Columna|Congreso ideológico: conversaciones políticas urgentes

Por Romina Pérez Acevedo, Consejera Política Nacional de RD.

El desafío de fortalecer Revolución Democrática como un proyecto político coherente con el contexto actual, nos encuentra hoy, en un proceso de Congreso ideológico que ha movilizado a la militancia de todo el país, que levanta propuestas para dotar de sentido, contenido y complejidad, a los principios de nuestra apuesta política.

Esta discusión y reflexión se encuentra situada en un proceso histórico político y social: el estallido y la pandemia como procesos superpuestos que impugnan lo establecido y evidencian diversas precarizaciones y fragmentaciones, materiales y simbólicas. Los conflictos sociales no son tan sólo cuestiones locales o parciales de algunas colectividades, sino que problemas transversales y estructurales, que requieren transformación. De este modo, nos movilizamos a reflexionar y crear vías de profundización democrática para construir un horizonte político colectivo, que traduzca los imaginarios sociales del Chile que queremos.

Con grandes sectores de la población que se distancian y desconfían de las instituciones, y de la disonancia de discurso y práctica, las preguntas no sólo se plantean en el ámbito del fortalecimiento del relato, sino que también implican cuestionamientos y desafíos respecto a una práctica política diferenciadora, que ponga en el centro los procesos necesarios para la construcción de nuevos pactos sociales. ¿Cómo nos movilizamos y transformamos como proyecto político en este proceso transformador?

Los espacios de conducción política, que incluyen a Revolución democrática,  se encuentran altamente elitizados, con bajos niveles de conexión con las diversas realidades sociales y demandas populares. Tenemos una oportunidad histórica para llevar adelante transformaciones sociales profundas, lo que nos acelera la urgencia de pensar hoy la construcción del socialismo democrático para las próximas décadas. La primera piedra de ese proceso es la etapa constituyente, no como un fin en sí mismo, sino como la oportunidad de disputa de las ideas mayoritarias de la población en torno a rol del Estado, el modelo económico y la construcción democrática del siguiente ciclo, cuya posibilidad de materialización transformadora se jugará en los siguientes dos periodos de gobierno. Existe una disposición de la sociedad para re-pensarse completa. Esa fisura nos abre la posibilidad de abrir conversaciones que reconozcan la interdependencia y retroalimentación con diversos sujetos políticos. Sin esas conversaciones, los ejercicios de representatividad están vaciados de contenido y se constituyen sólo en declaraciones de intenciones decididas y pensadas por una elite que perpetúan el distanciamiento con grandes sectores de la sociedad.

Por lo tanto, es urgente dotar de sentido al desafío político de volcarnos al mundo social, a la articulación con diversos movimientos sociales y formas de organización, con lógicas de redistribución de poder Reconstruir vínculos de confianza  política, es una pregunta y una práctica por la incidencia, que quiebra las prácticas consultivas y clientelares tan insertas y arraigadas en la práctica política de las últimas décadas y que ha invisibilizado a los sujetos políticos, dando un rol pasivo en la construcción de la democracia. La crisis de representación se vincula con alejarnos de la cotidianeidad, de los conflictos, carencias, precariedades. Para la construcción de nuestro proyecto político transformador, Revolución democrática requiere del reconocimiento de la interseccionalidad y diversidad de sujetos políticos, con capacidad de incidencia en la toma de decisiones, fortaleciendo un vínculo dialogante y deliberador con mundos sociales para la construcción de un proyecto político feminista, transformador y de mayorías.

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