Rebasar el actual sistema, construir movimiento social

Te invitamos a leer la columna de Andrés Dibán, miembro activo del territorio San Miguel, PAC, Lo Espejo

A la clase política tradicional dominante, al duopolio y al empresariado nacional, les conviene que no votemos y ejerzamos nuestro derecho y deber cívico. Les ayuda incluso que no participemos de las instancias de elección democrática, que aunque nos duela por ser parte de la formalidad y la institucionalidad, es una de las primeras (o últimas, dependiendo de cómo se le vea) armas de lucha ciudadana con la que combatimos las injusticias propias de lo mismo que tanto estamos denunciando. Todo esto no podemos efectivamente cristalizarlo si no estamos unidos bajo un eje común de lucha (columna vertebral) que logre instalar nuestras líneas programáticas e ideas de revolución, ya no como sujetos desarticulados y sectarios, sino como un corpus que bregue por unificar criterios bajo los marcos que creemos necesarios para nuestro espacio local y realidad nacional. De lo contrario seguiremos siendo muchos átomos que no logran aunar demandas y denominadores comunes (en el núcleo) para derribar a ese pequeño grupo de células que han limado sus asperezas a lo largo de la historia y se mantienen alineados, estoicos, bajo un dogma neoliberal que los funda, con el poder de legislar, definir y decidir por todos nosotros… qué situación más cómoda y reafirmante del status quo que instala a estos señores y señoras año a año y de forma cada vez más perpetua en los espacios de representación ciudadana.
Hoy, “no prestar el voto” (como muchos plantean que es una opción válida) es desinteresarse de ocupar hábilmente un espacio dentro de los tantos que hay, para ir cimentando el camino a la tan ansiada revolución que planteamos; es definitivamente, cerrar una de las tantas ventanas o puertas de entrada con la que vamos flanqueando al sistema que tanto criticamos y permitir que en justa medida y con razón el flanqueo sea de esa misma “máquina” hacia nosotros, no generándole ningún daño (aunque sea menor), encerrándonos en nosotros mismos y provocando nuevamente que los que ostentan el poder sigan validándolo elección tras elección, porque no hemos sido capaces de mirar más allá, proyectar y construir desde nuestras similitudes los cambios que lento, pero seguro (y ocupando todas las herramientas que nos brinda el tan mentado sistema), podemos obtener si trabajamos bajo marcos comunes de ideas y programas que unifiquen nuestros ideales, dentro del sistema, donde más les duele que les combatamos y disputemos el espacio, porque fuera de él, estamos atacando la muralla de Troya sin poder ingresar a ella y de esa manera el gran caballo de madera nunca logrará traspasar esa edificación histórica que se derrumbó  una vez que ese inmenso coloso la sorprendió ya estando dentro de ella, ¿o me equivoco?… creo que no.
No vamos a hacer la revolución armada de un día para otro, menos la reaccionaria (con la que muchos podrían pensar que mataríamos, quizás, de un  par de tiros a los grandes empresarios y las cúpulas que controlan nuestra Patria), pero algo parecido podemos hacer si votando, vamos sacando (y con ello eliminando uno a uno) de los espacios de poder (renovando el lugar de representación pública de los intereses ciudadanos), a esos que no queremos que estén direccionando el presente y futuro cercano de nuestras comunas, regiones y en definitiva, Chile.
Es necesario y se torna pertinente por lo tanto, aunar criterios, valores y fondos ideológicos del progresismo histórico que caracterizó a la izquierda; no llevar a cabo este trabajo, es hacerle la pega a la derecha (a la ultra fascista o a la concertación, como nueva derecha), al poder empresarial, de élite y fáctico; por no aunar criterios, flaqueando o jugando dentro de la cancha,  se sigue enriqueciendo y empoderando a los poderosos, haciendo que la fragmentación sea la que termina apresándonos a los “débiles”. Seamos capaces de cristalizar nuestras demandas y no sigamos “bluffeando” desde el romanticismo revolucionario y pseudo libertario, cuando en la praxis seguimos no actuando de manera articulada y con ello le damos la venia a la institución tradicional que nos tiene cooptados.
Es tarea de los distintos actores sociales, los espacios de base y las dirigencias locales conducir un movimiento social que realmente logre instalar las demandas que la ciudadanía en su amplio sentido y forma, está exigiendo, cimentando y construyendo desde hace un par de años.  La elección presidencial enmarca un escenario propicio para posicionarnos de manera concreta y efectiva, potente y con peso para ir desarrollando desde la agenda pública, la revolución democrática que la gran mayoría de los chilenos y chilenas, por décadas, están y estamos buscando.