Mujeres en Dictadura: víctimas y defensoras de los Derechos Humanos

Miles de mujeres fueron víctimas del Terrorismo de Estado, como presas políticas y exiliadas; y cientos de ellas como desaparecidas. Por otro lado,  pese a la persecución y el ocultamiento de la violación de los DDHH; las agrupaciones de mujeres y familiares de víctimas dieron una lucha incesante en busca de la verdad. 
Marta Ugarte (42 años) apareció muerta en septiembre de 1976 en una playa desconocida de la Quinta Región, cerca de Los Molles. Los diarios de la época hablaron de un crimen pasional. La verdadera historia de esta profesora, miembro del Comité Central del Partido Comunista, estaba lejos de esa crónica. Apareció en un saco con un alambre atado al cuello. Su cuerpo evidenciaba numerosos signos de torturas. Marta Ugarte había estado detenida en Villa Grimaldi, luego había sido arrojada al mar por agentes del Estado en los llamados “vuelos de la muerte”, pero algo salió mal: su cuerpo se desprendió de los rieles y el mar lo devolvió como la primera evidencia sobre la desaparición de miles de personas en Chile.
Son miles de mujeres las que figuran como víctimas del Terrorismo de Estado, como presas políticas y exiliadas; y cientos de ellas como desaparecidas.
La violencia contra las mujeres en Dictadura fue parte de una práctica sistemática de los organismos represivos como la DINA y la CNI. Hubo lugares y tipos de torturas específicas contra las mujeres. La violencia sexual fue una de ellas y probablemente la más invisibilizada. Los testimonios que han registrado las Comisiones Valech I y II, así como  investigaciones de organizaciones especializadas, han dado cuenta de la violencia sexual como tortura. Recién en 2010, Corporación Humanas interpuso la primera querella por violencia sexual como método de tortura.
Centros de detención como Villa Grimaldi, Londres 38, la Venda Sexy, el Estadio Nacional, son apenas algunos de los lugares donde los testimonios de sobrevivientes dan cuenta de violaciones sexuales permanentes, embarazos interrumpidos de manera forzosa, nacimientos de niños producto de violaciones, entre otros vejámenes contra el cuerpo de las mujeres.
Pese a la persecución y ocultamiento de la violación a los derechos humanos, las agrupaciones de mujeres y familiares de víctimas dieron una lucha incesante en busca de la verdad. A nivel nacional, la Agrupación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos y la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos marcaron un sello en la defensa de los derechos humanos. Ambas, conformadas mayoritariamente por mujeres y lideradas por ellas. En la mayoría de las regiones existieron agrupaciones que, hasta el día de hoy, intentan dar un vuelco al olvido y lograr que la justicia avance. En otro plano de la resistencia, las ollas comunes en poblaciones y la creación de arpilleras al alero del Comité Pro Paz y luego, de la Vicaría de la Solidaridad, son parte de las expresiones que las mujeres impulsaron como formas de combatir el miedo y contribuir a la organización del colectivo.
Mujeres por la vida fue otra articulación ciudadana contra la Dictadura que nace en 1983, ocupando el espacio público con intervenciones urbanas para denunciar lo que está pasando en Chile. Desde las artes y la literatura, destacaron mujeres que pese a la censura generaron instancias creativas para decir “No más”. Hubo periodistas y abogadas excepcionales que hicieron lo suyo en sus respectivos roles de denuncia y defensa de la justicia tanto en Chile como desde el exilio.
Mucho se ha escrito este año sobre los 40 años del Golpe. La sociedad chilena o una gran parte de ella, está reflexionando sobre los hechos de violencia que aún permanecen sin verdad y sin justicia. Sobre estos hechos, el Estado chileno no sólo está en deuda con un sinnúmero de víctimas sino que además, en el caso de las mujeres, hay violencias y vulneraciones de derechos que aún persisten y no parecen tener una respuesta eficiente según los estándares internacionales de derechos humanos vigentes. Otra gran deuda es el reconocimiento público de las mujeres como protagonistas silenciosas y tenaces de la denuncia y la búsqueda de la verdad. Esa dignidad inmensa, que ha dejado en evidencia la brutalidad y sinrazón del victimario; esa demanda temeraria de justicia, son parte del conjunto de imágenes que, hoy a 40 años de distancia, la sociedad chilena comienza, al fin, a nombrar.
Por Marcela Sandoval Osorio,
Frente de Género de Revolución Democrática.