vecinas, hemos recorrido la comuna sin descanso, hablado con las gente, viendo en terreno sus problemáticas y entendiendo el dolor y los miedos que les producen años de segregación, abandono y vulneraciones por parte del Estado. Desde esa relación horizontal, franca y honesta, hemos podido fortalecer los diagnósticos: hablar de seguridad en los barrios es hablar de dignidad. Hablar de limpieza, iluminación e infraestructura es hablar de dignidad. Hablar de las constantes carencias es hablar de Derechos Humanos (DDHH), y estos derechos -o falta de ellos-  se acentúan, se sienten y se dejan de esconder cuando el pueblo se organiza y los grita con fuerza.

Carolina Leitao, alcaldesa de la DC que pretende gobernar la comuna por 12 años, es la cara de un municipio desgastado, que ha abandonado los barrios y ha guardado un silencio doloroso frente a las múltiples violaciones a los  DDHH producidas en Peñalolén. Durante el estallido social constatamos vulneraciones y torturas en los cuarteles de carabineros de la comuna. El silencio por parte de la alcaldesa y de la Democracia Cristiana en su conjunto fue la primera reacción, consecuente con el declive de una gestión municipal ausente que está políticamente desconectada de la realidad y los problemas diarios de la gran mayoría de peñalolinas y peñalolinos. 

Para hablar de DDHH digamos: ¡basta ya! No normalicemos las malas gestiones municipales. No lleguemos a invisibilizar la injusticia ni la falta de dignidad en los hogares más pobres de nuestro país. Seamos fiscalizadores y hagamos ruido, porque hacer ruido nos mantiene despiertos para que las cosas cambien. Necesitamos de una vez por todas sentar las bases de un Chile más humano. Con derechos sociales garantizados que le permitan a las personas vivir de acuerdo a sus méritos, con igualdad de sueños y oportunidades.  

Pero cada declaración de principios exige coherencia política. Para eso, es necesario desafiar las estructuras cavernarias que limitan las transformaciones que la ciudadanía demanda. Entrar con carácter a la disputa de una sociedad más justa, que entienda que no puede seguir creciendo entre la bonanza de unos y el olvido de otros. Y así, al menos caminar en la dirección de un Chile en el que alguna vez podamos nacer realmente libres en igualdad y derecho.