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Columna| Una reforma feminista a la sociedad y la ciencia

Por Karina Tapia Pérez y Valentina Abarca Fuenzalida, Comisión nuevos desafíos del conocimiento RD

Desde los más remotos orígenes de la ciencia, las mujeres han estado presente, pero la invisibilización sistemática de sus aportes a lo largo de la historia ha perpetuado un imaginario social con creencias que las capacidades de las mujeres para este quehacer son inferiores e incluso inexistentes. Han sido talentos ocultos cuando no conscientemente silenciados. La mayoría de las mujeres simplemente no pudieron, durante siglos, expresar o desarrollar su vocación y su talento.

Esta falta de visibilidad o el ninguneo del talento femenino contamina todas las áreas de la ciencia, como también los premios y los reconocimientos públicos (hay 21 mujeres galardonadas en los Nobel de ciencias frente a 688 hombres) y es notorio en todas las disciplinas, desde la investigación científica hasta el deporte. En el ámbito de las ciencias se conoce como “efecto Matilda” a la discriminación sufrida por las mujeres que han visto negadas y ocultadas sus aportaciones a favor de sus colegas y colaboradores masculinos. Cientos de ejemplos del efecto Matilda inundan la historia y se siguen manteniendo y reproduciendo hasta el día de hoy. Ya no podemos seguir tolerando que ese efecto siga propagándose en las niñas.

Es por esto que en esta fecha tan especial, el día internacional de la mujer y la niña en la ciencia, necesitamos visibilizar y crear diversas políticas que cambien rotundamente la situación de las mujeres, entre las cuales serían muy importantes destacar y solucionar: eliminación de la brecha salarial, visibilización de la situación de las mujeres en el mundo científico, falta de protección social, paridad en todos los tribunales de evaluación, arbitrar fórmulas para conciliar maternidad con vida profesional y familiar, educación sin sesgos sexistas, potenciar estudios de las mujeres y de género, aumentar y fomentar seminarios y asociaciones de investigadoras, promover medidas que favorezcan la igualdad (cuotas, fomento de vocaciones científicas, campañas para el cambio de estereotipos de género en la ciencia, etc.), creación de observatorios de Mujer y Ciencia que velen por el cumplimiento de todo lo anterior entre otras cosas. Junto a todo lo anterior, son tremendamente importantes los enfoques feministas, pues analizarán los sesgos sexistas y androcéntricos en el propio contenido de las ciencias y la práctica de la investigación científica.

Y ante este nuevo proceso constituyente, donde se espera sentemos las bases para una sociedad en la que podamos convivir sin exclusiones, debiéramos también asegurarnos que la nueva carta magna no contenga estos mismos sesgos que antes se han planteado como “neutrales” pero que se han evidenciado que entendían como neutral lo que comprende al “hombre”, y por eso es relevante no solo la presencia de mujeres en la Convención Constitucional sino la paridad efectiva.

Ya no solamente debemos poner esfuerzos en reformar las instituciones y alfabetizar la ciencia y tecnología a las niñas y mujeres, sino que debemos reformar la propia ciencia y nuestra sociedad.