Por una Revolución de la Educación Pública en Chile

Te invitamos a leer declaración de la comisión de educación del área de contenidos de RD en apoyo a la campaña #educacionpublicaahora

Hace ya algunos días Educación 2020 lanzó la campaña “Educación Pública Ahora”, con el objetivo de posicionar nuevamente en la agenda – ya lo habían hecho los movimientos estudiantiles del 2006 y 2011 – la urgente recuperación de la educación pública en todos sus niveles. Revolución Democrática adhirió a esta campaña, pues comparte los principios que están a la base de un mensaje como este.

En RD nos mueve la convicción de que no es posible mejorar la calidad y sobre todo la equidad de la educación en Chile sin una educación pública que ocupe un lugar central en el sistema educativo.

El diagnóstico es bastante evidente y duro: la educación pública se consolida como alternativa minoritaria (las mejores proyecciones indican que podría tomar 20 años su cuasi desaparición), está desprestigiada socialmente, se ancla a una institucionalidad absolutamente precaria, y, como si fuera poco, vive una situación de completa desventaja con el mundo privado (con el que “compite” todos los días). Todo esto, por cierto,  ha sido consecuencia de acciones institucionales deliberadas, concretas y simbólicas – iniciadas en los 80, pero mantenidas y profundizadas en las décadas siguientes- cuyo objeto ha sido debilitar la estructura y el funcionamiento de la educación pública; aunque muchos quieran hacernos creer – sin seria evidencia alguna- que tal deterioro es el resultado de su mala calidad.

Nuestro movimiento cree que, para avanzar en la dirección opuesta, es necesario responder primero dos preguntas fundamentales: 1) ¿cuál es la especificidad y el sentido de la educación pública? y 2) dado el contexto, ¿qué estrategias seguir para recuperar y revalorizar la educación pública en Chile?. Trataremos de avanzar en ambas respuestas.

Respecto a lo primero, RD entiende a la educación pública como aquella que tiene por objetivo garantizar el derecho a una educación de calidad para todos los chilenos. Este principio, que por definición no pueden cumplir los establecimientos que proveen educación privada, es la primera razón que justifica su fortalecimiento.  La educación pública es garantía de acceso, inclusión y sustentabilidad de nuestro sistema educativo. De ahí que el Estado deba priorizarla, provisionando un sistema gratuito para TODA la población y superando la tan limitada visión (muy instalada en nuestro país) de que su rol es solamente garantizar la existencia de distintas alternativas para que los padres ejerzan su derecho de elección.

Pero no es solo su carácter abierto e inclusivo lo que ayuda a entender por qué es tan importante fortalecer la educación pública.  También lo es la posibilidad de que a través de ella se realice un proyecto educativo orientado por los principios transversales que son las bases de la sociedad que queremos construir.

La desequilibrada atención y cuidado al principio de la libertad de enseñanza nos ha llevado a creer que los proyectos educativos deben solo responder a intereses y proyectos de vida particulares. Para quienes creemos en una escuela integrada socialmente, con principios orientadores comunes para todos, con un modelo de participación de la comunidad potente, con un proyecto educativo que forma en el respeto a la diversidad, la única vía es la educación pública. No es casualidad que ningún país del mundo (de esos con los que tanto nos gusta compararnos) haya dejado de apostar por una educación pública mayoritaria y con un trato preferencial del Estado.

Por cierto, la educación pública en Chile está lejos de representar este ideal. La manera de organizar nuestro sistema no lo permite y la conducción del Estado y los Municipios no ha logrado proponer una alternativa frente al sistema privado, en el cual los padres eligen más por “status” que por calidad, tal como la evidencia lo ha mostrado.

En este escenario, nuestra segunda pregunta guía asoma con claridad. Si nuestra reflexión política nos lleva a concluir que fortalecer la educación pública no es una opción, sino más bien un deber de nuestra sociedad, ¿cómo entonces podemos reposicionarla y revalorizarla? ¿cuáles son los pasos clave que debemos dar?. Algunas pistas que surgen de la reflexión y convicción de nuestro movimiento:

El Estado debe entregar un trato preferencial a la educación pública, lo que debe expresarse en los distintos niveles de las políticas educacionales (entre los cuales el financiamiento es uno de ellos).

Es urgente reformar la institucionalidad de la educación pública. Más que su “dependencia” (foco en el que se ha concentrado la discusión), lo que importa sobre todo responder es cómo se fortalecen las capacidades de quienes son o serán responsables de los establecimientos.

La carrera docente debe ser una piedra angular de este proceso, donde una de las prioridades debe ser incentivar que los buenos profesores trabajen en escuelas y liceos públicos

No es posible avanzar en la recuperación de la educación pública sin regular y limitar la creación y funcionamiento establecimientos privados, sobre todo en contextos donde la demanda no lo justifica.

Todo lo anterior supone un esfuerzo por reposicionar la imagen de la educación pública en la sociedad chilena (la experiencia de Elige Educar como esfuerzo similar en el caso de la profesión docente, es interesante y debiera utilizarse como antecedente).

Para finalizar, dos condiciones son claves en cualquier intento por transformar a la educación pública en el eje central del sistema educativo chileno. La primera consiste en modificar estructuralmente aquellas políticas que están tras la marcada segregación de nuestro sistema escolar, y que provocan que en la educación pública se concentren los estudiantes más desaventajados socialmente. Eliminar el financiamiento compartido, prohibir la selección en todos los niveles y establecimientos, y avanzar en la gratuidad de la educación regular son todas reformas indispensables. La segunda condición es política: la recuperación de la educación pública solo es posible si el Estado chileno y sobre todo la ciudadanía en su conjunto asumen esta tarea. El verdadero salto lo daremos cuando la educación pública sea entendida como la educación de todos los chilenos (y para todo los chilenos), y ya no como la opción minoritaria y concentrada en atender a los más pobres.

Nuestro país tiene la obligación de repensar las bases de su sistema educativo. RD espera contribuir a esa reflexión y sobre todo a la acción política que Chile requiere para que la educación pública ocupe el lugar que debe tener en una sociedad que sueña con un futuro como el que nuestro movimiento propone.

Equipo Educación, Revolución Democrática