Nuevo Contrato Social: yo te doy trabajo, tú te dejas envenenar

Fernando Viveros, miembro activo del territorio Las Condes-Vitacura, te invita a leer esta columna

Fantástico cómo de pronto se caen los discursos “oficiales” y se mira por las fisuras, por las grietas y hasta toparse con el lado oscuro, oculto: con el discurso de lo que no debe decirse. No en voz alta, al menos. Agro… ¿súper? Bueno, tal vez sí. Súper: ha hablado con la superioridad de unas palabras ya no tan “oficiales”. Ha usado otras.
Los empresarios en Chile justifican todo lo que hacen señalando un bien mayor. Pueden hacer cualquier cosa pero “dan trabajo y empleo”. Esta es la fórmula universal de legitimidad social: cualquiera que llegara a hablar en contra del empleo sería un loco, un desubicado, un insensible; parecería, en todo caso, asegurarse la furia popular.
Porque el pueblo, los pueblos, se nos dice, se repite, se nos hace creer, se machaca día tras día desde la televisión hasta las aulas universitarias –pasando por las agencias de publicidad y de relaciones públicas-, el pueblo chileno lo primero que quiere, ahora y siempre, es empleo. Y los empresarios son estos benditos que extienden sus inversiones para responder: sí.
La Gerencia de Agrosúper nos ha abierto los ojos. Gracias. Cierran su planta en Freirina. ¿Por qué? No porque le importe la gente; no porque la amedrenten las manifestaciones ciudadanas, no porque tengan al 70% de la opinión pública del país en contra. No. Cierran la planta por razones simples y comerciales: han calculado que así, obedeciendo las normas legales de cuidado al medioambiente y de respeto a las comunidades vecinas, así no hay negocio. Y lo más importante: lo han dicho públicamente. Ya no es necesario sospecharlo. No es necesario imputárselo: los empresarios se lo dicen abiertamente a l@s chilen@s.
De modo que, después de que este gobierno se atreve a decirles: cumplan con la ley ambiental, ellos están proponiendo a Chile este nuevo contrato social: “nosotros les damos pega; ustedes se dejan envenenar”.
Trabajo por contaminación: ese es el trato. La amenaza es: donde no nos dejen contaminar –cosa necesaria para obtener el nivel de utilidades que nosotros consideramos es hacer negocio en Chile-, nos vamos. Estimado lector: ¿considera usted válido que le ofrezcan elegir entre trabajo o contaminación? ¿De qué le sirve tener un trabajo si con ello termina pudriéndose la vida?
Porque nada de plantas industriales con tecnologías limpias, con filtros, con inversión en procesos de descontaminación. ¡No ven que eso hace muy caro producir, se rebajan nuestras utilidades, y se acaba el negocio! Comunidades de Chile: o nos dejan poner plantas industriales como a nosotros nos gustan, o no las van a tener.
¿Nos hablan de envenenamiento del aire, del suelo, de la napa subterránea, de los ríos y del mar? Es parte del precio. El precio que ustedes pagan; no nosotros, que, de pasada, no vivimos donde producimos. Y, al final, ¿de qué se quejan? ¿No se supone que estamos todos de acuerdo en la consigna: “dar empleo”?
¿Hasta cuándo va a ser de “mal gusto” o “políticamente incorrecto” hablar en contra del empleo -abusivo y venenoso-que ofrecen bandas de fascinerosos con plata como los de Agro Súper? No señor: l@s chilen@s no formamos un pueblo en estado tal de necesidad atroz y/o somos tan estúpidos, que estamos dispuestos a dejarnos envenenar, a vivir en pésimas condiciones reales, pero llenos de empleos que prometen plasmas y zapatillas de última generación.
 
Publicado en El Quinto Poder