Columna: Piñera, esta chaqueta no te queda

El gobierno de Sebastián Piñera nos tiene acostumbrados a renegar de la política. Para él, cualquier postura diferente a sus ideas conservadoras y neoliberales sería “ideológica”, como si las propias no lo fueran.  En ese contexto, decidió mantenerse al margen del llamado a la huelga del #8M y la marcha feminista. En una jugada muy poco hábil, antagonizó con sus organizadoras y en vez de darles respuestas, solo les puso cortapisas.

En una muestra de completa incomprensión de la demanda, el Presidente dijo que la huelga era innecesaria porque con su “Agenda Mujer” todos los problemas quedaban resueltos, y no contentos con eso la Ministra Plá indicó que una paralización iba en sentido contrario a demostrar cómo las mujeres movilizan al mundo.

La arremetida mediática posterior —en un país donde casi la totalidad de los medios están en manos de la derecha— buscó instalar la ruptura del movimiento. Ridiculizaron el petitorio, evidenciaron las banderas que siempre ha enarbolado la izquierda y básicamente le dijeron a las mujeres de derecha: esa huelga y esa marcha no son suyas.

Pero las mujeres despertamos. Llegamos a un límite en el que solo podemos decir basta. No es justo que en el colegio nos preparen académicamente de peor modo que a los hombres; no es justo que nos paguen menos, que no tomen en cuenta nuestra opinión, que no nos dejen ser jefas, que carguemos con la maternidad deseada y con la que no, que tengamos que hacer toda la pega en la casa y que más encima, por haber trabajado gratis, tengamos unas pensiones de miseria. ¿¡Cómo es posible que se crean con el derecho de acosarnos en la calle, de tocarnos sin nuestro consentimiento, de violarnos y de matarnos!?

El Gobierno no entendió que cada mujer en Chile y en el mundo tiene diversos motivos para protestar. Todas. Día a día experimentamos la desventaja que significa ser mujer. Nunca sabremos cuál fue el motivo principal o el mayoritario, pero todas tuvimos al menos uno.

Lo importante es que un mínimo de decencia implica ser consistente y en esto los actores del Gobierno carecen de pudor. Al ver la masividad y fuerza de la marcha más grande de los últimos 30 años, no demoraron en darse vuelta la chaqueta y subirse al carro de la victoria declarando orgullo por aquellas que días antes despreciaron. 

La gota que rebasa el vaso del descaro es la portada de la mujer más conservadora del Gobierno —discípula de un católico fanático, que patologiza la homosexualidad, que se niega a dar soberanía sobre los cuerpos a las mujeres y que se reunió con el misógino de Bolsonaro hace un par de meses—, declarándose “profundamente feminista”. Ni en su sector le creen y la ridiculizan mostrándola en el banal ejercicio de maquillarse. Y aprovechan de degradar la “noble causa”…

Esta payasada que simplemente podría causar risa, da rabia. Da rabia la deshonestidad intelectual, la subestimación de nuestra comprensión y el oportunismo. Seguramente ella identifica y reconoce alguna injusticia que experimenta solo por el hecho de ser mujer. Tal vez genuinamente quisiera erradicarla, pero de ahí a ser “profundamente feminista” hay mucha distancia. Quienes verdaderamente lo somos, seguiremos trabajando para sumar a más a este proyecto político, compartiendo todo lo que implica y sin medias tintas.

Para mayor claridad, comparto esta columna que escribimos con mi compañera del Frente Feminista de la RM, Anita Martínez, el mayo feminista pasado, donde dejamos claro por qué el machismo está en todos lados, pero el feminismo jamás podrá estar en la derecha.