Editorial: La Revolución Democrática para el buen vivir de nuestros pueblos

Por Catalina Pérez, Presidenta de Revolución Democrática.

Hace tres años estuvimos aquí decidiendo dar un salto al vacío para disputar las elecciones municipales. Desde entonces, hemos decidido dar varios otros vertiginosos saltos al vacío y hoy les quiero pedir que demos uno más.

Y es que durante este tiempo hemos logrado mucho con muy poco. Cada una de nosotras y nosotros se ha entregado a esta construcción colectiva y a ratos casi heróica. Nos hemos multiplicado por tres para sostener estos sentidos anhelos transformadores, y lo hicimos, a pesar de los obstáculos y el cansancio, porque creemos profundamente en lo que estamos levantando. Porque estuvimos disponibles para salir bajo la lluvia y bajo el sol y su calor abrasador, para compartir y sumar voluntades al sueño de que Chile puede ser distinto; para devolver la esperanza, el deseo, el ímpetu de quien clama un cambio.

Creo que esa misma pasión a ratos nos ha puesto a prueba, acarreando duros costos que han evidenciado los límites de nuestra organización y de la forma en que nos relacionamos. Hemos cometido errores compañeros y compañeras, cuando no cuidamos el partido, cuando concentramos las decisiones, cuando dejamos que lo urgente supere siempre lo importante, cuando anteponemos el interés individualidad a la definición colectiva.

No creo que se trate de prometernos no cometer mas de estos u otros errores, porque nuestra propia organización es contracultura y por tanto se mantiene en una tensión constante. Nuestra propia organización es la Revolución, porque somos hijos de un sistema que nos impulsa constantemente a someternos a sus valores y elegimos constantemente un camino distinto al que el modelo nos propone, elegimos desde el feminismo el camino de la deconstrucción, elegimos vivir constantemente la contracultura de la confianza, del compañerismo, de lo colectivo, del sí se puede, abrir camino y recetas nuevas y en ese camino inexplorado, vamos a equivocar, vamos a equivocar.

La pregunta no es por tanto cómo nos dejamos de equivocar, la pregunta es cómo vamos a salir de esos errores. Y es ahí, donde no podemos fallar. Donde no podemos negar el debate sincero y la crítica fraterna. Confiemos y amemos lo que soñamos, pero también a quienes sueñan junto a nosotros; y esto no lo digo como una apelación a que nos caigamos mejor, sino a entender que debemos hacer de nuestra propia organización el fiel reflejo del Chile que soñamos, del modelo alternativo, de la contracultura. Porque, compañeras y compañeros, mientras vivamos en un modelo que funda sus raíces en el individualismo, la extrema competencia y el “todo vale”, no habrá acto más revolucionario que reivindicar el valor de lo colectivo, de los afectos, los cuidados y la esperanza. 

Nuestros adversarios lo tienen claro: la base de nuestra fuerza está también en el grado de unidad que seamos capaces de sostener. Y en momentos donde todos nos quieren ver fracasar, tenemos que ser capaces de salir con más fuerza a demostrar que es posible hacer las cosas de otra forma. Nuestro objetivo es el buen vivir de nuestros pueblos, para la gente común, por eso hacemos política, por eso construimos la Revolución Democrática.

Y nuestra RD debe estar a la altura del desafío: profesionalizar nuestra organización, terminar con el voluntarismo, profundizar nuestros espacios de debate, democratizar el acceso al poder.

El partido debe estar al servicio de su militancia y sus grandes luchas, y no la militancia al servicio de la burocracia del partido. Es momento de comprometernos: RD debe saber estar en cada uno de los anhelos electorales que nuestra militancia construya en cada rincón de Chile, en cada una de las disputas federativas que nuestro Frente Estudiantil aborde, en cada una de las disputas sindicales que nuestro Frente de Trabajadores levante, impulsando cada una de las luchas ambientales, o cada uno de los proyectos territoriales que nuestras directivas regionales lideren. Porque el partido es eso, una herramienta revolucionaria al servicio de la ciudadanía, al servicio del movimiento social. Somos lucha, somos banderas, somos calle. Que no se nos olvide nunca.

Y ojo que lo somos no solo porque nacimos ahí, sino porque sentimos en lo más profundo cada uno de los golpes del modelo, porque lloramos a Catrillanca, a Catrileo, a Alejandro Castro y Macarena Valdés, a Joane Florvil, a Daniel Zamudio. Porque también nos están matando en Tocopilla, nos están matando en Mejillones, en Quintero. Están contaminando los nuestros océanos y quemando nuestros bosques, condenando a nuestros nietos a la extinción, y a nuestros hijos a crecer en un planeta mucho más árido y hostil que el que conocieron sus padres.

Asó como nos duele, debemos estar, ofreciendo alternativa a nuestros territorios, construyendo y reconstruyendo tejido social, organización política, municipalismo, gobernanza. Ahí debemos estar, aprendiendo de inserción de masas, fortaleciendo la base social de nuestras ideas.

