Columna | Memoria y verdad

Por la Comisión de Derechos Humanos RM.

El olvido lo permea todo. Si lo dejamos, el tiempo lo borra todo. Esto es cierto para las personas y para las sociedades. 

El cerebro humano es experto en olvidar. Asimismo las sociedades también son cerebros que olvidan, muchas veces para evitar el conflicto, evitar la culpa y en otros casos el dolor. Si no recordamos, si no ejercitamos la memoria, podemos perder mucho más que recuerdos. La memoria es a su vez una forma de aprendizaje: conocer, analizar y no olvidar el pasado, es la única forma disminuir el irremediable riesgo de repetir errores en el futuro, la Historia es cíclica.

Debemos proponer el modelo de sociedad que queremos dejar para las nuevas generaciones. Por eso, debemos evitar que el olvido permita que se repitan las condiciones que dan paso al horror. Debemos ocupar el espacio público con historia y pensamiento crítico, con verdad y hechos históricos, disponiendo de espacios para la reflexión sobre las señales que preceden al odio y la violencia política, y las consecuencias que tienen sobre la vida de las personas

Con todo, hay un problema tan profundo como la falta de memoria y es la falta de empatía. No son pocas las personas que públicamente llaman a dar vuelta la página, a perdonar, en definitiva, a olvidar. Ello, a pesar de las miles de personas detenidas desaparecidas, de las causas judiciales aún abiertas y los prófugos que siguen impunes.  

Se pretende que los que los familiares que aún sufren y siguen sin conocer la verdad, miren hacia adelante y pretendan que nada ocurrió. Por Chile, porque es necesario o nos hace mejor. Ello revela una total falta de entendimiento a su dolor, una forma de terminar una forma de violencia que se perpetúa por décadas, a pesar de nuestro sistema democrático.. 

Se habla de “Verdad y reconciliación”, pero sabemos que la verdad no ha llegado para muchas personas. La verdad es necesaria para el perdón. ¿Cómo perdonar a ciegas, sin saber quién, cómo y cuándo perpetró un hecho que genera dolor?. Una vez cumplida las deudas hitóricas del Estado Chile con las víctimas y familiares, la verdad es clave para dar paso a al perdón y reconciliación. 

Para que participemos transversalmente en el compromiso con el recuerdo y para que podamos creer que la vida en sociedad puede ser justa, tomemos la decisión de hablar de nuestra historia en las escuelas y en el espacio público. Es el momento de legislar para que no proliferen los discursos de odio que llaman a la aniquilación de grupos humanos o que nieguen los hechos históricos, que justifiquen la violencia política o que toleren o fomenten el retorno de los momentos más oscuros de nuestra historia, en otras palabras, la incitación al odio y el negacionismo.