Distribuir la libertad

Las catástrofes naturales y humanas, como los terremotos ocurridos desde el sur al norte de Chile y hoy con fuerza el violento incendio de Valparaíso, nos develan la realidad de miles de personas que viven en la pobreza y la segregación. Éstos son ciudadanos que han sido empujados a las orillas de las ciudades, lejos de los servicios públicos, cerca de zonas de peligro de incendio en tiempos de sequía y peligro de aludes en tiempos de lluvia.
Así se pone de manifiesto en pleno reportaje televisivo; ante la desubicada nota de una periodista que se preguntaba sobre la razón de la construcción de casas en lugares tan peligrosos. La respuesta de la mujer damnificada y cuestionada fue desgarradora: “los pobres no eligen donde vivir”. Y es que los pobres no sólo no pueden elegir donde vivir, sino tampoco donde estudiar, donde atenderse cuando tienen problemas de salud, donde trabajar, en qué trabajar, donde divertirse y un largo etcétera.
El valor central de la derecha chilena, desde la imposición del nuevo modelo en la Dictadura Militar; ha sido la libertad. Una libertad entendida como la abstención estatal de entrometerse sobre los asuntos privados, en especial sobre la economía. La doctrina que se asentó no sólo en la Constitución, sino en la cultura, fue una reacción contra el modelo supuestamente totalitario que había impuesto la Unidad Popular. Esta doctrina fue completada con una idea de Estado, regida por el principio de subsidiariedad (llevado al extremo e incluso al absurdo bajo criterios mínimos de justicia) nos dice que las dimensiones del aparato público debe ser mínimas y éste sólo deberá actuar respecto a aquellas necesidades públicas que los privados o no quieren o no pueden satisfacer. En consecuencia, todo bien y toda necesidad, debe satisfacerse en un mercado pequeño, desregulado, altamente concentrado y donde una elite tiene la libertad absoluta para abusar y determinar el destino de las mayorías.
El discurso ideológico generalmente asentado nos interpela, diciéndonos que los ciudadanos comunes y corrientes tenemos la posibilidad de elegir. Pero, en la práctica, esta ideología ha logrado que millones de ciudadanos hayan quedado a su suerte, tratando duramente de proveerse los bienes básicos para una existencia digna. Desde un sistema de salud predatorio, pasando por una educación sin garantías, pero tremendamente cara, hasta un lugar donde poner su hogar, como ocurrió en Valparaíso y ocurre igualmente en todo Chile. Pretendían hacernos creer que el sistema le daría poder al hombre común, pero sólo aumentaron el poder del privilegiado, igualando en la desprotección, en lugar de igualar en la posibilidades de vencer las desigualdades de cuna.
En el Primer Congreso Nacional de Revolución Democrática el año 2012, dijimos “Revolución Democrática busca cumplir un rol esencial en la disputa cultural, revolucionando el lenguaje (…)” en esta disputa cultural, debemos darle un nuevo significado a la palabra “libertad”. Es así que tenemos como tarea construir otra idea de libertad: compleja, completa e inclusiva. Compleja, para que abarque todas las dimensiones del desarrollo humano. Completa, para que no sea entendida de manera parcial o parcializada con fines privativos. E inclusiva, para que pueda ser gozada por todos.
La izquierda debe entender que la batalla por cambiar Chile se juega también en el sentido común de la gente y cómo podemos darle un nuevo sentido a los conceptos centrales de la sociedad. Que no sólo basta con ganar elecciones, ni cambiar la correlación de fuerzas dentro del Parlamento, sino que también en la construcción de un discurso ideológico que cambie el sentido común mayoritario de la sociedad chilena. Es necesario que la gente entienda que la libertad no se juega en la posibilidad de elegir el colegio subvencionado de $5.000, $30.000 o $60.000, sino que en acceder a una educación de calidad, pero que para eso hay que hacer ajustes mayores y algunos sacrificios; abrazar el principio de la solidaridad social y así distribuir el número de posibilidades futuras de cada miembro de la comunidad que habita nuestro país, en otras palabras distribuir la libertad. Construir una nueva libertad es una tarea ideológica para toda la izquierda democrática.
Leonardo Rissetti
Cristián Miquel