¿Qué hay detrás de Juan Pablo Jiménez?

La muerte de Juan Pablo Jiménez ha estremecido el mundo laboral de Chile. Nos ha estremecido a todos. Pero ha estremecido especialmente al mundo sindical y a aquellos vinculados a los problemas que hoy vive el mundo del trabajo. La diversas reacciones han atraído la atención de la gente hacia el esclarecimiento de la muerte y pareciera haber consenso en que el contexto en que todo sucedió es bastante extraño. Pero ¿qué más hay detrás de la muerte de Juan Pablo Jiménez?
Por Iván Mezzano Dirigente sindical.
En mi opinión, las circunstancias obligan a hacer una reflexión más profunda que el mero parloteo noticioso. De hecho, en nuestro día a día es recurrente enterarnos de hechos de violencia que tienen como consecuencia la pérdida de vidas humanas. ¿Acaso no mueren personas en las poblaciones producto del narcotráfico o asesinadas a sangre fría por simple pasión? ¿Qué es lo que hace a esta terrible pérdida un tema nacional? La respuesta es relativamente simple y conocida: Juan Pablo Jiménez representa una realidad escondida, semejante en profundidad a los problemas que aquejan a la educación o la salud chilena, pero distinta en contenido, aunque íntimamente entrelazada. Juan Pablo simboliza —y he ahí la importancia que se le ha dado a su muerte? las injusticias que viven día a día los trabajadores de Chile, los constantes abusos de los que son parte en su vida laboral y sindical. Esto no se trata de los matonajes en medio de las negociaciones colectivas (que sí ocurren). Es mucho más grande y oculto, más profundo y severo: es la poca dignidad con que hoy trabaja la gran mayoría de Chile, el poco valor de su trabajo y el descontento interior atrapado en el silencio de un salario que impide expresar y enfrentar públicamente las injusticias, so pena de perder el puesto o el sustento para la familia. Es, en fin, la desvalorización del trabajo y la incapacidad de los trabajadores de cambiar las actuales condiciones.
¿Tenemos los trabajadores, los más débiles en la relación laboral, responsabilidad en esto? En mi opinión sí. El movimiento estudiantil logró introducir los temas de la educación y del lucro en nuestra sociedad de tal manera que la sociedad quedó sin posibilidades de abstraerse de aquello. Hoy los trabajadores también tienen la capacidad de potenciarse y unirse para cumplir el deber de generar los equilibrios necesarios de equidad en nuestra sociedad. Sin embargo, al mirar nuestra realidad uno se desilusiona.
Como dirigente sindical he participado de innumerables instancias junto a otros dirigentes y organizaciones de trabajadores tratando de unificar áreas productivas o sectores productivos o afines. Una de las cosas que se viven frecuentemente en cada una de esas instancias son las catarsis de los dirigentes y trabajadores expresando sus dolores, los dolores de los que trabajan: el subempleo, la inexistente dignidad salarial, el sistema previsional, la pérdida de derechos, el multirut, la simulación, el subcontrato, las dificultades de la sindicalización, etc…., todo lo que en definitiva brota y es la materialización de la mirada mezquina de unos pocos y, por supuesto, del miedo de los y las trabajadoras. Cada uno tiene un dolor y la necesidad de mitigarlo. Estos dolores son reales, transversales y determinantes; lo triste es que prevalecen, se aprende a vivir con ellos  y quedan localizados, pues no se comunican o no pueden comunicarse a un cuerpo y a un cerebro que dé cuenta de ellos, que reaccione y que los conduzca para eliminarlos o calmarlos.
En el mundo sindical de hoy, hay mujeres y hombres buenos con mirada colectiva que se preocupan por esta labor y por los trabajadores que representan. En ellos hay soledad, impotencia y rabia que con el pasar de los años se ha traducido en un arduo trabajo al momento de enfrentar y asumir solos los desafíos que todos nosotros deberíamos enfrentar juntos. No me cabe duda que es el caso de Juan Pablo, que enfrentó una “negociación colectiva” acogiéndose al artículo 369 del Código del Trabajo utilizada como una salida alternativa y que sólo da cuenta de la falta de consideración, de diálogo, de entendimiento y el debilitamiento de la negociación colectiva en Chile. Hoy, se soporta de forma desarticulada el peso de todo un sistema gravemente desequilibrado e injusto en el mundo del trabajo.
Hay una deuda que como sociedad tenemos con el mundo del trabajo, que no se pagó y que al parecer día a día va cobrando más víctimas. La lamentable muerte del dirigente sindical Juan Pablo Jiménez nos hace mirar todo el dolor de los trabajadores, nos hace un llamado de atención para que exijamos que el mundo del trabajo, el de los dirigentes sindicales y de los trabajadores, se ilumine y salga del oscurantismo en el cual se ha mantenido por décadas. Pues es un mundo que necesita de lealtad, confianza, transparencia y de un sentido de cuerpo. Pero, por sobre todo, necesita de un liderazgo con capacidad real y sentido social, que congregue y que no esté cooptada por intereses particulares para que así, de una vez por todas, sean los trabajadores los que se fortalezcan y sanen sus dolores, para que llegue más temprano que tarde el momento de cobrar esa deuda.
Publicado en: www.elmostrador.cl