Porque este es el mundo que pisamos, y no nos une sino las inmensas ansias de transformarlo todo. Mientras el pueblo sufra nos llamará la responsabilidad de transformar cada miedo en esperanza. Esa es la gran batalla, y es esa esperanza la que como motor debe empujarnos a dar un paso al frente, a cada uno de nosotros y nosotras, desde cada rincón de Chile y desde cada espacio de RD. Porque aquí no hay gente extraordinaria; es la gente común la llamada a empujar las grandes transformaciones, la que puede y debe correr la vara de lo posible para permitirnos construir un mañana más próspero, libre y justo.

Mientras esta sea la urgencia, RD tendrá que saber estar ahí, disputando los sentidos comunes, las mayorías, los gobiernos y el futuro.

Revolución Democrática va a dar la disputa electoral en cada una de las comunas de Chile, porque ahí donde exista corrupción, donde exista narcotráfico, donde exista desigualdad, Revolución Democrática será la alternativa. Vamos a estar presentes en todas las comunas de Chile demostrando que nuestro proyecto frenteamplista da seguridad y derechos a nuestro pueblo. Vamos a multiplicar la experiencia de Valparaíso trabajando para conquistar más de una decena de municipios y para estar presente, con concejalías, en cada una de las comunas de nuestro país. Vamos a salir a disputar con firmeza gobernaciones regionales para hablar en serio de descentralización. Ahí va a estar RD y el FA, ahí vamos a estar, construyendo mayorías.

Pero esto no lo haremos solas compañeras y compañeros, el peso de las historia nos ha enseñado que las alianzas son esenciales para alcanzar nuestros objetivos. Y será el Frente Amplio no solo nuestro domicilio, sino el espacio en el que multiplicaremos nuestras fuerzas y articularemos mayorías para Chile. El Frente Amplio debe avanzar, de una alianza electoral, a una alianza político social de masas, presente, activa y movilizada en cada uno de los territorios, en cada uno de sus comunales; donde el millón de mujeres del 8 de Marzo, los miles de trabajadores y trabajadoras que marcharán el 31 por un nuevo sistema de pensiones y los miles de estudiantes que en todo Chile salieron a las calles a sumarse a la lucha mundial contra el cambio climático, encuentren un lugar de colaboración y construcción. 

También cuando decimos que este desafío no lo enfrentamos solos y solas, no nos referimos únicamente a nuestra coalición. Lo decimos también respecto de quienes representan otros proyectos políticos pero han compartido banderas con nosotros. Hoy Chile espera muchísimo más de lo que, como oposición, hemos sabido dar. Tendremos que aprender a construir las alianzas tácticas para frenar las contrareformas del gobierno. Vamos a tener que saber, desde nuestras diferencias, trabajar para impedir la rebaja del impuesto a los más ricos, impedir la vuelta a la selección en el sistema educativo, aliarnos por un nuevo sistema de pensiones. Vamos a tener que saber estar a la altura.

Y por último, no hay que olvidar que ese ser oposición, desde el Frente Amplio, tiene hoy día un marco desgarrador. Lo tiene porque pensábamos que algo habíamos avanzado, que existían específicos, pequeños y acotados sentidos comunes ya conquistados, ya compartidos. Así como pensábamos que ya nadie cuestionaría la fuerza de gravedad, pensábamos que nadie cuestionaría la base democrática sobre la que se han construido nuestros estados, que nadie apostaría o reconocería apostar por la violencia, por el odio y el miedo a la diferencia. Hoy la ultraderecha apuesta a vestirse de cambio, de irreverencia y radicalidad, de lo nuevo. Apuesta por aprovecharse de las contradicciones, la angustia y la incertidumbre que el modelo neoliberal produce; apuestan por el extremismo populista, por la creación de sentido común a partir del avasallamiento y la supremacía sobre el otro.

¿A qué apostamos nosotros? Frente al miedo, apostamos a la esperanza, frente a la marginalidad apostamos a la mayoría, frente al testimonio, apostamos a las cortas, medianas y largas transformaciones. No somos ni seremos la izquierda que se acomoda en el 20%, tenemos vocación de gobierno y para eso nos estamos preparando, tenemos vocación de mayoría. No somos la izquierda que renuncia a la defensa del pueblo, de las y los trabajadores. Somos la izquierda que sale a disputar las falsas soluciones que la derecha impone, y que solo encubren la desigualdad, la corrupción y la pobreza. Somos la izquierda que se atreve a hablar de seguridad, de empleo, de desarrollo y de libertad, desde el feminismo, el ecosocialimo, los Derechos Humanos y la defensa irrestricta de la democracia. Hoy damos otro salto al vacío, seamos la izquierda que triunfa, no para sí, sino para su pueblo.

*Discurso expuesto en el cambio de mando